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Raul Pellegrín, político y militar chileno

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Raúl Pellegrín nació un 28 de octubre, coincidentemente, el mismo día en que apareció su cuerpo sin vida en el río Tinguiririca, cuando cumplía 33 años. Desde su juventud entregó todo su tiempo a la causa de la justicia y la libertad, siguiendo el ejemplo de sus padres.

El año 1975 ingresó a la escuela militar Antonio Maceo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, para formarse como un oficial de carrera. La solidaridad de ese pueblo generoso y su líder Fidel Castro, permitió que muchos jóvenes como él, se formaran como militares revolucionarios.

Su especialidad militar fue la de oficial de Tropas Generales con mención en el trabajo político de las tropas. Durante tres años debió sortear la dura preparación de Cadete, con los mismos deberes y derechos de otros futuros oficiales cubanos, se graduó finalmente con el grado de Subteniente de Infantería, incorporándose inmediatamente al mando de tropas regulares del Ejército en Cuba.

Se caracterizaba por el respeto a sus soldados, aplicando lo que la doctrina militar cubana llama “mando único y disciplina consciente”, principio que aplicó luego con los combatientes guerrilleros que tuvo a cargo en la lucha de liberación nacional del pueblo de Nicaragua en 1979. También los militantes clandestinos del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) sintieron su férreo mando y el respeto a la humanidad del combatiente.

Más de algún estudiante, de los que marchan hoy por el fin del lucro, por la calidad y la gratuidad de la educación en Chile, concitando el apoyo y respeto de la mayoría del país y la solidaridad internacional, podría preguntarse: ¿Porqué Pellegrín, un joven chileno decide incorporarse a las Fuerzas Armadas de un país extranjero? La respuesta es simple, las FFAA chilenas en esa época eran dirigidas por golpistas y criminales que, aceptando órdenes de la derecha económica y política, con la complicidad de algunos dirigentes del Partido Demócrata Cristiano, rompieron su juramento de ser militares leales a la Constitución y al Presidente de la República Salvador Allende.

Raúl era de regular estatura, pero grande en valentía, lo demostró sencillamente en los duros combates de su columna guerrillera, en las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), organización que luchaba contra de la dictadura Somocista en Nicaragua. Como militar preparado para la guerra regular, debió adaptarse a la guerra irregular, aplicando creativamente los principios del Arte Militar en las condiciones complejas de la guerra que le tocó enfrentar.

Después del triunfo revolucionario, continuó asesorando la formación del nuevo ejército, mostró en esa etapa de su vida un espíritu de superación admirable. Se avocó con disciplina al estudio de la ciencia, la doctrina y la estrategia militar, debido a que la tarea de asesor era superior a sus conocimientos de mando táctico en el que era especialista. Sorteó con éxito esa etapa, ganándose el respeto de los jefes militares nicaragüenses, cubanos y de sus propios compañeros asesores militares chilenos.

Esas virtudes mostradas en su desempeño, junto a su participación política como militante del Partido Comunista en esa época, le valieron el reconocimiento de ser uno de los primeros oficiales que se incorporó a la lucha clandestina en Chile y ser designado jefe del FPMR, adaptando, ya no el seudónimo de “Benjamín” usado en Nicaragua, si no el de “Rodrigo”, transformándose en el mítico “Comandante José Miguel”.

Para la construcción del “brazo armado del pueblo”, como llamaban al FPMR en esos años de dictadura militar, esta vez, debió aplicar sus conocimientos y la experiencia militar acumulada a las características de la guerrilla urbana y clandestina. Junto a los combatientes comunistas y rodriguistas del interior del país y los internacionalistas, construyó una organización político militar que dio una dura lucha a las fuerzas represivas de la dictadura. Por su creatividad y audacia, esa organización, se ganó la simpatía del pueblo chileno y el odio de la derecha chilena defensora a muerte de la “obra” del dictador Pinochet.

Su consecuencia política quedó demostrada en su entrega final, participó en la irrupción de la estrategia del FPMR, “la Guerra Patriótica Nacional (GPN)”, del que era uno de sus principales artífices. Comandó la operación que significó la toma de cuatro pueblos rurales y levantamientos poblacionales en Santiago el 21 de octubre de 1988. Dirigió personalmente las acciones en el pueblo de Los Queñes. Durante la retirada fue capturado y asesinado por las fuerzas policiales, junto a su compañera de lucha Cecilia Magni.

Pellegrín impulsó la irrupción de la GPN. No confiaba en la salida política concertada que se impuso finalmente en el país, por dejar inamovibles las bases que sustentan la desigualdad social.

Lo que significó esa concertación, el pueblo chileno lo sabe. Los estudiantes que hoy se movilizan repudiando el modelo de sociedad que trajo consigo esa negociación, sin lugar a dudas, también lo saben.

Raúl Pellegrín fue consecuente con sus ideas políticas y militares. Tarde o temprano su visión de estratega brillará tan alto, -como la Cordillera de Los Andes-, tal como él solía decir a sus combatientes cuando soñaba con la añorada libertad en la noche negra de la dictadura de Pinochet.

Al morir, dejó una hija nicaragüense-chilena que amó con devoción.

Construyamos un Chile Digno

José Miguel Carrera

Santiago, octubre de 2011

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2 Comentarios

  1. ultimoikano

    Honor y gloria a mis comandantes Rodrigo y Tamara Combatientes por la libertad del pueblo Chileno
    Nada que olvidar nada que perdonar
    Patria libre o morir
    Patria o muerte
    Venceremos
    Adelante con todas las fuerzas de la historia en el camino del poder popular
    Vanguardia Revolucionaria del Pueblo
    Viva la patria que nace
    Luz y bandera
    360°

  2. Pedro

    Grande Raûl Pellegrini y Cecilia Magni.
    Son nuestros hêroes olvidados y seguramente recibirân el «pago de Chile» porque a muchos no les conviene que seres excepcionales les inciten a recordar sus propias cobardîas y traiciones.
    Reitero, grandes como Salvador Allende, Vîctor Jara, Miguel Enrîquez, Pepe Carrasco, y tantos otros.

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