El golpe mediático contra la izquierda allendista
por Iván Díaz L. (Chile)
17 años atrás 5 min lectura
Un repentino Enríquez-Ominami aparece en pantalla. En plano americano, mira directo a la cámara y pronuncia su texto:
"…nací en 1973, soy hijo de un revolucionario. Ese señor, Miguel Enríquez a los 24 años era protagonista de su historia y de su generación". A continuación Enriquez-Ominami hace un llamado a los jóvenes a asumir el rol protagónico que les corresponde hoy día.
El que Miguel Enríquez haya dado su vida por una causa diametralmente opuesta a la que postula hoy el programa de Marco Enríquez-Ominami es un detalle que se omite para no revelar la grotesca contorsión que va del revolucionario al díscolo.
Como efecto secundario, su llamado deja en evidencia su inidferencia frente al protagonismo que la juventud chilena asumió ya hace bastante rato. Por mencionar sólo un ejemplo, la revolución pingüina demostró una capacidad de lucha y organización que se distancia años luz de la propaganda de la Concertación, sobreidentificando asimismo el abismo que separa a gobernantes de gobernados. Y es que el llamado de Enríquez-Ominami no es para hacer una revolución como la de los pingüinos y en ningún caso como la de su padre. Acá Miguel es sólo una ilustración que Marco introduce como la expectativa que necesita para su campaña electoral que más tarde va a ser desechada y reemplazada por otra menos confilctiva con los poderes fácticos.
Una campaña que arranca inmediatamente después de que la izquierda extraparlamentaria redefine el espectro político y proclama a sus candidatos y candidata cuyos programas de gobierno estarían más cerca de Miguel que de Marco.
Para minimizar el impacto que la reorganización de fuerzas de la izquierda allendista ha tenido sobre la población, el duopolio político Alianza-Concertación ha concertado un gran alboroto comunicacional ensartando a un espantapájaros en el centro del campo de batalla electoral convirtiendo a Marco -desde la nada misma- en el candidato chiche de lo medios oficiales, alternativos y de derechas.
Toda la cobertura para Marco parece ser el lema de una colusión mediática de facto que intenta contener el desbande de los desencantados de la Concertación e impedir que levanten el moño y miren más allá del borde de su propio plato. Por ejemplo hacia la izquierda allendista.
Con Enríquez-Ominami se introduce un ruido insoportable en el circuito de la información electoral con el inconsistente argumento de "refundar" la Concertación, confrontando al electorado con la siguiente paradoja: la Concertación se agotó, vote por la Concertación. Lo "novedoso" de esta falacia es que la Concertación desempolva a su propio rebelde y en un número de ventriloquismo lo hace recitar en los patios de palacio sobre un tablero que ya casi se daba por perdido, invocando a un mito, nada menos que a la persona Miguel Enríquez el que recortado del contexto histórico aparece ahora pegoteado decorando a la Concertación.
La puesta en escena de un locuaz Che Guevara del new economy cosechó, en su primera semana de actuación, los aplausos de una amplia clientela que abarca desde los nuevos ricos empresarios pepedés hasta el gremialismo quienes no ven en el programa de Marco amenazas a los priviliegios del establishment, al que Marco también pertenece; a esa apoltronada posición que empieza en la centroizquierda aburguesada y termina en la derecha con la que primos, parientes y hermanos sellaron pactos secretos, cohechos, chantajes y encomiendas, y a la que la Concertación devolvió la mano desarticulando el movimiento popular para garantizar el normal funcionamiento de las tetas en las que el binomialismo Alianza-Concertación tienen enterrados los colmillos hasta el tuétano.
Pero también porque en este duopolio politico dominante ya cundió el pánico frente a la posibilidad de un destete que se plantea desde el escenario de los candidatos extraparlamentarios. Por esta razón la prensa sin excepción, asesta un golpe mediático levantando un cerco informativo implacable en contra de los presidenciables allendistas . Nada se sabe de Jiles, Arrate o incluso Navarro. Simplemente no existen. La dictadura comunicacional les arrebató el micrófono, les pateó las cámaras y los hizo desaparecer del debate electoral para dejar en el aire el afónico monólogo de Marco en primer plano; reforzado por encuestas arregladas -como la del mismísimo Enrique Correa- que cada cinco minutos emite verdaderos bandos con excelentes noticias para la familia real con un desparpajo tan descarado que el propio Frei ha tenido que salir a desmentirlas.
En la película "Chile, Los héroes están fatigados" dirigida por Enríquez-Ominami sobre la vida política de Miguel Enríquez; el relato en off de Marco, afirma: "…mi herencia está ahí, dentro de esa combatividad y audacia".
Pero en el libreto de Marco no se ven signos de combatividad ni de audacia, ni hay soluciones estructurales urgentes a la crisis sistémica que provoca inequidad. Sus planes de privatizar lo que queda del Estado sólo legitima la desigualdad y desmiente lo que acaba de reconocer como su herencia.
La privatización de cielo, mar y tierra es una "obra" inconclusa heredada de la dictadura que la Concertación ha tenido que ir completando en casi 20 años de hegemonía, ejecutándola según el dictado de la derecha. Para poder terminar de construir su catedral neoliberal, la oligarquía chilena exige sacrificios que en esta última fase han llegado a ser ofrendas en sangre de chilenos.
En este contexto, la audacia que Marco reclama para sí como herencia, vendría más bien de la izquierda allendista que propone de frentón una asamblea constituyente y la nacionalización de los recursos naturales. Audacia que le ha significado el amordazamiento en el paisaje mediático, el que por el momento invierte toneles de tinta y millones de gigabytes en un "fenomenológico" 10%.
Cegada por el resplandor del oro y afiebrada de poder, la clase dominante chilena oficial y alternativa perdió todo recato y control vendiendo a su último peón como máxima atracción en la feria de repartijas entre la Concertación y los fachos. Al menos ahora sabemos de buena fuente y en detalle los tejes y manejes de la corruptela de turno. De todas maneras se le agradece la entretención a Enríquez-Ominami y también el que haya abierto desde adentro la ventanuca del muro que separa al Chile real del Chile imaginario de la élite política y darnos la posibilidad por unos minutitos de echarle un vistazo a la atmósfera de manicomio desde la que somos gobernados.
Mayo/2009
– El autor es Licenciado en Artes Plásticas
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