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El consumidor chileno, desamparado, es el esclavo del siglo 21 

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La resultante del  lavado de cerebro, al cual han estado expuestos los chilenos, ha sido que el modelo económico vigente en Chile es considerado intocable.

La televisión y la prensa escrita, bajo el garrote de los gastos de publicidad de las grandes  empresas, han sido factores principales de esta falacia, censurando  las graves falencias del modelo de libre mercado aplicado en Chile.

Así  es como llegamos al “trabajador esclavo” que junto al “esclavo económico”, correspondiente al consumidor agobiado por las deudas de consumo que tienen  costos siderales, conforman una situación vergonzosa, resultante del modelo económico muy particular aplicado en Chile, que ha permitido generar los “esclavos del siglo 21” en este país.

Repetir insistentemente una falsedad, o verdades a medias, como si estas fuesen correctas, hacen que esta falsedad llegue a ser aceptada como correcta.

Este es el caso de las bondades del modelo económico de libre mercado que fue aplicado en forma muy particular en Chile por un grupo de economistas adoctrinados en la Universidad de Chicago y que por las verdades a medias sus falencias no se hacen públicas.

 Las bondades -no sus falencias- del modelo económico  han sido repetidas hasta el cansancio y  la mayoría de los chilenos han llegado a creer que es la panacea para el país.

Las “bondades” del sistema han sido además  hábilmente explotadas y respaldadas por cifras macroeconómicas que colocan a Chile en un sitial destacado en Latinoamérica. Resultado de este lavado de cerebro, al cual han estado expuestos todos  los chilenos, ha sido que el modelo chileno es  intocable.

La televisión y la prensa escrita, bajo el garrote de los gastos de publicidad de las grandes  empresas, han sido factores principales de este lavado de cerebro que han sufrido los chilenos, evitando hacer públicas las grandes falencias del modelo de libre mercado aplicado en Chile.

Este modelo económico, a medida que ha transcurrido el tiempo, ha demostrado graves falencias a nivel microeconómico (empresas) y a nivel “nanoeconómico”1 (consumidor final) que han alterado la economía chilena en beneficio de unas pocas personas y en perjuicio de de la gran masa de chilenos que muy  poco se han beneficiado con los “cacareados” resultados macroeconómicos.

Los partidarios del modelo económico de libre mercado chileno hacen supuestos, muy lejos de la realidad, en lo que se refiere a la forma como se llevan a efecto  las operaciones de compras y ventas entre empresas. (No entre la empresa y el consumidor final).

Dentro de estos supuestos, alejados de la realidad, es que ninguno de los actores en estas transacciones tiene poder para influenciar en los precios de las operaciones de compra y venta entre empresas.

Otro supuesto apartado de la realidad chilena lo encontramos en la supuesta” igualdad de oportunidades” de precios y condiciones que tienen los participantes en las transacciones entre empresas proveedores y empresas compradoras..

Igualmente lejano a la realidad está el supuesto que aquellas empresas que compran y venden entre ellas están perfectamente informadas de los precios y condiciones de este mercado mayorista.

La explicación para justificar los supuestos errados que hacen los partidarios del actual modelo de libertinaje de mercado que impera en Chile, podría ser su falta de experiencia  práctica en estas transacciones en el país y por el hecho que su fuente de conocimiento se encuentra en textos económicos escritos en países como EE.UU.

EE.UU. es un país donde están  reglamentados los principios que rigen las  transacciones entre empresas compradoras y vendedoras, donde se le dan igualdades de oportunidades de precios y condiciones a todas las empresas compradoras.

La consecuencia de las falencias microeconómicas  y “nanoeconómicas”,  propias de la  economía de libre mercado implementada en Chile, están en la significativa concentración que se ha producido en el último eslabón de la cadena de comercialización en él cual se relacionan consumidores con la empresas comercializadoras minoristas (“retailers”).

Esta concentración de los “retailers” minorista ha sido posible por la deficiente implementación; en la década del 70 en Chile, de un modelo económico de libre mercado,  que ha permitido que las empresas comercializadoras en vez de desarrollarse en base a su mayor eficiencia interna, se han desarrollado sobre la base de un desmedido poder de compra el cual han aplicado con  brutalidad sobre la mediana y pequeña empresa.

Los beneficios de las brutales políticas de compras de estos retailers,  no se han transferido para beneficio del consumidor2, sino que han servido de base para financiar  proyectos como ha sido el “Costanera Center”3.

Esta concentración del “retailing” ha originado una compleja relación entre los grandes retailers compradores y sus proveedores,  dada la creciente dependencia de estos últimos de los grandes  “retailers”.

Esta compleja relación se hace presente con variados grados de aplicación y depende finalmente de la imaginación de los agentes compradores para extorsionar al proveedor.

En una primera etapa las condiciones “especiales” se centran en la disminución directa o indirecta de los costos de la mercancía adquirida, por ejemplo disminución de precios, aumentos de los plazos de pago al proveedor, aumento de precios del proveedor que son diferidos en el tiempo, garantía que el proveedor les  venderá con precios inferiores a la competencia, etc.

En una segunda etapa el comprador le impone al proveedor que pague gastos que son propios del adquirente, tales como la publicidad del comprador, arriendo de espacios en los anaqueles,  costo de reponedores del local de venta, descuentos por mermas inexistentes y promociones especiales, obligándole a un aporte gratis de los primeros inventarios de nuevos locales, etc.

En una tercera etapa,  la más sofisticada, el comprador exige al proveedor  que niegue la venta a otros “retailers” que no se ciñan a un precio de venta al público prefijado y determinado por el comprador y no el proveedor.

Generalmente, la empresa “compradora” (cadena de farmacias, tiendas por departamentos, cadenas de ferreterías, cadena de supermercados, etc.)  determina los precios de venta al consumidor final  los que el proveedor deberá imponer a sus otros compradores mas pequeños. Es así como se materializa la concertación de precios indicada en el párrafo inicial. Además, el “retailer” puede imponer al proveedor la exclusividad de ciertas líneas de productos, por ejemplo cierto modelo de refrigerador, lo que le permite  imponer sus  precios de venta al consumidor. En resumen la triquiñuela de los inescrupulosos compradores de los “retailers”  tienen las siguientes políticas:

  • Aumentan los precios de venta al público de los productos del proveedor, presentándole como el controlador de precios sin que ello sea verdad.
  • Disminuyen su costo de compras a los proveedores a través de rebajas unilaterales de precios, descuentos abusivos, plazos mayores, etc.
  • Traspasan cuanto gasto les sea posible al proveedor, como publicidad, descuentos de promociones, arriendo de espacios en estanterías, etc.

La estrategia de crecimiento de las empresas “retailers” tiene por  corolario el aumento de la participación dentro de las ventas que hace un proveedor, haciéndolo a este más dependiente y vulnerable en la mesa de negociación,   haciéndolo dependiente de los “caprichos” más inverosímiles que puedan surgir en la mente de compradores sin miramientos.

Un alto grado de dependencia de una empresa proveedora abre paso a lo que podemos denominar textualmente una “empresa esclava” que  para sobrevivir  presiona sobre  sus “stakeholders”4, entre ellos sus trabajadores cuyos costos debe de reducir a niveles de supervivencia, si no la quiebra de la empresa es irremediable.

La sobreoferta del factor trabajo derivada del modelo aplicado en Chile y las medianas y pequeñas empresas que pasan a la categoría de “empresas esclavas”, pasan a ser estos los factores determinantes para la generación del “trabajador esclavo” que es remunerado con el mínimo para una precaria subsistencia.

Así  es como llegamos al “trabajador esclavo” que junto al “esclavo económico” correspondiente al consumidor agobiado por las deudas de consumo que tienen  costos siderales, conforman una situación vergonzosa resultante del modelo económico muy particular aplicado en Chile, que ha permitido generar los “esclavos del siglo 21” en Chile.

4 Stakeholders: Los entes que se reparten el Valor Agregado que genera una empresa que esta representado por los trabajadores, los accionistas, los ejecutivos, el Estado y el Valor Agregado Residual que se reinvierte en la empresa.

Santiago, diciembre de 2009.-

-El autor es M.B.A. de la Universidad de Stanford, EE.UU.

e-mail del autor: samsinga@gmail.com

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