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Chile: tres casos y una canción antes del Festival de Viña 

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Caso 1: Los trabajadores del salmón en lucha
Luego de infinitas tratativas con la empresa, casi un 100 % de casi mil  trabajadores salmoneros de los sindicatos de Aguas Claras de Calbuco, Aguas Claras de Reloncaví y Antarfood (holding Antarfisch) votó  la movilización el 2 de febrero pasado. Exigen $ 350 mil pesos de sueldo líquido (700 dólares), mejores condiciones laborales y fin al resguardo de Aguas Claras Calbuco, la que se encuentra “escoltada” por doscientos agentes de carabineros.

Como es habitual, la patronal la ha emprendido contra los trabajadores salmoneros, satanizando su huelga, comparándola con la violencia intrafamiliar (!), titiriteando a la fiscalía criminal de la IX región para que reprima y persiga al movimiento, empleando la prensa de los poderosos como su diario oficial, y hasta un trabajador ha sido torturado.

El holding AquaChile es la principal productora de salmón de capitales chilenos y la tercera a nivel mundial. Es propiedad de la familia Puchi y Fischer, los cuales además participan en el rubro de la construcción, inmobiliarias, transporte y hasta casinos.

Los trabajadores obtienen actualmente un salario promedio de $ 260 mil pesos (poco más de 500 dólares), donde la parte variable del sueldo manda. La empresa ha ofrecido un reajuste de $ 450 pesos diarios (menos de un dólar). Los salmoneros rechazaron el “ofertón”.

Luego de casi 5 días de ocupación pacífica de los centros de cultivos, los trabajadores resolvieron deponer la acción el 15 de febrero con el objetivo de “destrabar el proceso de negociación colectiva en curso.” Los sindicatos movilizados, ante el ataque empresarial, fundaron sus iniciativas con acuerdos firmados internacionalmente con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en orden a la consolidación del derecho a huelga.

El conflicto continúa. Los trabajadores salmoneros han recibido el apoyo explícito del conjuntos de asalariados organizados del país, mientras el gobierno habla de “un problema entre particulares” para lavarse las manos una vez más. El sindicalismo salmonero en lucha sostiene que “seguimos disponibles para negociar”, en tanto la patronal mantiene su intransigencia y amenaza cerrar dependencias para dejar sin trabajo a los salmoneros. Está será la tónica de amplios sectores de asalariados durante el 2008.

Caso 2: Manu Militari
El general (r) Juan Emilio Cheyre, ex Comandante en jefe del Ejército hasta hace poco, publicó una carta en el derechista periódico La Tercera el domingo 17 de febrero a raíz de la renuncia de Gonzalo Santelices al Ejército, debido a sus responsabilidades en graves violaciones a los derechos humanos durante la dictadura. Cheyre sugirió que no pueden ejercer cargos públicos quienes hayan “causado la crisis del 73, pedido el golpe, empuñado las armas”, etc. Sin decirlo, el general (r) alude implícitamente no sólo a la democracia cristiana (que salvo honrosas excepciones, pidió la intervención militar para terminar con el gobierno de Allende), sino también al actual Ministro de Defensa, el ex miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), José Goñi. Demagógicamente, Cheyre trata de defender a su amigo Santelices con argumentos sin sentido, toda vez que Goñi es parte de la amplia, triste y vergonzosa lista de ex militantes de la izquierda de inspiración revolucionaria durante el gobierno de la Unidad Popular que producto de sus deseos inconfesables e irreprimibles de ascenso social y poder a cualquier costo, renunciaron políticamente a la construcción del socialismo en Chile hace mucho tiempo. En todo caso, los dichos de Cheyre denuncian los enormes grados de autonomía con que opera el aparato militar estatal y muestra el rostro político auténtico de la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas chilenas, ligadas a los intereses de la burguesía, el capital transnacional, la escuela maestra del imperialismo norteamericano, su carácter profundamente antipopular, y su desprecio hasta por la actual democracia sin pueblo.

Al respecto, la Corporación de Combatientes Antifascistas e Internacionalistas de Chile, en un comunicado público, señaló respecto de los dichos de Cheyre que “su arrogante mirada ”objetiva” del pasado chileno, no es otra cosa que una lectura ideológica que posee junto a otros uniformados y la derecha política chilena sobre la experiencia de la Unidad Popular. Es una mera repetición primaria de los argumentos del Dictador Pinochet y la Declaración de Principios de la Junta Militar golpista.” El comunicado de la organización antifascista afirma, en relación a la peregrina excusa de Santelices (amigo de Cheyre) sobre su participación contra la vida de militantes del pueblo en los 70 debido a que debía cumplir órdenes o su integridad podría peligrar, que “los que luchamos con las armas para recuperar la democracia que nos fue quitada por las armas, en su gran mayoría, también fuimos jóvenes menores de edad y jamás obedecimos una orden indebida; ni fusilamos; ni matamos a mansalva; ni torturamos; ni hicimos desaparecer a nadie. Es más, muchos jóvenes entregaron generosamente sus vidas; muchos pagaron con torturas y cárcel; muchos pagaros con exilio y marginación.”

Caso 3: La personalidad múltiple del Partido Socialista
Que histórica –y por períodos, histéricamente- el Partido Socialista ha sido una organización heterodoxa, repleta de tendencias, contradictoria y sumamente dúctil a los tiempos y los vientos, es un hecho conocido.

El último episodio, que se ofrece en el marco del Congreso XXVIII de esa tienda- lo protagonizan, por un lado, el presidente del regional América de la secretaría de asuntos internacionales del PS, Esteban Silva, y el actual secretario general de la colectividad, Marcelo Schilling. Este último es grisáceamente famoso por su papel en la dirección del Consejo de Seguridad Pública durante el 92 y 93, cuando condujo el desmantelamiento del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, el Movimiento de Izquierda Revolucionaria y el Movimiento de Acción Popular Unitario Lautaro (MAPU-Lautaro), organizaciones sin cuyas luchas, probablemente Pinochet hubiera extendido la dictadura militar hasta, por lo menos, 1997. Para el cargo, fue escogido Schilling, por la cercanía que alguna vez tuviera con Salvador Allende, por su labor en el ámbito de la inteligencia en la Unidad Popular , y quien, en el exilio,  conoció perfectamente el funcionamiento, las estructuras, y las motivaciones  de los destacamentos más resueltos que lucharon contra la dictadura. La entidad, nacida sincrónicamente con el primer gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia, fue llamada sugerentemente como “La Oficina”. Allí se reclutaba a prisioneros políticos al interior y fuera de las cárceles, a gente que estaba quebrada psicológicamente y con apremios económicos. Se les ofrecía trabajo y dinero a cambio de información. Al respecto, la pega de Schilling, funcionó para destruir eventuales “problemas” para los gobiernos civiles, consecuente con el pacto interburgués que desalojó a Pinochet del Ejecutivo a finales de los 80. La mala conciencia, la traición, el trabajo sucio, las maquinaciones palaciegas, son todos conceptos ligados al trabajo de Schilling.

Por su parte, el pecado del socialista Esteban Silva fue declarar su apoyo a los peruanos Alejandro Toledo y Humala, quienes son víctimas de una persecución por parte del Gobierno de Alan García (Partido Aprista Peruano), aliado histórico del PS chileno. Schilling exigió la expulsión de Silva por la supuesta “falsificación de los títulos de la institución”, toda vez que Esteban Silva firmó el apoyo a título personal.

El incidente, más allá de la anécdota veraniega, revela las posiciones extraordinariamente antagónicas que coexisten al interior del Partido Socialista, considerando que la línea hegemónica de Camilo Escalona privilegia las alianzas con Argentina y Brasil, y otros sectores socialistas la amplían a Venezuela, Bolivia y Cuba. Schilling y el escalonismo fortalecen las actuales políticas antipopulares emanadas de un modelo excluyente, desigual y reproductor de la fase neoliberal del capital; mientras al otro extremo del cuadrilátero, muchos tratan de reinstalar las fuentes antiimperialistas, latinoamericanistas y anticapitalistas como horizontes y modos de construcción y proyección partidario. Una de las grandes ironías es que el Congreso socialista lleva el nombre de Salvador Allende, inagotable luchador por la justicia social, la unidad de la Patria Grande y contra la oligarquía y el imperialismo. En este caso, la “vocación de poder” es capaz de supeditar los principios y los proyectos históricos emancipatorios.

La parte del PS que manda  adentro ya tiene a una militante en el Ejecutivo que buenamente ha administrado  la democracia de los de arriba. Y la ortodoxia neoliberal parece no incomodar la barriga llena de la dirección socialista, toda vez que la chequera proveniente de los cargos gubernamentales parece no tener fondo, y los balnearios exclusivos doran tan bien la piel estirada de los mandarines del PS. Mientras, por abajo, el mundo allendista se da contra la pared ante una realidad que contraviene todo el ideario que gatilló la existencia política del PS y fundamentó la victoria de Allende en 1970. Enormes son los esfuerzos de los socialistas honestos en su Congreso. Las otras izquierdas observan con atención las disputas al interior del partido de Bachelet. Si al finalizar el Congreso, nuevamente hegemoniza Schilling y el ecalonismo, sinceramente, ¿Qué sentido racionalmente político tiene continuar en esa tienda? ¿O la militancia ficticia en el Partido Socialista es un fin en sí mismo? ¿O sería todo peor sin un ala “izquierda” al interior del PS? ¿O la esperanza en una dinámica ciega de las correlaciones de fuerza –en el actual contexto- es todavía un argumento, a casi 20 años de gobiernos civiles? Ya se verá.

La canción: para escuchar pensando
Cuando se apresuran los preparativos del Festival de Viña del Mar -principal espectáculo televisivo, nacional e internacional, del verano chileno-, con reina del Festival, con invitados jugosamente pagados, con toda la provinciana farándula criolla tensionada, estridente, boba, procurando “ganar cámara”; un hecho cultural cae como un trueno inesperado en medio de febrero. Naturalmente, el producto musical en cuestión no estará en el Festival (ni puede, ni debe, ni quiere), ni en la televisión, pero recorre como un reguero de pólvora los correos electrónicos de miles de chilenos. Se trata de la banda hip-hopera SubVerso y su pieza “Infórmate”. La crítica aguda y certera de un grupo de jóvenes, combinada con imágenes extraordinariamente atingentes y decidoras, funciona como mensaje inteligente, alentador, desalienante. Hay que verlo. Esta es su dirección.

Lejos, lo mejor del verano.
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* El autor es miembro del Polo de Trabajador@s por el Socialismo

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