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Chile: Informe y análisis político del ejecutivo provisorio del MPT

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“Sólo nos queda  una cosa que perder: perder la paciencia”.
D.V.

CONTEXTO Y CRISIS
La crisis capitalista en curso, cuya esencia es económica, financiera, alimenticia, energética, medioambiental y militar, cae sobre los hombros de los pueblos y los trabajadores del mundo destruyendo fuerzas productivas, trabajo, materias primas y naturaleza. Según la OIT, a fines de 2009 la cesantía global puede alcanzar la friolera de 250 millones de personas. Sólo en Chile, ya son más de un millón los trabajadores sin empleo, pese a los programas sociales del gobierno y las inyecciones de recursos provenientes del ahorro fiscal acumulado durante el período de bonanza del precio del cobre a las constructoras, colocaciones bancarias, la industria salmonera y la minería.

Lejos de políticas desarrollistas o de la reestructuración de algún tipo de Estado Benefactor, la profundización asimétrica de las  relaciones capital/trabajo en el período -totalmente descompensadas a favor del primero- forman la estrategia  del bloque de Estado para hacer pagar los efectos de la crisis a las grandes mayorías. El fenómeno internacional se expresa en Chile no sólo con el desempleo galopante, sino que a través del empeoramiento general de las condiciones de vida de la población, la intensificación de la explotación y la precarización de las condiciones laborales.

Chile, ya en recesión –su crecimiento hacia el término de 2009 será negativo-, comienza a manifestar un déficit fiscal estructural; las exportaciones en mayo de 2009, en comparación con el mismo mes de 2008, se desplomaron un 30 % en la minería cuprífera (el cobre representa el 55 % total de las exportaciones del país); la pesca industrial un 24 %; 6 % el sector frutícola, y 4 % el sector maderero. A lo anterior se agrega la crisis de la producción salmonera –que con argumentos asociados al riesgo del negocio se le ha negado crédito bancario- , mientras  la industria lechera ha caído un 30 %.

Asimismo, los analistas del poder ya auguran para el país un estado de deflación económica cuando termine el 2009, es decir, un IPC negativo de alrededor de -1,2 %, fenómeno que concretamente se traduce en un exceso de oferta (abarrotamiento de mercancías cuyo valor no se realiza); disminución drástica de la producción; aumento de la cesantía; y caída de los salarios. La deflación en Chile no ha existido desde 1935.

Pero como suele ocurrir en las crisis capitalistas, no todos pierden. Tanto el negocio de la banca, como el de los gigantes del retail o venta al detalle, han aumentado sus utilidades a contrapelo de los demás sectores económicos.

EL IMPERIALISMO
A escala internacional (en la época del denominado capitalismo tardío, caracterizado por la financiarización planetaria de la economía y la preeminencia del capital monopólico financiero, el comercio mundializado a favor de los de los Estados corporativos centrales en una relación de  subordinación respecto de la periferia mundial y sus clases tutelares absolutamente dependientes del capital transnacional), el imperialismo norteamericano sostiene las guerras y ocupaciones militares en el pueblo iraquí, afgano, pronto paquistaní; el apoyo al gobierno de Israel contra el pueblo palestino; y las tensiones con Irán y Corea del Norte. En niveles distintos, pero siempre dentro de la estrategia imperial de mantener su supremacía militar y el dólar  -pese a su debilidad relativa y a la descomunal deuda privada y pública de Estados Unidos que, hasta hoy, ha sido paliada por la economía China-, también ha reactivado la IV Flota y la instalación de bases militares de última generación en varios puntos de América Latina. Al respecto, más allá de las diferencias políticas más o menos matizadas que pudieran esgrimirse desde el socialismo anticapitalista en relación a los gobiernos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y otros, lo cierto es que la impronta nacional desarrollista de dichas administraciones  contradice en términos macro los intereses imperialistas en la Región y crea condiciones que no hacen desdeñar las posibilidad de que el Pentágono aliente pugnas al interior de las clases dominantes de algunos países latinoamericanos, tendientes a fortalecer el arco enemigo de los pueblos formado por México, Colombia, Perú y Chile. Las guerras comportan la herramienta última y clásica que ha empleado el capitalismo para resolver sus crisis mayores, aniquilar población, conquistar nuevos mercados, aminorar el desempleo y superar la sobreproducción tanto de la industria armamentista como de las demás a la hora de las reconstrucciones post-bélicas.

CHILE
Políticamente en el país, el bloque de Estado que domina, constituido por la Alianza por Chile y la Concertación, continúan ofreciendo la gobernabilidad necesaria para la reproducción de patrón capitalista fundado en el modelo monoexportador de materias primas (cobre, madera, industria pesquera), y plataforma de servicios financieros y empresas hacia una fracción del Continente (industria de la celulosa, Wal-Mart, banca, alimentos). Asimismo, la organización del trabajo está determinada por la subcontratación, la tercerización, el comercio formal e informal, y las pymes proveedoras del gran capital donde se concentra casi un 80 % del empleo. Lo anterior atenta dramáticamente contra las posibilidades de un sindicalismo fuerte y deliberativo. Los factores de alienación dominantes se erigen sobre el control hegemónico de los medios de comunicación de masas (generadores de consenso y de la llamada “opinión pública”), la cooptación, el sobreendeudamiento, la represión y el miedo. Al respecto, empleando brutalmente sus atributos estatales, la Concertación ha elevado objetivamente los niveles de represión policial contra todo asomo de descontento social organizado, criminalizando las luchas de los pueblos y los trabajadores, como ha ocurrido y ocurre con los asalariados de Codelco, los pescadores artesanales, los estudiantes secundarios, los deudores habitacionales, periodistas y los mineros de Tambillos, entre muchos ejemplos que ilustran la ofensiva del capital para cautelar la “paz social” requerida para el buen movimiento de la ganancia y la proyección internacional de una imagen de país “pacífico” con el fin de integrarse a la OCDE y atraer inversionistas.

Si bien puede hablarse de una crisis de representación de la democracia de los que mandan, ello, por sí solo, no significa en caso alguno el fortalecimiento espontáneo de las fuerzas sociales destacadas para producir las transformaciones capaces de jaquear los intereses del capital y la supremacía de la apropiación privada de la producción social de la riqueza. El descontento social proveniente de la mala vida busca todavía salidas no colectivas, y en términos políticos, se hinca en la indolencia y soluciones individuales frente a la dominación de clase.

El agotamiento de sentido de una Concertación de 20 años en el Ejecutivo se ha expresado mediante desprendimientos y reordenamientos por arriba. De acuerdo a los resultados de la encuesta CEP, sumando y restando, es probable que nuevamente la componenda en el gobierno logre la ventaja suficiente en la segunda vuelta electoral presidencial en virtud de la exitosa táctica emprendida por el candidato Marco Enríquez Ominami, y la ampliación de la Concertación hacia la izquierda tradicional liderada por el Partido Comunista a través del pacto parlamentario recientemente firmado. El viejo reformismo obrero, al igual que en muchos países de Europa, en los hechos, quema sus naves en la fórmula de romper la exclusión de su representatividad en el Legislativo, procurando su sobrevivencia legal, por un lado, e incluyéndose en la que han dado por llamar “nueva mayoría”. Esto es, el PC rompe la exclusión respecto de la Concertación para intentar ingresar simbólica y adjetivamente al Parlamento. De esta manera, el gatopardismo concertacionista obtiene una nueva victoria mediante la ilusión de la extensión política al interior de su trama, y suma los votos necesarios para mantenerse un nuevo período en La Moneda. Una vez más la consigna “todos contra la derecha” se agita a través de la burocracia estatal y las expresiones políticas existentes fuera de la Alianza por Chile. En este caso, más nítidamente que antes, el PC se confunde con la fracción del bloque de Estado aparentemente más democrático. Con el PC dentro de la Concertación, la legitimidad, ancho y gobernabilidad de la componenda en el Ejecutivo se fortalece a costa de los intereses históricos de los pueblos y los trabajadores. Sin excepción,  los programas presentados por los distintos candidatos presidenciales apuntan, en el mejor de los casos, a reformas cosméticas que mantienen intocados los intereses centrales de la minoría en el poder, lo cual ilustra concertadamente una derechización de las expresiones políticas “oficiales”.  Queda así un enorme trecho político asociado a la genuina sensibilidad de izquierda en Chile, ahora sin referencias claras y huérfano de continente político.

Al respecto, la incorporación del PC a la Concertación resulta extraordinariamente funcional al articulado en el gobierno, es decir, a los intereses estratégicos de la burguesía y el imperialismo en Chile. La política de la alternancia ilusoria dentro del mismo bloque de Estado se consolida transitoriamente y a la vez, se opacan las posibilidades de la Alianza por Chile de encabezar  el Ejecutivo.

EL MPT
En términos generales, la contradicción esencial del período se expresa mediante la hegemonía de los intereses  del capital transnacional contra las posibilidades de recomposición del complejo de fuerzas sociales llamadas a destruir las relaciones capitalistas de vida. La contradicción capital/trabajo; dictadura de la burguesía versus gobierno de los trabajadores y los pueblos; barbarie versus socialismo anticapitalista, continúan estando a la orden del día mientras no se destruyan las bases nucleares que construyeron ese propio movimiento de relaciones de clase y dominación.

En la coyuntura, el surgimiento del MPT interviene potencialmente para crear las fuerzas sociales organizadas para descomponer la fórmula de la alternancia de los que mandan e imponer la urgencia de la alternativa. Esto quiere decir que, frente a la dinámica de la alternancia por arriba, el MPT está llamado a construir la alternativa desde abajo. El MPT se constituye “desde el pie” y no “desde el tejado”.

El MPT aún no cumple  tres meses de vida. Pero su sola existencia hace trizas en los hechos la fatalidad de la dispersión de los diversos empeños anticapitalistas; atomización tan funcional para la minoría que manda. El MPT no sólo debe multiplicarse territorial y sectorialmente; no sólo debe hacerse uno con el movimiento real de los pueblos y los trabajadores sobre la voluntad de participar-conduciendo; no sólo debe volverse visible en las luchas auténticas y más sentidas del pueblo profundo. Sobre todo, potenciando su convicción de poder y mayorías, debe concentrarse en su incorporación al conjunto de luchas multidimensionales que  enfrenta la voracidad destructiva del capital.

En el actual período de desventaja transitoria de los intereses organizados del pueblo trabajador, el MPT tiene el deber de imponerse el crecimiento incesante entre los polos de pueblo agrupado en miles de expresiones, a lo largo y ancho del país; crecer hacia abajo y hasta los límites dibujados por los principios y plataforma de lucha acordadas. El MPT es el instrumento político mandatado a revelar en la práctica la pirotecnia de la ilusión burguesa y sus estrategias de control, dominio y expoliación, por un lado, y convertirse,  paso a paso, en el referente federado y unido de la izquierda anticapitalista chilena, por otro. Probablemente, las tareas asociadas a dichos objetivos no concurran con la velocidad deseada. Sin embargo, ya podemos decir que contamos con la fuerza mínima, con el motor de arranque que hace tres meses no teníamos para vigorizar, promover y participar-conduciendo los venideros procesos de lucha de clases explícitos gatillados por los efectos de la crisis capitalista en el país.     

¡Unidad, organización y lucha!

Ejecutivo Provisorio
Movimiento de los Pueblos y los Trabajadores – MPT

Junio de 2009

– Enviado a piensaChile por Andrés Figueroa

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