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Límpido en la obscuridad del siglo 

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Roger Garaudy se fue tranquilamente el 13 de junio de 2012 desde su casa de Chennevières-sur Marne. Creímos perderlo en 2001, cuando sufrió una doble hemorragia cerebral el mismo día en que se inauguró en Córdoba, España, la “Biblioteca Viva Al Andalus”, la moderna  mediateca de su Fundación Por el Diálogo de Culturas. Su familia lo repatrió a Francia en un estado crítico y en ese estado se enteró de los atentados que acababan de producirse en EUA el 11 de septiembre, lanzando su último libro ya listo : “El terrorismo occidental”.

Todas las obras de Roger Garaudy han sido teas inflamadas, consignas, condensación de verdades urgentes dichas en cada ocasión y banderas de adhesión a ideas muy bien encarnadas, revestidas de una silueta definitiva. Todas esas consignas han llegado a ser en poco tiempo imágenes mentales que estructuran la aprehensión común de la novedad del tiempo y constituyen la expresión simple y fuerte de la evidencia que se impone a los sofismas y a los discursos acartonados impuestos, a  los discursos miserables de lenguas embusteras y contaminantes. “El islam habita nuestro futuro”, “necesitamos a Dios”, “monoteísmo del  mercado », responsable de “un Hiroshima todos los dos días” y por cierto, “los mitos fundacionales de la política israelí”. A pocos pensadores les ha sido dada la facultad de ser aquel que esgrime el rayo profético y que alumbra de manera enceguecedora y continua una larga existencia.

Nacido en el seno de una modesta familia protestante marsellesa, Roger quiso ante todo, servir a Dios. Lo cuenta muy bien en sus memorias publicadas en 1989 (ediciones Robert Laffont) con el título “Mi vuelta al mundo como solitario”. Extraordinariamente bien dotado, apasionado por el arte y la filosofía, su Dios exigió de él el compromiso con la justicia y llegará a ser de hecho el ministro de cultura del comunismo internacional, descubriendo rápidamente que el marxismo y la revolución soviética no podían eludir la dimensión espiritual tradicional de Europa, el cristianismo. Levantó a Jesús como barricada contra el cinismo y a partir de ahí designó a sus detractores como falsos espíritus. Percibió antes que los otros « a contranoche », el oscurantismo de su tiempo y acusó a Jean Paul Sartre con ocasión de la publicación de un libro perverso contra Flaubert, la pequeñez del autor, en los momentos en que el idolatrado Sartre se embarcaba en un narcisismo viciado, en la pendiente pícara de la intelectualocracia que desvía los valores de lo que reclama el común de los mortales. Sartre ocupaba en ese momento todo el espacio de Saint Germain des Près y del mundo; en Francia cada admirador se creía obligado de reconocer en él la quintaesencia del espíritu francés. Brutalmente, sanamente, Garaudy mostró que no era otra cosa que una copia del ridículo pequeño burgués flaubertiano, un señor Homais bovarysante en la jerga profesoral post guerra. Garaudy hizo un ajuste de cuentas a todos los herederos de la prosa sartriana, por ejemplo a nuestro  lamentable BHL, que se cree capaz de arrasar gracias al prodigio de su verbo de cuello blanco inmaculado, con todos los países que provocan urticaria a Israel.

El filósofo que Garaudy admiraba era Gaston Bachelard, el que restauró de acuerdo a la tradición francesa, la lógica estética, el pleno derecho del pensamiento mediante la imagen, la fulgurancia del encuentro del corazón y del intelecto, la necesidad vital de libertad en la búsqueda de la belleza, la necesidad para la salud mental de la comunión estética, mucho más que las prestaciones  intelectuales. Con Garaudy, el divorcio europeo entre religión y filosofía, así como la supuesta oposición entre arte y razón se resuelven en una resonancia ilimitada. De un “realismo sin frontera”.  Y es el descubrimiento de esta armonía posible de esta conjunción natural, excluida por el estrechamiento del pensamiento oficial europeo, que lo llevó al islam y al extremo poder de síntesis de la lengua árabe para expresar la unidad sinfónica de los registros del conocimiento.

En Garaudy, toda su capacidad había que subordinarla al  talento, al coraje y al sentido absoluto del deber principal. Muy joven, la vida le dió la ocasión de vivir una especie de bautismo definitivo. Vivió un momento excepcional que llegó a ser el jeroglífico de su destino y que supo interpretar como tal. Preso por acto de resistencia, fue deportado a Argelia y se encontró en 1943 frente a un pelotón de fusilamiento por haber cantado en honor a un grupo de nuevos prisioneros llegados al campo de concentración. Eran tres soldados frente a él y sus compañeros, los cabecillas del motín. Los soldados recibieron la orden de disparar. Pero no lo hicieron. Eran musulmanes, de la cofradía de los ibaditas refugiados en Djelfa desde hacía mil años, quienes dijeron simplemente que el islam les prohibía disparar sobre hombres desarmados. Es así como argelinos salvaron a  algunos comunistas. Roger Garaudy cuenta que después tuvo la oportunidad de ver a uno de esos tres hombres puros que le habían salvado la vida. Como ellos, Roger Garaudy dedicó su vida a la salvación de desconocidos, de sus conciudadanos sobre todo, de franceses en peligro de muerte espiritual.

Es con la estatura de redentor que entrará en la leyenda, con su último acto de resistencia, cuando en 1983, publicó un libro que causará el fusilamiento de su esfigie, gloriosamente, como un mártir en Francia, en la Francia sojuzgada por el lobby israelí  : Los mitos fundacionales de la política israelí , publicado por la heroica edición Vieille Taupe en 1996. En dicho libro establece el  lazo entre la lectura literal de ciertas páginas exclusivamente tribales,  sanguinarias y bárbaras de la Biblia, en las cuales el estado de Israel basa sus mitos fundadores, con los embustes impuestos por los sionistas en lo relativo a las relaciones entre nazis y judíos. Significaba restaurar en la reflexión anticolonialista occidental, la plenitud del deber de verdad y la plenitud del espíritu frente al determinismo económico, en el cual se deslizaron los marxistas. Era muy importante porque Garaudy fue el primero que explicó que las historias de las cámaras de gases y otras idioteces humanas, que la exageración exorbitante del número de víctimas judías, eran probablemente un arma de la propaganda de guerra de los años 1940, que debía servir de base para una empresa de hipnosis colectiva destinada a aterrorizar a las generaciones venideras y hacerles tragar en el futuro toda suerte de mentiras monstruosas, en beneficio exclusivo de una ínfima minoría de europeos determinados a utilizar todo su poderío desde una base simbólica instalada en Jerusalén.

El gesto de Garaudy en el corazón de Occidente, fue sobrehumano, en el corazón del Occidente imperial y  criminal. Hay gestos creadores que cambian no sólo las correlaciones de fuerzas sino la naturaleza del campo de batalla y otorgan bruscamente ventaja a aquel que estaba en posición más débil. Por su acto heroico Garaudy laboró el terreno, el único terreno sólido donde se encuentran desde entonces combatientes solidarios cristianos y musulmanes, europeos y africanos; extremo rigor científico y buen sentido popular, patriotas de todos los países y humanistas realmente respetuosos de toda la familia humana.

Desde hacía mucho tiempo Garaudy sabía que incluso para un comunista era indispensable respetar algunas grandes voces del otro polo ideológico. Como diputados y adversarios políticos en la Asamblea Nacional, Garaudy y el abate Pierre comenzaron a trabajar juntos. Encontrarse al lado de revisionistas reconocidos, incluso imbuidos de estrechez mental por la acción de la extrema derecha no le molestaba. Su clarividencia le decía que su posición marginal era un epifenómeno pasajero, que su posición ecuménica, sincrética, llegaría pronto a ser aquella de la mayoría más allá de Francia. Efectivamente, el anti-sionismo luego del sacrificio de Garaudy ha llegado a ser, en el mejor sentido del término, el lugar común de la honestidad en cada país, en cada clase social, en cada horizonte religioso, comprendido el judaísmo, como lo proclaman los rabinos kamikazes de Neturei Karta, y en este bajo mundo, tantos descendientes de familias más o menos impregnadas de judaísmo.

« La resurrección es todos los días”, una fórmula mágica más de Garaudy. No hay religión si ésta no está construida sobre ese credo, no hay verdadero pensamiento que sobrepase el cinismo ordinario que no repose en esta certeza de vida. Roger Garaudy, el grano de sésamo que abre todas las puertas a los prisioneros de dogmas. El frontal, el generoso, había escogido afrontar el oprobio a la edad donde otros se deslizan complacientemente hacia la vejez, afrontar el insulto, los procesos judiciales, la vergüenza, la incomprensión y la difamación, porque sabía que su época tenía necesidad de él para jugar precisamente  ese papel, ese rol crístico. Con una prestancia única, caballeresca, impecable, enhiesto en su alta estatura, fiel  su perfil romano de hombre de derecho. Nunca expresó la menor queja ni recriminación ni cólera contra los judíos que se lanzaron contra él y trataron de llevar con ellos al resto de la jauría, ese mismo grupúsculo influyente que había logrado asustar a los editores de 1982 cuando sus tomas de posición en favor de los palestinos; el mismo grupúsculo que en 1990 había logrado hacer aprobar entre gallos y medianoche una ley anticonstitucional expresamente pensada para impedir proclamar la verdad urgent, para silenciarlo y con él a todos los que deseaban defender el honor de los vencidos de la Segunda Guerra Mundial, particularmente el historiador pionero, Robert Faurisson. Se trata de la ley Fabius /Gayssot que hoy la juventud de Francia desafía masivamente gracias al ejemplo de Roger Garaudy.

El grupúsculo sionista está armado, tiene agentes muy cerca de la presidencia del Estado francés, actúa todos los días y sus esbirros son conocidos por la policía; son los mismos que realizan los montajes para acusar a los musulmanes de todos los crímenes y que desde fines de 1995, antes de la publicaciónn del escandaloso libro de Roger Garaudy, habían azuzado al Estado en su contra, a los magistrados, a los universitarios y a algunos grupos ultraizquierdistas entre los estudiantes.

Garaudy era tan modesto  que se podría haber creído que nuestro hermano no estaba consciente del golpe mortal que había asestado a la entidad usurpadora que pretende tratar al mundo entero como el pseudo estado de Israel trata a los palestinos.

Levantamos hoy el triunfo de Garaudy, el triunfo del pensamiento reconciliado con la honestidad. Es alrededor de él que los revolucionarios de todos los horizontes pueden resistir juntos, declarar la abolición de los privilegios indebidos del antiguo régimen, que alcanzó su apogeo con Sarkozy, y  el fin de la usurpación que reclama oficialmente el judaísmo: usurpación financiera y política, usurpación del discurso, usurpación de la práctica científica, voluntad de aplastamiento militar del mundo si éste no se somete a Israel. Ningún pueblo puede aceptar someterse a Israel, ninguna persona escoge la esclavitud. Los que han sufrido en su propia carne son aquellos que lo saben mejor y más profundamente.

Roger Garaudy no cesó de ampliar su horizonte a lo largo de su vida, descubriendo después del protestantismo a Kierkegaard; después al comunismo de Maurice Thorez -impregnado de cristiandad- el ateísmo como ascesis; a los mejores pensadores anticomunistas y luego del pensamiento europeo más nítido, el Oriente y el islam, “la religión dominante entre los dominados”; más tarde “la civilización de los trópicos” y finalmente, la alta espiritualidad que une a Africa negra, la región más humillada y denigrada del planeta.

Que repose nuestro hermano en la gloria, junto a los profetas que han escogido servir a los humildes en todas partes y en toda época.

María Poumier, París, 15 de junio de 2012

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3 Comentarios

  1. Mario Céspedes

    Negacionistas.- Como toda expresión de un ferviente partidario incondicional, este artículo contiene una verdad de fondo dicha con gran exageración y con una visión unilateral.
    Es verdad que los grupos de presión sionistas han utilizado la matanza nazi de judíos, que existió indiscutiblemente, exagerando cualitativa y cuantitativamente para favorecer el peso político del gobierno de Israel y del capitalismo.
    Los nazis mataron también muchos homosexuales, gitanos y minusválidos de los cuales nadie habla porque no tienen grupos de presión. Esta extraña discriminación entre masacrados, el genocidio palestino iniciado en 1946 y que dura hasta hoy y el incondicional apoyo de USA delatan la acción de los grupos de presión sionistas.

  2. Mario Céspedes

    Negacionistas 2.- Pero Roger Garaudy, Robert Faurisson y María Pomier niegan un hecho histórico reciente : la existencia de las cámaras de gaz y de los campos de exterminio nazis lo que les ha valido condenaciones de la justicia y rechazo social.
    Esta posición es perjudicial porque tiende a ocultar los crímenes nazis a las nuevas generaciones lo que aumenta la probabilidad de que hechos semejantes se repitan y porque tiende a hacer aparecer los crimenes del gobierno de Israel contra el pueblo palestino como una justa reacción de defensa de un pueblo perseguido y herido protegido solamente por el imperialismo.

  3. libertad joan

    Sin duda este texto es apasionante. La vida del filósofo Roger Garaúdy, fue una novela de principio a fin, lo mismo que sus cientos de historias que escribió. Sus cambios radicales de ideologías guiado creo yo, en mi opinión sesgada y humilde que no puede estar a la altura del filósofo extinto,dan muestra de los vaivenes de su germinada vida intelectual. Lo único en lo que no concuerdo es , en negar de algún modo el Holocausto de la Segunda Guerra Mundial perpertrado por los nazis alemanes, no solo a judíos, sino que como escriben aquí,gitanos, homosexuales,gente de edad,niños, mujeres. Con ese concepto no estoy de acuerdo, pero esa vida en la cual transitó por variadas ideologías,me hablan de búsqueda, además que profundizó en todas partes.

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