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Mensaje subliminal de un señor diputado 

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Con una muy modesta cuota de esperanza leí el discurso de un señor
diputado, que también es un señor presidente, a poco andar confirmé que
mi esperanza no correspondía a nada que corroboraran sus palabras,
dichas en un parlamento que no tiene ninguna perla a su favor.

Confieso que ya nada se puede esperar de alguien que está en la tarea de
pavimentar el camino del infierno. Sus buenas razones nada,
absolutamente nada, tienen que ver con la realidad de los de abajo, los
mismos que en su desesperación se aferran a buscar soluciones en el alto
cielo o en las pasajeras alegrías que pueda brindar un equipo de
jugadores que no luchan hasta el final o en las notas falsas que pueda
brindar una pena ahogada en alcohol. Pero hay los pocos que luchan y por
ellos levanto hoy mi voz contra el viento.

Le mandé tres frases a diez compañeros, inquiriendo su opinión, diez
chilenos en distintos puntos del planeta, de la realidad nacional y de
la acción socio política. Solamente de uno recibí respuesta. Señal de
que estos tiempos están para pan quemado. Que nueve hayan preferido la
comunicación del silencio, nos dice que o ya no se tiene capacidad para
analizar lo bien o mal que otro expresa su pensamiento o que no se sabe
ni se quiere saber hacia donde va la micro o que cada uno está en su
propio drama, sin tiempo para buscar soluciones de conjunto.

Las frases que copié, del discurso de un señor cuyo nombre no quiero
escribir, son las siguientes:

“Creemos en una democracia participativa y popular, pluralista e
independiente de ingerencias imperiales.

Somos un partido de arraigo nacional, que a pesar de los intentos por
exterminarnos, de los terrorismos de Estado y los genocidios,
sobrevivimos y miramos el futuro con alegría y esperanza cierta. Si bien
es difícil la reconciliación, pensamos en el reencuentro de las
chilenas y chilenos como algo necesario y posible.”

Dos párrafos, tres frases y una maraña de ideas confusas. Es la forma
ambivalente de hablar del modelo, queriendo ocultar algo y dar a
entender otra cosa o al revés, salvo que a veces las palabras traicionan
al que las emplea, con más torpeza que habilidad.

Al silencio de mis amigos responderé con esta nota. A esta cita del
discurso del que no quiero nombrar responderé con un breve análisis.

La primera es toda una frase para el bronce, que pretende decir mucho,
pero en realidad dice poco, casi nada. Parte con un “Creemos en”, como
para decirnos que hay un colectivo, un conglomerado de voluntades que
comparten una visión. Sería hermoso que así fuera, pero eso es más bien
un objetivo a conseguir, que una realidad. Para que el “Creemos” sea
verdad se necesita que todos los que son parte de ese colectivo, de ese
partido político, piensen lo mismo, y para que esto sea así, ese partido
debe ser de hecho una democracia participativa. Lo es en la tarea, no
lo es en la decisión del rumbo a seguir. Lo es en una cultura de acción,
una forma de defender y defenderse dejando de lado los objetivos de
hacer del partido una herramienta para conseguir un fin: el socialismo,
no lo es lo substancial del día a día. El supuesto objetivo está alejado
de la práctia, ya no se lucha por el cambio revolucionario. Hoy este
partido es un fin en sí. El partido todo delega en un Comité central,
que a su vez delega en una Comisión política y esta delega en un
Presidente, que para mayor desgracia no tiene mucha capacidad para decir
claramente lo que el supuesto colectivo quiere.

¿Quién designa los candidatos a cualquier puesto de representación?
Lejos estamos de lo que es el partido de la revolución cubana, allí los
candidatos a representante se designan en asambleas de ciudadanos, el
partido no designa candidatos a nada. Eso de participativa y popular,
pluralista e independiente es paja al vuelo, palabrería que no agrega
nada. Si propiciamos una democracia que sea distinta de la democracia
del sistema de los patrones, elegir cada cierto tiempo sin derecho a
nada más, es decir elegir a quien nos domine a su antojo y perversa
habilidad, lo más que podemos decir es que creemos en una democracia
participativa. Y esto solamente para darle un nombre que sea
contrapuesto a la idea de democracia que impone el sistema.

Es con las palabras que debemos llegar al corazón de la gente, partiendo
de sus problemas reales y entregando soluciones. Por más que le
agreguemos adjetivos a la palabra democracia no lograremos que esta diga
nada si no logramos que la gente lo vea con el ejemplo que demos
nosotros en todo momento. Hace rato que en Chile muchos partidos son una
escoba vieja, hace rato que la izquierda reformista se ha acoplado al
sistema y esgrime sólo palabras, sin que estas demuestren la esencia
inhumana del mismo.

Nuestro concepto de democracia debe, en primer lugar, ir acompañado de
hechos, de capacidad para escuchar a los otros, de capacidad de diálogo
con todos, de capacidad para poner en práctica lo que se resuelva junto a
otros, me parece que esta no ha sido la característica de la actual
dirección del partido que hace poco celebrara 98 años de lucha para
llegar a muchos lados y a ninguno.

Confieso que no logro entender eso de democracia pluralista. Este
pudíera ser el meollo, ¿se trata de ir armando un discurso que intente
incluir a todos, es pura palabrería o se intenta darle otro sentido a la
palabra democracia? Una democracia verdadera no puede no ser pluralista
en el sentido que el pueblo mismo está compuesto de individuos y
colectivos de opinión e intereses, diferentes unos de otros, es decir la
sociedad es plural. La democracia que corresponde a ese pueblo no puede
no ser pluralista. Como vemos en Chile, habrá muchos partidos, pero en
esencia la democracia es dualista.

Lo de independiente es ya más bien una categoría económica, se es
independiente en la medida de que se es económicamente autónomo, y
también es una categoría ideológica, pues para ser independiente hay que
atreverse a desafiar todos los poderes. Me parece que el conglomerado
que representa tan bien o tan mal el señor diputado no es independiente,
pues ha logrado llegar el parlamento gracias a una dependencia de otro
conglomerado, al que se les vendió la idea de que en los lugares de la
omisión se conseguiría copar los dos cupos que allí se eligen, según la
reglas fijadas por la dictadura. El doblaje no ocurrió y nadie dijo
nada. Se impone el Síndrome de Santiago: decir hay una cosa y mañana
olvidarla y decir otra, acomodamos el pasado al presente o acomodamos el
presente a un pasado, según el momento, desligándolo de todo lo que sea
espinoso, confrontacional, poco importa que la verdad sufra una torcida
de cuello.

La primera frase del segundo párrafo que analizamos es digna de elogios,
parte de una verdad y llega a una conclusión falsa. Es verdad de que en
los casi cien años este partido ha sido parte de todas las luchas por
la justicia social, como también es verdad que ha propiciado muchas
soluciones que no han permitido llegar a esos mismos objetivos, pues en
el fondo siempre se ha dependido de otros. La única vez que estuvieron
cerca de tener su fuerza propia, se movieron hilos desde dentro y desde
fuera para que entre gallos y medianoche el partido de deshiciera de esa
fuerza, de esa política, de esa posibilidad real de conquistar el poder
y transformar de raíz la sociedad. Luego agrega: “miramos el futuro con
alegría y esperanza cierta.” Suena tremendamente lindo, hermoso, pero
tengo mis dudas de que los trabajadores despedidos digan lo mismo; de
que los hombres y mujeres del Chile del Terremoto, las víctimas de
siempre, digan lo mismo; de que los deudores habitacionales, la gran
masa de trabajadores que sobrevive con un indigno sueldo de miseria,
digan lo mismo. El Chile de ellos es un Chile de permanentes dolores y
estos dolores no están lejos de lo político, es más estos dolores
condicionan lo político: o enfrentamos las soluciones ahora o nos
escudamos en evasivas posponiéndolas. ¿Qué alegría puede irradiar el
futuro de un país que no tiene futuro? Cuando en el valle del Huasco
deje de correr el agua, pues la Barrick Gold ha sacado el oro y ha
logrado derretir los glaciares, no habrán viñas, no habrá pisco, no
habrá nadie que pueda sobrevivir allí, en ese futuro no hay alegría.
Salvo que el señor presidente nos este diciendo de que su partido
logrará elegir más diputados en la próxima elección o que luego serán
parte de una concertación ampliada y renovada o cosa por el estilo,
mientras los pobres siguen su drama de no tener otro futuro que no sea
la continuación de su drama.

La última frase de estas tres es de patología. Nada tiene que ver con lo
anterior ni con lo que dijo después. Se supone que quien las dijo, o
las escribió, es, además de todo lo bueno que de él se pueda decir,
escritor. Lo cual nos hace presumir que el hombre sabe poner palabras
juntas y se entiende que sabe la regla de que un punto seguido es la
continuación de una idea expresada antes. Lo que se dice acerca del
arraigo del partido y de cómo este mira el futuro no tiene nada que ver
con la frase que continúa el párrafo, esto desde el punto de vista
gramatical. Lo peor es que es un mensaje subliminal. Una frase suelta,
puesta allí como al descuido y que nos anuncia una verdad sin más
argumentos. Como se decía en mis años de plena juventud: la esencia de
la papa y la papa misma, lo que se busca es incertarse en el sistema
blanqueando el pasado revolucionario del partido, acomodando un pasado
glorioso a las bajezas actuales. Borrando de su historia las partes
donde este partido se la jugó por los cambios que el país necesitaba
para ser de verdad un país independiente y con una democracia
participativa, por ponerle un apellido a la democracia que la acerque a
los intereses de las personas que de verdad hacen el país, sus
trabajadores. Nos habla de la reconciliación, ¡putas qué hace calor
aquí! Le pregunto a los familiares de Pedro Merino, joven comunista,
torturado y asesinado en la ex Colonia Dignidad, si estarían dispuestos a
reconciliarse con los asesinos de Pedro. A los hijos de Gladys Marín
les pregunto si es posible reconciliarse con los asesinos de su padre. A
los familiares de Marta Ugarte les pregunto si se reconciliarían con
los torturadores, con los violadores, con los asesinos, con los que la
tiraron al mar, como si fuera un desecho inmundo y no el ser humano
maravilloso que era. Mi segunda pregunta sería si entendemos que
¿reconciliación sin justicia es nada más ni nada menos que el perdón de
lo imperdonable?

Hablar de reconciliación sin que todos los crímenes sean aclarados ni
los criminales reciban una justa condena a su crimen impresciptible, es
simplemente sumarse al discurso de los asesinos.

Si mil veces venceremos, como dicen los mapuches, mil y diez mil veces
digo no, Yo no tengo ningún familar asesinado por la dictadura militar,
pero sé del dolor que esos crímenes han producido en las familias de mis
amigos y sé del dolor de ya no ver a mi gente, a mis compañeros que
“son más hermanos que mis hermanos” Eso no se lava con olvido, pedir
algo así es pedir que mañana nos vuelvan a derrotar si nos diera la
locura de intentar tomar el poder para ejercerlo en beneficio de la
mayoría y de los intereses del país.

Ahora solamente queda saber si los comunistas que están es su casa
seguirán estando allí haciendo posible que esto ocurra, si los que
militan con este señor gordito piensan de verdad que es la hora del
olvidar lo inolvidable y perdonar lo imperdonable. Chile merece otro
futuro y este depende de nuestras acciones de hoy.

* En estos momentos quince senadores de Chile han propiciado un problema
en vista a que la oposición en Venezuela gane la elección. Sé que este
presente artículo está atrasado y que el señor diputado, autor del
desquicio que comento, ha tenido el mérito de levantar una voz de
discordia contra quince lamebotas. Nada de eso desmerece el presente
análisis, sin embargo, lo nuevo amerita otro artículo y en eso estamos.

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