Militares y civiles pinochetistas: son culpables o encubridores de crímenes de lesa humanidad
por Enrique Villanueva Molina (Chile)
14 años atrás 10 min lectura
Para nosotros, militares que denunciamos y nos opusimos al golpe de estado de 1973, los argumentos de la “Corporación 11 de Septiembre”, para organizar un homenaje al dictador Pinochet, es una afrenta a la moral del país y una falta de respeto, una burla, a los familiares de detenidos desaparecidos y a quienes sufrieron en carne propia la represión en todas sus formas.
Apoyados por el gobierno de Piñera los ultraderechistas y fascistas, reunidos bajo el alero del Pinochetismo, han empezado a levantar la voz, reivindicando a quienes son sus ideólogos u homenajeando a militares condenados por crímenes de lesa humanidad. Primero lo hicieron con Jaime Guzmán fundador de la UDI, ideólogo de la dictadura y progenitor de la Constitución de 1980, también con el ex coronel Miguel Krassnoff quien cumple una condena superior a los 100 años de cárcel por comprobadas violaciones a los derechos humanos y ahora, con el propio Augusto Pinochet.
Los seguidores del ex dictador están empecinados en tergiversar la historia y limpiar su imagen, de la misma manera como la derecha lo ha hecho a lo largo de nuestra historia. Hace 150 años atrás, el general Cornelio Saavedra inició la campaña de pacificación de la Araucanía, que no era más que la ocupación militar del territorio mapuche y la dominación de su cultura.
Uno de los principales regimientos del ejercito en el sur del país lleva el nombre del General Roberto Silva Renard, autor de la masacre de la escuela Santa María de Iquique el 21 de diciembre de 1907.
La historia de Chile no se puede cortar en dos, entre la realidad actual y una época pasada que no se quiere mostrar, tal como ha sucedido a través de toda nuestra existencia como país soberano, ocultando hechos, contradicciones y conspiraciones que terminaron con la vida por ejemplo, de nuestros héroes nacionales, entre ellos Manuel Rodríguez, los Hermanos Carrera y con el propio Presidente Allende.
Hoy los actores son distintos pero la estrategia es la misma, limpiar la imagen de quienes planearon el derrocamiento del Presidente Allende, elegido democráticamente por voto popular, y que ejecutaron el golpe de estado en 1973. Lo que intentan es simplemente hacer olvidar dejando escrito lo sucedido, tal cual sucedió con los hechos antes mencionados, como una escaramuza mas de nuestra atormentada historia.
Una estrategia altamente conveniente porque los políticos de derecha actualmente en el gobierno, necesitan sacarse de sus hombros el peso de las violaciones a los derechos humanos. Pueden aceptar que participaron en el golpe pero nunca aceptaran su participación o apoyo al terrorismo de estado impuesto por Pinochet y sus consecuencias para la vida de las personas.
En este intento utilizan a ex militares reunidos en la Corporación 11 de Septiembre, para reflotar viejos argumentos como que los muertos son el producto del enfrentamiento entre dos bandos, alegando el supuesto de una guerra declarada entre Allende y sus partidarios con el ejercito.
Con este argumento los detenidos, torturados, asesinados y desaparecidos no existen o no son la consecuencia de la represión, sino que de un enfrentamiento entre “ los terroristas, los ejércitos paralelos y los grupos armados” del gobierno de Allende con las Fuerzas Armadas. De esta manera el problema y las responsabilidades las ubican en las FFAA, excluyendo de responsabilidades, como lo ha sido hasta ahora, a todos aquellos políticos y empresarios que no solo apoyaron, sino que participaron de la planificación y de la realización del golpe de estado de 1973, amparando y en casos negando las violaciones a la vida y a los derechos humanos.
Así entonces, transcurridos mas de treinta años desde que ocurrieron los hechos, se nos recomienda a los chilenos que debemos “olvidar el pasado” y “mirar hacia delante”, buscando como nos ha dicho el ministro Chadwick, la reconciliación “ del país que nos necesita a todos para salir de la pobreza”.
A esto se suma el interés de este gobierno, comandado por “los hijos putativos” del dictador, la UDI, de reafirmar que el presidente Allende se suicido, a pesar de que Gustavo Leigh comandante en Jefe de la Fuerza Aérea, ordenó el bombardeo a la Moneda con el fin de asesinarlo y que JoseToha, Ministro del Interior del Gobierno popular, supuestamente se suicidó colgándose de un armario casi veinte o mas centímetros mas bajo que su estatura.
De esta manera y aferrados a un contexto construido convenientemente, tratan de demostrar que los mandos militares y los políticos que dieron el golpe de estado en contra de Allende, actuaron bajo el lema de “una acción justa”, porque evitaron con ello una guerra civil, y/o que Chile fuera entregado a “potencias comunistas”.
Nosotros ex militares leales al gobierno del pueblo, elegido democráticamente y que no traicionamos nuestro juramento de servir a nuestra patria, que nos opusimos a levantar las armas en contra de ciudadanos y ciudadanas indefensos, calificamos todas estas artimañas como burdas mentiras.
En 1973 Chile no era un país socialista, Allende era el presidente de un gobierno elegido por el pueblo, por el voto democrático, quien trató de impulsar un proceso político de profundos cambios sociales, entre ellos nacionalizó el cobre y se estatizo la banca. Profundizo el proceso de la reforma agraria, entregando a los campesinos pobres la tierra para que la trabajaran. Aumento los índices de escolaridad, de salud y de vivienda. Los niños tuvieron acceso a una mejor alimentación, y los trabajadores lograron facilidades para continuar sus estudios.
En las escuelas de educación básica, se aseguró matrícula para el 100% de los niños en la edad correspondiente, los que recibían atención médica gratuita, desayuno y almuerzo escolar.
En la educación media, también se dio satisfacción a la demanda de ingreso en términos que, en proporción a la población del país, nunca se había registrado un mayor número de jóvenes cursando estudios en esta rama de la enseñanza.
Paralelamente, se incentivó el funcionamiento de cursos de alfabetización y perfeccionamiento de adultos. Un gran aporte en este sentido, fueron los convenios celebrados entre la Central Única de Trabajadores (CUT) y algunas universidades, especialmente con la Universidad Técnica del Estado, como también, los cursos vespertinos y nocturnos preuniversitarios dictados en centros industriales y mineros.
Estos logros del gobierno del Presidente Allende fueron las razones por las cuales conspiraron en contra del gobierno popular, con un ingrediente, odio de clases, que lo materializaron a través de la violencia política y la violencia armada.
Así entonces el golpe de estado no fue solo una acción militar sino que fue el inicio de la refundación del país, los autores son los ideólogos de la Doctrina de Seguridad Nacional, los «Chicago Boys», la derecha de los años 70 de la cual son herederos y defensores el movimiento gremialista de la ultra derecha (UDI), todos son cultores del neoliberalismo extremo como ideología. La Constitución Política diseñada por uno de sus fundadores y dirigentes, Jaime Guzmán, fue el marco político e institucional del odio de clases que actuó como motor de la persecución política para defender sus intereses y privilegios.
Otra verdad es que en 1973 no había guerra civil ni ejércitos paralelos, sino que por el contrario, las acciones terroristas que desestabilizaron al gobierno de Allende eran organizadas por Oficiales superiores de las Fuerzas Armadas y de la derecha política más radical. Estos grupos vinculados a la derecha asesinaron al comandante en jefe del ejército, general René Schneider el 25 de octubre de 1970 en un intento por impedir que Allende tomara posesión del gobierno.
Tampoco había una potencia extranjera que diera apoyo directo a Allende, lo que sí es cierto, que este se identificaba con las ideas del mundo socialista. Sin embargo, se demostró que el gobierno de EEUU estuvo involucrado y fue parte de la organización y financiamiento del golpe de estado.
Y por ultimo, la dictadura y el terrorismo de Estado que esta ejerció durante todo su gobierno, fue un hecho real, no inventado, fue el estado el que declaro de forma unilateral un contexto de guerra, en el cual se desplazo la acción política desde la democracia hacia la violencia organizada, y que se expreso en el poder político en todas sus formas, principalmente a través de la represión paramilitar, utilizada como cimiento para la construcción del sistema político, económico y cultural actual.
Respecto de la represión, queremos recordar que esta fue ejecutada por la DINA primero, el comando conjunto y luego la CNI, todas eran unidades combativas constituidas mayoritariamente por oficiales y suboficiales del ejercito. Estas llevaron a cabo acciones de exterminio selectivas, en el marco de una política de estado, no actuaron de manera independiente sino que cometieron secuestros, torturas, asesinatos y desapariciones, contra todas las personas que el régimen de Pinochet señalaba como adversarios políticos.
Los centros de torturas y detención en los primeros años de la dictadura fueron dependencias o unidades militares y buques de las Fuerzas Armadas. En nuestro caso fuimos torturados en la Academia de Guerra Aérea en Santiago y regiones, en la Escuela de Especialidades de la Fuerza Aérea y los que nos torturaron por meses fueron oficiales y suboficiales de la Fach
Por otra parte es bueno reafirmar que los “enemigos” no fueron abatidos en campos de batalla, sino que fueron capturados, maniatados, torturados muchos de ellos hasta morir. La DINA, el comando conjunto y la CNI no actuaban en combate sino que lo hacían amparados en la oscuridad y en la clandestinidad imponiendo el terror, que fue el principal instrumento del estado para ejercer el control político.
Las investigaciones realizadas y sistematizadas en la Comisión Valech y en el Informe Retigg, determinaron que las victimas de la represión de la dictadura de Augusto Pinochet, alcanzó un numero mayor de los 40.000 y que los desaparecidos y asesinados sobrepasa los 3.000.
Esta es la verdad que está en la memoria histórica de nuestro país y que debemos aportar para que esté siempre viva, porque representa la base moral de la construcción de un país distinto, mas justo y humanitario.
Pero impedir las aberraciones humanas como las que se cometieron durante los diecisiete años de dictadura militar, no es solo cuestión de buena voluntad, el peligro de su repetición esta siempre allí. Si no se legisla en el sentido de penalizar toda ideología generadora de odios y de quienes cometieron crímenes de lesa humanidad amparados en una dictadura cruel, nada impedirá que surjan nuevos liderazgos políticos inspirados en la ”obra de Pinochet”.
La intentona de homenajearlo es una bofetada a la dignidad, le deja la puerta abierta a quienes a través de estos actos alimenten sus mentes enfermas y que estén dispuestos a repetir lo que hicieron. Se trata de un dictador, que es responsable de las violaciones cometidas a la vida de miles de personas, que simboliza el horror y el crimen, que su muerte sin ser enjuiciado y condenado representa la impunidad de la cual gozan la mayoría de los torturadores, criminales y encubridores.
La decencia en este caso esta mas allá de los límites de la libertad de expresión, porque sin una conducta moral, sin reivindicar los valores que promueven la dignidad humana, sin respetar a las víctimas de la represión, la libertad de manifestarse en la cual se están amparando los organizadores y el propio gobierno de Piñera para realizar este acto deleznable, simplemente es una excusa.
Es también un llamado de atención para los futuros gobiernos democráticos, para que a partir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos se proteja a través de la ley, que el derecho a la vida es inviolable, así como el derecho que toda persona tiene a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, algo que Pinochet y los suyos simplemente no respetaron.
– El autor, Dr. Enrique Villanueva Molina, es Vicepresidente del Centro de Estudios Exonerados de la Fuerza Aérea 1973
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