Doña Peque da una entrevista a Poder y Placer, la nueva revista de José Pomacusi (el ex capo de los informativos “honestos” de Unitel, ahora en PAT). Dice doña Peque que le molestan las intromisiones extranjeras en nuestro país. Obviamente no habla de “la embajada” de la avenida Arce, sino del diabólico Hugo Chávez. Mientras tanto, a escasos kilómetros, en Perú (en la zona de Ayacucho) desembarcan 111 militares gringos para iniciar una operación autodenominada de ayuda humanitaria y bautizada como Nuevos Horizontes.
Los “milicos” estadounidenses dicen que se dedicarán a perforar pozos de agua, reparar escuelas y ofrecer asistencia médica a los peruanos de las montañas del Vrae, en Ayacucho, una zona cocalera conocida por haber albergado a Sendero Luminoso (todavía andan por allá unos 300 guerrilleros). Lo que extraña (pensando con ingenuidad) es que para arreglar escuelas y regalar consultas médicas, los gringos llegan cargando fusiles de largo alcance M 16 y ametralladoras de combate MAC.
“Casualmente” esta llegada de los gringos humanitarios con M16 (con el rechazo de la oposición que habla de intervención militar extranjera y operativos de entrenamiento militar camuflados) se desarrolla cuando se habla ya del traslado de la base de Manta de Ecuador a territorio peruano dentro de los nuevos planes de la IV Flota estadounidense. EE UU vuelve a patrullar, como titula el número de junio de la edición boliviana de Le Monde Diplomatique. Por cierto, no sólo se pretende “colombianizar” Ayacucho, sino que también en Iquitos, en la amazonía peruana, hay militares estadounidenses, obviamente también en “ayuda humanitaria”.
¿Se imaginan si Chávez mandara militares a Beni, Pando o Santa Cruz en “ayuda humanitaria” cargando M16 y ametralladoras de combate? ¿Qué diría Doña Peque? ¿Y “Tuto”?
Afortunadamente, en Bolivia, la única intervención extranjera visible está en manos de cubanos, que no traen ni fusiles ni ametralladoras. Traen ilusión y un espíritu internacionalista a prueba de balas. Son casi dos mil médicos que operan gratis, curan con cariño caribeño y se hacen querer, incluso en zonas y barrios abiertamente opuestas al gobierno de Evo Morales. Y traen profesores que ya han enseñado a leer a más de medio millón de personas, todas humildes, en el exitoso programa “Yo sí puedo”. Y no es “ayuda humanitaria”, es solidaridad con letras mayúsculas, a cambio de nada. Ni siquiera a cambio de instalar una base militar, solo quieren que Bolivia y el mundo sean un lugar más justo para vivir. Como todos, o casi todos.
* Fuente: Radio Erbol
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