Sebastián Piñera y Nicolás Sarkozy: populismo derechista mediático
por Rafael Gumucio Rivas (Chile)
16 años atrás 5 min lectura
Hoy, 19 de octubre, Sebastián Piñera le regalará una de las
las tantas piedras, que anda repartiendo por toda Europa, a su antiguo ídolo
Nicolás Sarkozy, que no es un regalo muy atinado, pues al presidente francés le
están "sacando la piedra" los sindicatos y los estudiantes en una
huelga que tiene paralizada a Francia desde hace más de dos semanas.
Si se quieren establecer algunos paralelismos entre ambos
mandatarios derechistas, tanto Sarkozy como Piñera lograron derrotar a
combinaciones socialdemócratas que, hace tiempo, mostraban signos de
agotamiento; además, intentaron atraer figuras importantes de sus antiguos
rivales so pretexto de hacer un gobierno de "unidad nacional", lo
cual constituye una pomposa tontería. Al menos, Sarkozy logró atraer a algunos
socialistas, cuya figura principal, Bernard
Kouchner, actual ministro de Relaciones Exteriores, mientras que Piñera
tuvo que conformarse con el el "colorín" Adolfo Zaldívar junto a dos
patéticos personajes de Chile Primero.
La gente olvida fácilmente que los primeros meses del
presidente galo fueron tan apoteósicos como los de Sebastián Piñera, cuyo ego
ha llegado a tal grado, después de haber sacado a los mineros del infierno del socavón,
que muchos chilenos pensamos que debería dar un paso más de monarca absoluto
del país, a santo y por qué no, a divinidad, como los emperadores romanos. En
Francia, a diferencia de Chile -donde existe un sistema monárquico presidencial
– predomina el semiparlamentarismo, que exige al presidente de la república
gobernar con un Primer Ministro quien, a su vez, debe tener el acuerdo de la Asamblea nacional. El
partido derechista Unión por el Movimiento Popular (UMP), tiene 331 diputados
sobre un total de 577 sillones, lo cual le permite al Primer Ministro, François
Fillon imponer, fácilmente, cuanto proyecto de ley se le ocurre; en la
"monarquía" chilena el presidente Piñera tiene taal poder que
utilizar, fácilmente, a los partidos que lo respaldan -RN Y UDI- y a los
"duques y marqueses" Allamand, Carlos Larraín y Pablo Longueira.
A poco andar, el narcisista y mediático Sarkozy comenzó a
hacer tal cantidad de tonterías ultrarreaccionarias que terminó por perder el
apoyo popular, otrora conquistado en base a fuegos de artificio y promesas
engañosas: no se le ocurrió nada mejor que expulsar a los gitanos, estupidez
que recuerda a las persecuciones de A. Hitler y la odiada República de Vichy – por favor, no
olvidar que la mayoría de la derecha francesa apoyó al ocupante nazi -; ahora
quiere imponer una ley que aumente la edad de jubilación, de sesenta a sesenta
y dos años, y de sesenta y cinco a sesenta y siete para pensión completa,
medida que despertó la indignación de casi la totalidad de la sociedad civil.
La actual huelga general cuenta con el apoyo del 71% de los
franceses: las principales ciudades – París, Lyon, Marsella- están paralizadas
por la carencia de bencina y las manifestaciones populares, en especial las
estudiantiles, en especial en Nanterre. Semejante descalabro y caos nos recuerda
el Mayo de 1968, con la fundamental diferencia de que en 2010 el movimiento de
protesta ha logrado penetrar en todos los sectores sociales que ven, con pavor,
cómo la política neoliberal del gobierno francés pretende destruir conquistas
tan importantes como la jubilación a los sesenta años y, en el tema
previsional, imitar el modelo de las AFP chilenas.
Sebastián Piñera, a diferencia de Nicolás Sarkozy, visita
Francia en mejor momento de su gobierno bonapartista, personalista y mediático;
seguramente repetirá una de las tantas frases hechas, llenas de adjetivos calificativos,
que bien merecen adornar el diccionario del escritor francés Flaubert –
esperemos que no meta la pata repitiendo la tontería de aquello que Sarkozy debería
seguir "el camino chileno", pues sería terriblemente ofensivo para un
mandatario, que no ha hecho más que provocar el caos en su país y, muy
posiblemente, la indignación de la sociedad francesa, que va en aumento a
medida que pasan los días, lo envíe al infierno de la más completa
impopularidad.
El jueves – o no sabemos cuándo por la magnitud de los
acontecimientos – el senado francés deberá votar la impopular ley que aumenta
la edad de jubilar para los franceses. Los partidos de izquierda han logrado,
hasta ahora, por medio de las enmiendas, retardar la decisión senatorial, pero
considerando que la UMP
partido de gobierno cuenta con el 47% de los padres conscriptos, junto con la tozudez
del presidente y el primer ministro logren aprobar la ley, a pesar del rechazo
popular.
Es difícil prever cuál será el camino a adoptar por parte
del movimiento estudiantil y las poderosas centrales sindicales – CGT y CFDT-,
sin embargo, en estos 15 días, la sociedad civil francesa ha demostrado fuerza
para oponerse a las impopulares medidas, dictadas por el poder financiero y la Unión Europea y
aplicadas por el el gobierno e la derecha
francesa.
Sebastián Piñera se ha apropiado, muy hábilmente, de la
llamada "hazaña de los 33 mineros" y su repercusión universal. Según
un famoso columnista nacional su gobierno, que carecía de relato y leyenda, los
encontró en este acontecimiento y, hasta ahora, no escatimado medios para
utilizarla y difundirla; el problema radica en saber cuánto podrá durar esta
construcción mediática mítica de un mundo invertido; ya comienzan a notarse
algunos atisbos de la falsedad de tal construcción, por ejemplo, el hacer suyo
banderas ajenas en pos de una falsa
unidad nacional, una excesiva invocación a Dios – que muchas veces colinda con
la idolatría" – y un orgullo nacional rayando en el chauvinismo. El éxito
del rescate no podrá esconder los otros grandes problemas nacionales, como la
reconstrucción, e problema de los pueblos originarios, el hacinamiento en las
cárceles, el trato vejatorio a los pobres en los hospitales, la pésima calidad
de la educación, y otros.
Sería pésimo para Chile que el presidente Piñera siguiera el
mismo camino que antiguo ídolo, hoy en desgracia, Nicolás Sarkozy.
martes, 19 de octubre de 2010
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