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Zenga Zenga 

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Es interesante advertir cómo la Híper Industria
Cultural, construida de redes de alcance planetario y administrada por
gigantescos consorcios ha elevado al coronel Gadafi a la calidad de "villano
invitado". Digamos que el personaje ha hecho todo lo que corresponde al nuevo
papel que se le ha asignado en la comedia del mundo. Con un rostro patibulario,
de  ojos pequeños y rasgos duros, que nos
trae de inmediato aquel recuerdo de los pistoleros malos de un "spaghetti
western", aparece en televisión afirmando sin más que su pueblo lo ama, y los
exhorta a exterminar a los opositores como a cucarachas, mientras ordena bombardear
pequeños villorrios en el este de su país

Los adversarios de Gadafi no lo hacen mejor y como en una
mala película de acción – categoría B – preparan buques, misiles y portaviones
para llevar la "paz" al desierto libio. Todo esto al ritmo de un rap que por
estos días alcanza casi tres millones de visitas y que lleva por título "Zenga
Zenga", basado en uno de los últimos y vehementes discursos del coronel Gadafi
en Trípoli.  

ver video

En este mundo Híper Moderno, los grandes discursos y arengas revolucionarias de
antaño han sido convertidos en, ni más ni menos, exitosos videoclips en
Youtube: Iconos que se nos exhiben ya no en la lógica video-política sino como
mero espectáculo de masas. El "Entertainment" lleva así la imagen política a su
grado cero.

La palabra del otrora todopoderoso "guía de la revolución"
es transformada en un "clip" en el cual su voz sigue el ritmo de una música
electrónica y su imagen está rodeada por dos cuerpos femeninos semidesnudos.
Algunos, sin duda, pueden ver en esto una forma clásica de propaganda: en este
sentido se puede alegar que finalmente el autor del vídeo es un músico israelí,
Noy Alooshe. Sin embargo, y no obstante, pareciera que la cuestión va más allá
y pone en evidencia un fenómeno cultural de fondo y muy contemporáneo. La
palabra política ha dejado de ser solemne, ella ha sido desprovista de toda
"aura", de toda sacralidad, en suma, de toda autoridad. Este fenómeno es tan
cierto en Trípoli como en Roma o cualquier otro lugar del mundo.

La política internacional no es ajena a este estado de cosas
y  la crisis en el norte de África nos
muestra a diario que los diversos actores profieren discursos que apelan a
grandes palabras tenidas por universales que apenas alcanzan a disimular los
sórdidos intereses en juego. Muammar Gadafi, el amigo de Aznar, el amigo de
Berlusconi y socio predilecto de honorables empresas europeas – de la Juventus al Financial
Times – es hoy el villano de la jornada. Su suerte ha sido ya decidida en
Ginebra, ciertamente su figura es controversial por no decir indefendible, tan
controversial como la de aquellos que hoy rasgan vestiduras en diversos países
"civilizados" del orbe y se aprontan, utilizando la amenaza militar, a reabrir,
por fin, el lucrativo negocio del crudo libio. Todo esto, por supuesto, en
nombre de la paz, los derechos humanos, la democracia y un largo etcétera.

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