El imperio manda, las colonias obedecen
por Frei Betto y Joao Pedro Stedile (Brasil)
16 años atrás 4 min lectura
Después de la segunda guerra mundial, cuando las fuerzas aliadas salieron victoriosas, el gobierno de los Estados Unidos intentó sacar el máximo provecho de su victoria militar. Articuló la Asamblea de las Naciones Unidas dirigida por un Consejo de Seguridad integrado por los siete países más poderosos, con poder de veto sobre las decisiones de los demás.
Impuso el dólar como moneda internacional, sometió Europa al plan Marshall, de subordinación económica, e instaló más de 300 bases militares en Europa y Asia, cuyos gobiernos y medios de comunicación jamás levantaron la voz contra esa intervención blanca.
El mundo entero no se inclinó ante la Casa Blanca sólo porque existía la Unión Soviética equilibrando la correlación de fuerzas. Contra ella, los Estados Unidos iniciaron una guerra sin límites, hasta derrotarla política, militar e ideológicamente.
A partir de la década del 90, el mundo quedó bajo la hegemonía total del gobierno y del capital estadounidense, que pasaron a imponer sus decisiones a todos los gobiernos y pueblos, tratados como vasallos coloniales.
Cuando todo parecía calmo en el imperio global, dominado por el Tío Sam, es que aparecen las resistencias. En América Latina, además de Cuba, otros pueblos eligen gobiernos antiimperialistas. En el Medio Oriente, los Estados Unidos tuvieron que apelar a invasiones militares a fin de mantener el control sobre el petróleo, sacrificando millares de vidas de afganos, iraquíes, palestinos y paquistaníes.
En ese contexto surge en Irán un gobierno decidido a no someterse a los intereses de los Estados Unidos. Dentro de su política de desarrollo nacional, instala usinas nucleares y eso es intolerable para el Imperio.
La Casa Blanca no acepta democracia entre los pueblos. Lo que significa que todos los países tienen derechos iguales. No acepta la soberanía nacional de otros pueblos. No admite que cada pueblo y respectivo gobierno controlen sus recursos naturales.
Los Estados Unidos transfirieron tecnología nuclear a Paquistán e Israel, que hoy poseen bombas atómicas. Pero no toleran el acceso de Irán a la tecnología nuclear, incluso para fines pacíficos. ¿Por qué? ¿De dónde derivan tales poderes imperiales? ¿De alguna Convención internacional? No, sólo de su prepotencia militar.
En Israel, hace más de veinte años, Moshai Vanunu, que trabajaba en la usina atómica, preocupado por la inseguridad que eso representaba para toda la región, denunció que el gobierno ya tenía la bomba. El resultado: fue secuestrado y condenado a prisión perpetua, conmutada por 20 años, luego de una gran presión internacional. Hasta hoy vive en prisión domiciliaria, con la prohibición de contactarse con cualquier extranjero.
Todos estamos contra el armamento militar y las bases militares extranjeras en nuestros países. Estamos en contra del uso de la energía nuclear, debido a los altos riegos y al uso abusivo de tantos recursos económicos en gastos militares.
El gobierno de Irán osa defender su soberanía. El gobierno norteamericano no ha invadido militarmente Irán solamente porque éste país tiene 60 millones de habitantes, es una potencia petrolífera y posee un gobierno nacionalistas. Las condiciones son muy diferentes del atolladero llamado Irak.
Felizmente, la diplomacia brasileña y de otros gobiernos se involucró en la contienda. Esperamos que sean respetados los derechos de Irán, como de cualquier otro país, sin amenazas militares.
Queda bregar para que aumenten las campañas en todo el mundo por el desarme militar y nuclear. Ojalá los recursos en gastos militares se destinen, cuanto antes, a solucionar problemas como el hambre que afecta a más de mil millones de personas.
Los movimientos sociales, ambientalistas y entidades internacionales se reunieron recientemente en Cochabamba, Bolivia, en una conferencia ecológica mundial convocada por el presidente Evo Morales. Se decidió preparar un plebiscito mundial, en abril de 2011. Las personas serán convocadas a reflexionar y votar si acuerdan con la existencia de bases militares y que los países del Hemisferio Sur, continúen pagando la cuenta de las agresiones al medio ambiente practicadas por las industrias contaminantes del Norte.
La lucha será larga, sin embargo en esta semana podemos conmemorar un pequeña victoria antiimperialista.
Frei Betto es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso. Joâo Pedro Stédile es un reconocido economista agrario, dirigente del movimiento internacional Vía Campesina.
23/05/10
Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez
* Fuente: Sin Permiso
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