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Cada año peor se profundiza más el marasmo de la educación chilena 

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La PSU se ha convertido en el barómetro de cruel inequidad de la educación chilena: en vez de acortarse la distancia entre las escuelas para pobres y aquellas para ricos, se agranda; la educación en Chile sólo sirve para reproducir una monstruosa casta, que solo el extremo borreguismo de los connacionales ha permitido que continúe persistiendo en la más perfecto de las inmovilidades.

El debate crítico del Centenario estuvo marcado por el tema de la educación: las obras de Alejandro Venegas y, posteriormente, las de Francisco Antonio Encina, Enrique Molina, Luís Galdames y Darío Salas, entre otros, todos ellos denunciaron que en Chile había un 75% de analfabetos, la mayoría de los niños desertaba de la escuela, los profesores eran profesionales de otras carreras, que ignoraban las ideas más elementales de la didáctica – por ejemplo, historia la enseñaba un abogado o biología un médico-; la clase consistía en una mera repetición de un cuaderno que el profesor leía a los alumnos. Los directores y profesores eran apitutados, nombrados por el Partido Radical. Recién había salido una promoción del Pedagógico y aún no daba sus frutos.

Valentín Letelier denunciaba que la educación particular era una empresa lucrativa y que le correspondía al Estado la enseñanza, con el fin de impartir los valores republicanos. Es cierto que hoy hemos avanzado en una cobertura de casi un 100%, en educación básica y media, sin embargo, hemos retrocedido en un siglo respecto al deber del Estado que es educar. El criminal del hermano de Sebastián Piñera, que repitió las monsergas y estupideces de los neoliberales, con algunos ribetes de tomismo, sostuvo que el Estado debe ser subsidiario y la educación corresponde a los padres de familia, que deben poseer un voucher, en que cada cual comprara el cupo en el establecimiento que mejor le pariera para sus hijos.

En el mundo es famoso “el paquete chileno”, un tipo de fraude atribuido a esta nación. Chile ha vendido dos paquetes y no sabemos cuál de ellos más mortífero e infectado: el de las AFP y el de la supuesta libertad de educación, dos imbecilidades que se pudieron imponer porque este desgraciado país tuvo el lujo de tener entre sus hijos al más  rastrero, bastardo ladrón, cobarde y canalla, que haya visto nacer esta tierra. Para colmo, no faltan los cándidos que van a votar por la derecha.

Los ministros de Educación de la Concertación, al igual que las vírgenes necias, siempre pecan por omisión, por excesiva prudencia que, en este caso, no es una virtud de la inteligencia, sino de la cobardía, jamás pudieron o desearon restaurar el Estado docente. En estos casi veinte años de gobierno la educación sigue siendo la mejor expresión del Chile segregado, y la instrucción pública está a punto de desaparecer, lo que constituye una verdadera cachetada a Valentín Letelier.

Sólo los tontos creen que el mercado es un justo distribuidor de los bienes y que funciona a la perfección. Ahora, ninguno de los apologistas neoliberales de la Concertación se atreve, siquiera, a repetir las estulticias que, desgraciadamente, para ellos están en los libros de panegíricos al neoliberalismo. El mercado, en vez de traer riquezas y oportunidades, hoy tiene que suplicar al Estado que los salve.

Entre los desaciertos de la reforma educacional de Augusto Pinochet, uno de los más nefastos fue la municipalización de la educación, que no tiene nada que ver con la desconcentración, la descentralización, ni mucho menos con la regionalización; sólo las municipalidades ricas pueden dar buena educación, y las pobres y comunas rurales, de muy mala calidad. Por ejemplo, Putre y Paiguano, con el más bajo puntaje nacional, son comunas rurales, muy alejadas del centro de Chile. En la Región Metropolitana, los peores resultados se ubicaron en Pudahuel, San Joaquín y Peñaflor. Esta comprobación de la realidad educacional no tiene nada de nuevo: en 1910, el profesor Venegas denunciaba el mismo problema, agregando la corrupción de las municipalidades más grandes y ricas – situación que hoy también comprobamos-.

La segmentación social se ha radicalizado entre PSU del año anterior y la del presente año: el 75% de los chilenos que ganan menos de $250.000, uno de cada diez estudiantes logró, apenas, 600 puntos; sólo el 47,58% de los alumnos de las escuelas municipales puede postular a universidades del Consejo de Rectores, contra el 91,41% de las escuelas particulares pagadas. De los diez mejores colegios, sólo hay uno municipal – el Instituto Nacional-, la mayoría de los otros es del Opus Dei y de los Legionarios de Cristo, algunos de religiosos, como el Verbo Divino y el San Ignacio. ¿Hay alguien que pueda dudar que con este sistema educacional se reproducirá la casta, por siglos infinitos? Chile seguirá siendo siempre el país miserable de escuelas para ricos y para pobres, clínicas para ricos y hospitales como el matadero de los desposeídos.

¿Cómo va a ser posible la igualdad si la educación se compra y se vende? En los colegios privados, cada alumno cuesta, nada menos, que $350.000 mensuales, que los pagan los padres de familia; en las escuelas municipales, el Estado apeas aporta $35.000, lo que equivale a diez veces menos;  si a eso se suma la calidad de los profesores y el medio social que rodea a los estudiantes, el abismo se hace cada día más brutal e insoportable. En la película “Machuca”, el padre del protagonista, en una frase, resumió toda verdad: “tu amigo será gerente y tú siempre lavarás el piso”. Esto no ha cambiado un ápice en veinte años.

El aprendizaje no está centrado solamente en el aula: la escuela fue el modelo de los  siglos  XIX y XX, la tarea de hoy es destruir la escuela tradicional y hacer de la educación un proceso continuo, permanente y cuyo ámbito sea la transformación de la realidad. Las escuelas de pedagogía, hasta ahora, han enseñado a recopilar información, para que luego sea transmitida, como si estuviéramos en plena Edad Media. Hoy se exige no enseñar, sino enseñar a aprender: se deben privilegiar los aspectos del ser humano, es decir, la indagación, el espíritu crítico, la comparación, la asociación y el análisis-síntesis.

Si contáramos con ese tipo de alumnos, hace mucho tiempo que las castas estarían en el basurero de la historia. Al igual que en el desarrollo de la lucha por la ley de Educación Primaria Gratuita y Obligatoria, los parlamentarios que legislan no quieren tomar el toro por las astas. 

¿Qué hacer entonces? 

  1. Escuelas pedagógicas de la más alta calidad, que acoja a los mejores especialistas del mundo en educación liberadora, a fin predominio a la educación científica de los profesores. Está comprobado que las carencias principales de los profesores de básica y media no radican en la didáctica, sino que en la supina ignorancia respecto a las ciencias que enseñan. El profesor debe ser, siempre, un indagador y debe estar continuamente actualizado en la materia científica que le corresponde impartir. Seamos claros: en este tema, las universidades chilenas son pésimas y no pueden ser comparadas con ninguna universidad de calidad en el mundo.
  2. El profesor no puede seguir siendo un ser despreciado por la sociedad, un empleado público de baja graduación, sino que debe ser considerado como un constructor de la patria, tal cual lo eran los normalistas. Su sueldo debe ser equivalente al más alto nivel de los  demás profesionales. Si se lee la historia de la educación en Chile, se comprobará que, en 1910, un profesor ganaba menos que un inspector de ferrocarriles.
  3. La escuela debe dejar de ser un latifundio, un reinado del director y una ubre permanente para el enriquecimiento del dueño. La conducción de la escuela será democrática, igualitaria y participativa: todos los agentes,  director, profesores, padres, apoderados, alumnos y funcionarios deben participar en la gestión y dirección.
  4. Definición de una nueva Constitución en que se elimine la idea de Estado subsidiario y se agregue que el Estado debe proporcionar educación de calidad a todos los habitantes, pudiendo ser exigido este derecho ante los Tribunales de Justicia.
  5. En ninguna escuela pública chilena podrá existir la selección de alumnos: la educación debe ser completamente igualitaria, sin  ningún tipo de discriminación.
  6. Se termina con la educación bajo la tutela de losa municipios y se promueve un Estado docente descentralizado.
  7. La educación es laica, libertaria e igualitaria.
  8. Se considera un atropello a los derechos humanos la segmentación educacional.

23/12/08

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