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Tú eres el eslabón de una cadena : Un valor que debiéramos compartir 

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Al nacer, el mundo se nos presenta como un mar de sensaciones confusas, y lo único que sabemos es que algunas satisfacen nuestros deseos y otras no.  Con el tiempo, les ponemos nombre, y aprendemos a distinguirlas extremando los opuestos.  Empieza el mundo del niño en blanco y negro, y nuestros padres y educadores lo suelen poner así como método didáctico.

Después nos demoramos toda una vida en llegar a saber que las cosas no son blancas ni negras, si no grises y con puntitos, y que los opuestos están ligados por una línea de continuidad.  Que hay que aprender a discernir y a matizar en que punto de la línea nos encontramos.

La educación de los pueblos no civilizados, es decir que no tenían ciudades, estaba hecha para vivir en familia, clan y tribu.  La persona, como individuo no tenía mucha relevancia, y sus sentires particulares tampoco.  Se educaba para aceptar la norma del clan, en la que se resumía la sabiduría que había permitido sobrevivir, y no había discusión.  El ostracismo, por no cumplir la norma significaba la muerte, ya que solo, sin clan, no había relaciones humanas posibles.  Es decir todo estaba puesto en uno de los extremos  del eje Individuo/Sociedad.

Al romperse este modo de vida, y crearse la ciudad donde confluyen personas de diferentes clanes y familias, se crean normas de convivencia que imitan las del clan pero ya con un cierto margen de individualidad.

Al llegar al estado actual, que es la glorificación del individuo y sus derechos, llegamos al punto opuesto de donde partimos.  Perdimos el sentido de que pertenecemos a una familia con nombre y apellido, o a un clan que nos podía expulsar y no le hemos dado el sentido de familia al prójimo por el hecho de ser humano, y hacemos lo posible para maximizar nuestro placer individual.  Lo peor es que educamos así a nuestros hijos, no vaya a ser que pierdan la autoestima si les damos una bofetada por pillarlos robando o mintiendo, ya que las dos cosas van generalmente juntas.

Y como no hemos evolucionado mucho en eso de matizar, siempre tendemos a entender las cosas en términos extremos.  O colectivizamos o somos individuos por encima de todo. No hay término medio.  O todo es mercado, o todo es planificación; el que no es proletario, es momio y el que no es amante del neo-liberalismo, es comunista.  Y así andamos alegremente por el mundo etiquetándolo con categorías opuestas, como un sistema binomial cualquiera que es parte de ese pensamiento en blanco y negro.

Y este modo de pensar fructifica porque es simple, no requiere de reflexión, tiene todo aparentemente claro, le da mucho poder a algunos, y justifica todas las irresponsabilidades individuales o colectivas, dependiendo del extremo en que nos encontremos.

Reflexionando un poco acerca de la antinomia individuo versus sociedad, pienso que somos eslabones únicos e irrepetibles de una malla de eslabones que sigue hacia atrás y adelante en el tiempo, y se extiende en las dimensiones del espacio.  Basta que un eslabón falle para que se corte la cadena y se haga más débil el conjunto.  Da lo mismo del color que sea el eslabón, lo importante son sus cualidades de resistencia, resiliencia, y flexibilidad, su temple, y otras características que se pueden traducir a cualidades humanas individuales de entereza, capacidad para sobreponerse a la adversidad, honestidad, sabiduría y sentido común.

Así el eslabón más débil puede hundir a una familia, pero también a una sociedad.  Basta un inspector municipal que no cumpla con su deber y se deje coimear, un maestro de obras que haga una mezcla y le ponga más arena que cemento a la mezcla, un constructor que no controle su obra según el protocolo que corresponda, un calculista que se equivoque en una suma, una inmobiliaria que haga caso omiso del calculista y convenza al constructor de usar vigas más delgadas, un jefe de compras que acepte materiales de calidad inferior o que no se ajusten a las especificaciones, un Ministro de Obras Públicas que no ponga al día la norma o ande  solamente cortando cintas y no controle los proyectos bajo su mando, un Jefe de Obras Municipales que autorice una construcción en terrenos no aptos, y así sucesivamente, para que la cadena se corte, con las consecuencias que todos conocemos.

Más que nunca son importantes las cualidades individuales que le dan fuerza a la comunidad, más que nunca es importante saber que somos solo un eslabón de esta comunidad y que si fallamos, todos  vamos a sufrir.

Me pregunto ¿Dónde se enseña a vivir en comunidad en este querido país? Me encantaría saberlo.  Pero me parece un tema demasiado importante como para dejarlo fuera de las asignaturas obligatorias de la educación.

Además ahora empieza el tema de la repartición de culpas, y me parece que en eso hay que ser prudente porque hay que investigar la cadena completa antes de condenar a nadie.
Marzo 2010

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