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¿Quién descifrará el enigma de la retirada estadounidense de Iraq? 

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Los iraquíes, y con ellos todos los expertos en la evolución de la
situación en Iraq, se han quedado atónicos cuando se habla de la
retirada estadounidense de Iraq.

¿Creen al presidente estadounidense Barack Obama cuando anuncia el final
de las operaciones militares en Iraq, mientras se prepara junto a sus
altos funcionarios del Departamento de Defensa para recibir a las tropas
estadounidenses que regresan a su país? ¿O prefieren creer al general
Odierno, comandante de las tropas de ocupación estadounidenses en Iraq,
cuando anuncia junto con sus colegas militares que sus tropas
permanecerán durante varios años en el país hasta que se asegure de la
capacidad de las fuerzas iraquíes para tomar el relevo al frente de la
seguridad en el país?

¿Creen a los responsables políticos y militares iraquíes que alardean de
que las fuerzas regulares del país están preparadas para garantizar la
seguridad en Iraq? ¿O prefieren creer a otros altos cargos, como el
viceprimer ministro de Maliki, que insisten en que las fuerzas iraquíes
necesitarán entre cinco y seis años para poder hacerse cargo de la
responsabilidad completa de seguridad en el país?

¿Confiarán en que se cumpla lo que estipula el acuerdo en materia de
seguridad (SOFA) que fijó una agenda para la retirada de las tropas de
ocupación estadounidenses, poniendo como fecha límite del fin de la
ocupación a finales de 2011? ¿O apostarán por los rumores sobre la
permanencia de decenas de miles de soldados estadounidenses en Iraq
varios años más, y sobre la creación de 94 bases militares
estadounidenses repartidas en todas las partes del país? A todo esto hay
que sumar la permanencia de decenas de miles de mercenarios de las
empresas de seguridad, que el mismo Karzai se vio obligado, hace días a
promulgar una resolución para su disolución en Afganistán, porque tienen
una influencia negativa en el desarrollo de las fuerzas afganas, además
de estar implicadas en la muerte de cientos de civiles afganos en
operaciones militares parecidas a los asesinatos en masa ejecutados en
Iraq desde hace años, en todas sus regiones. Una forma de actuar que
deja al descubierto las ansias de venganza contra el pueblo iraquí que
con su resistencia heroica ha conseguido poner en aprietos al proyecto
imperial de Estados Unidos en la zona y en el mundo entero, y frenar
todos los proyectos e injerencias regionales.

¿Será que esta confusión en cual la administración estadounidense
pretende dejar inmersos a los iraquíes es un mero reflejo del desorden
absoluto de la gran potencia mundial que se encuentra inmersa en
numerosos y diversos problemas? ¿O se trata solamente de una estrategia
más que pretende lograr con esta «suave» confusión lo que no pudo
conseguir con el bloqueo, la guerra, la «áspera» ocupación y las
operaciones sangrientas?

¿Cuándo se esclarecerá esta «confusión» que abarca lo que en su día se
denominó «proceso político», que estos días sufre la crisis de la
formación del nuevo gobierno iraquí, tras más de cinco meses de la
celebración de las elecciones que el ocupante quiso diseñar como uno de
sus últimos «logros»? Pero ha ocurrido todo lo contrario, estas
elecciones fueron la declaración de quiebra democrática del «nuevo Iraq»
que día tras día se hunde un poco más en un mar de sangre y se
convierte en una gran cárcel que no se conforma con torturar a los
prisioneros y detenidos, sino que bloquea a regiones iraquíes una tras
otra, como esta ocurriendo en Al Adamiya y Hay al Fadl estos días, y
antes en Al Kadimiya, Basora, Nasiriya, Diwaniya y Madinat Zawra
[Sáder]. Se están vengando de zonas enteras, cuyo único pecado fue el de
no enarbolar la bandera de rendición y arrodillarse ante el ocupante y
sus lacayos.

Queda patente que la confusión estadounidense no es una «confusión
constructiva», como querían venderlo en su día los teóricos de la guerra
y la ocupación, y vincularla con su proyecto del famoso Gran Oriente
Medio. Tampoco podrá el esperado discurso de Obama del 29 de este mes
descifrar estos enigmas, aunque sí es posible que añada más confusión y
complejidad. Es más, cabe suponer que las tropas de ocupación, sus
herramientas, sus socios en materia de seguridad y sus compañeros del
Mosad sionista (todo indica que son los principales responsables de la
sangre de los inocentes iraquíes vertida cada días a lo largo y ancho
del país) usarán la confusión creada por Estados Unidos para justificar
la permanencia de las tropas de ocupación y su régimen político en Iraq.

Tal vez lo que están sufriendo ahora los Consejos de Al Sahua
(Despertar): asesinatos de sus miembros y la política de abandono, la
privación y la hambruna sea la mejor interpretación del estado de
confusión estadounidense que hace creer a cualquier actor local que
pueden formar parte de su política, pero al poco los abandona cuando le
parece oportuno.

Los únicos que pueden descifrar los enigmas de la confusión destructiva
estadounidense es la resistencia iraquí, más comprometida que nunca en
su persecución a los ocupantes, por lo que debe unificar sus filas y dar
prioridad a sus programas relativos a la liberar Iraq de los ocupantes y
de todos los enemigos del país.

Hoy, los iraquíes están llamados a dar con la ecuación que les permita
continuar con su resistencia, como si la ocupación fuese a permanecer
para siempre, y construir un vínculo entre sus fuerzas y los grupos
sociales como si los ocupantes fuesen a salir mañana.

En cambio, la ecuación de la ocupación y sus herramientas es muy simple:
que los iraquíes paguen por la derrota de los ocupantes lo mismo o el
doble del precio pagado el día que entraron los ocupantes a su capital,
aquel día de abril de 2003, un día triste que quisieron convertirlo en
fiesta nacional para los iraquíes.

Nadie puede negar que la ocupación estadounidense ha sido derrotada a
manos de los héroes iraquíes, pero tampoco nadie puede pretender que los
iraquíes han ganado, pese a la derrota de la ocupación. Porque la
derrota de la ocupación se ha conseguido gracias a la resistencia,
mientras que la victoria de los iraquíes necesita de reconciliación,
revisión y participación entre todas las fuerzas reales dentro de Iraq.

El ocupante entró a Iraq con sus tropas y su proyecto, y la salida de
las tropas no significa la salida del proyecto. El proyecto que tiene
como objetivo debilitar Iraq, destruir su identidad y desmantelar su
Estado y su sociedad. Si enfrentarse a las tropas ocupantes requiere
valentía, fuerza y coraje, virtudes que los iraquíes tienen de sobra,
enfrentarse al proyecto estadounidense-sionista requerirá amplitud de
miras, clarividencia, y predisposición para superar las sensibilidades y
posos acumulados del pasado, presentes hoy en día y que amenazan el
futuro.
Traducido por  Al Fanar Traductores


*Fuente: Tlaxcala

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