En crecimiento de más de un 8%, una inflación de menos de 2% y un récord en inversión extranjera, forman parte de este mendigo que está «sentado en un barril de oro», como dice una frase famosa. Este período de riqueza ha sido aprovechado por Lima y Callao, pero dejando en la miseria a las provincias – en muchos casos, hay pueblos donde se carece de luz eléctrica y de agua potable -. En este país hay ricos, cada vez más millonarios, y pobres, cada vez más miserables. Si revisamos el mapa electoral de la segunda vuelta presidencial comprobaremos que Ollanta Humala ganó en la mayoría de las provincias y Keiko Fujimori en Lima. El mensaje de Humala penetró en sectores más pobres, con la esperanza de una democracia de inclusión. Esto del chorreo es una tontería en todas partes del mundo.
El Perú también es un país invertebrado políticamente: el único partido organizado, el APRA, obtuvo apenas cuatro congresistas y fue destruido por la mafia aniquilante de aquel aprendiz de brujo, que es Alán García, pretendiendo que una vez fracasado el gobierno de Ollanta Humala él vuelva a aparecer como el salvador. El resto de las agrupaciones parlamentarias son grupos encabezados por líderes carismáticos: Gana Perú, de Humala, con 47 congresistas; Fuerza 2011, de Fujimori, 37; Perú Posible, de Toledo, 21; Alianza por el gran Cambio, 12; Solidaridad Nacional, 9 congresistas. Para tener mayoría en el Parlamento, a Ollanta Humala le bastaría una alianza con Alejandro Toledo; pero como lo demuestra la política del Perú, que se caracteriza por su complejidad, es difícil en este momento pensar qué estrategia seguirá el presidente electo.
En el período entre la primera y segunda vuelta la lucha política se radicalizó: una encabezada por Humala y, la derecha, por Keiko Fujimori; la mayoría del empresariado, que no tiene ninguna convicción democrática y cuyo único interés consiste en acumular, lo más posible de riqueza – poco le importó votar por la hija un tirano, corrupto y genocida – afortunadamente, los ciudadanos, sobretodo lo más pobres, evitaron el triunfo del populismo de derecha, que encabezaba Keiko Fujimori.
Conocidos, con notable retardo, los resultados electorales, Humala impuso por la diferencia de más de un 3% sobre Fujimori. Como era de esperar, los mercados, es decir, los empresarios de ese país, reaccionaron creando terror económico. El día lunes 6 de junio, después de la elección de segunda vuelta, la Bolsa peruana cayó más de un 12%, obligando a cerrar las transacciones por dos horas. Ese pánico financiero es bastante evidente y lo hemos conocido en casi todas las ocasiones en que un líder de izquierda es elegido por el pueblo. Los más ancianos recordarán la intervención del ministro de Hacienda de Eduardo Frei Montalva, cuando Salvador Allende triunfo en las elecciones presidenciales de 1970.
Los Diarios peruanos de derecha, en especial El Comercio, que en su mayoría apoyaban a Keiko Fujimori resaltan, como uno de los factores fundamentales del triunfo de Humala la adhesión a esta candidatura de liberales como Mario Vargas Llosa y su hijo, el periodista y escritor, Álvaro, además del ex presidente Alejandro Toledo y su partido, Perú Posible, y muchos otros intelectuales y políticos.
Sin embargo creo que es fundamental, en la explicación de este triunfo, la votación de las provincias, que agrupa a los sectores más desprotegidos del país. El gran desafío de estos próximos cinco años consiste en lograr un Perú donde se distribuya mejor la riqueza y se logre una inclusión y participación de las provincias, hoy completamente absorbidas por Lima, en su calidad de antigua capital del Virreinato.
No en vano, los chilenos se autodenominan los «fenicios de América del Sur» y su único objetivo, hoy por hoy, en su relación con los países vecinos son los negocios – nuestras empresas han invadido las diversas capitales del continente -. Ridículamente, los medios de comunicación de masas nacionales estuvieron siempre preocupados de las consecuencias para Chile en caso de la elección de Ollanta Humala. En la campaña de segunda vuelta, el tema ni siquiera fue abordado por ninguno de los candidatos, incluso, es muy probable que Humala, como presidente, nos de sorpresas.
Nuestra pésimo relación con los vecinos del norte – Bolivia y Perú – es más atribuible a la mediocridad de la Cancillería chilena, que a los ataques que surgen de los doctores de de Torre Tagle y de Chuquisaca.
06/06/11
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