¿Qué hacer con la prepotencia y autoritarismo del senador Camilo Escalona?
por Hernán Montecinos (Chile)
17 años atrás 5 min lectura
Frescas están las imágenes del incidente entre los senadores Camilo Escalona y José Antonio Gómez, al momento del triunfo de Eduardo Frei, para ser ungido como abanderado de la Concertación en las próximas elecciones presidenciales
Por cierto en momentos como esos -tensos por su propia naturaleza-, la prudencia tenía que entrar a jugar un papel fundamental. Lamentablemente, no fue así, fuimos testigos de la salida de madre de Escalona quien, sin ninguna consideración por el vencido, protagonizó un torpe acto de provocación impropio para la dignidad de su alta investidura.
Pero, digámoslo con claridad, esto no fue un hecho casual, del momento que Camilo Escalona, de un tiempo a esta parte, ha venido actuando como un verdadero “matón de barrio”. Su máxima, “o estás conmigo, o te hago caer todo el peso de mi poder”, ha sido la tónica que ha motivados sus actuaciones al interior de su partido, sobre todo, a partir del momento en que fu ungido como su presidente. Un poder, del que ha hecho uso y abuso, lo que ha derivado en renuncias o alejamientos de no pocos de sus militantes, algunos de ellos de alta significación en la historia de ese partido.
Y lo que es peor, todo esto a vista y paciencia de su Comité Central quiénes, por lo demás, en forma servil y cobarde (salvo honrosas excepciones), han terminado por aceptar, o hacerse los desentendidos, respecto de las torpes y desdorosas actuaciones de su jefe-presidente, lo que ha sumido a ese partido en un gran descrédito ante la opinión pública.
De otra parte, todo Chile ha sido testigo de cómo en el momento mismo que un ministro, un subsecretario o algún alto funcionario de alta investidura se aleja de su cargo, ahí está este inefable Senador, dejándose caer como buitre sobre las autoridades de gobierno para pedigüeñar y presionar para que esos apetitosos cargos les sean cedidos a sus siempre prestos y serviles amigotes de partido. No sin razón, se reconoce que, Camilo Escalona ha convertido al partido socialista en un “partido de funcionarios”. Una eficaz forma de rodearse de serviles, que vayan en la perspectiva de blindar su poder al interior de su conglomerado, lo que lo retrata como un muy buen discípulo de los métodos de José Stalin.
De otra parte, en nada ha ayudado la actitud pasiva del gobierno y la propia Sra. Presidenta, al aceptar que este Senador, cotidianamente, ande metiendo sus narices en los asuntos de palacio, haciendo ostentación de su poder, como si fuera amo y señor, ya no sólo de su partido, sino también, del propio gobierno y del mismo Palacio de la Moneda. A decir verdad, nadie le ha hecho un parelé a las ínfulas de este vanidoso Senador, quien siempre se las ingenia para andar haciendo declaraciones rimbombantes desde el palacio de gobierno. Eso como imagen confunde, pues no se sabe muy bien si está hablando a título personal o como presidente de su partido, o bien como vocero de gobierno. Por tanto urge, desde las autoridades de La Moneda, acallar la locuacidad del senador, pues sus altisonantes declaraciones confunden al hacerlas desde dicho lugar.
A decir verdad, las prácticas del senador Escalona un flaco favor le están haciendo a los políticos y la política chilena, justo en el momento mismo en que tienen que hacerse todos los esfuerzos para rehabilitar la deslavada imagen que presentan ante la opinión pública de nuestro país. Su práctica autoritaria, por un lado, y sus ínfulas de patrón de fundo, por otro, no ayudan en nada a mejorar la alicaída imagen que tiene el pueblo sobre sus parlamentarios, a los que “vox populi” considera que valen “callampa”, e incluso lo señalan como los más corruptos.
Y esto último no es un título gratuito. En efecto, una reciente encuesta hecha por la Universidad Alberto Hurtado, ha arrojado el desdoroso resultado, que la gente más pobre de nuestro país considera a los parlamentarios chilenos como los más corruptos. En este punto, entonces, más allá del propio senador Escalona, bien vale la pena hacer rebotar en la cara del gobierno, y los mismos partidos de la Concertación su manoseado dicho de que “hay que escuchar a la gente”. Palabras que se pierden en el aire teniendo a la vista el comportamiento autoritario, poco democrático y poco ético de este senador que ha hecho de la política un vulgar mangoneo para los propósitos de satisfacer sus insaciables apetitos de poder.
Sabemos que desde hace algún tiempo los valores del enemigo se han hecho parte del acervo cultural de parte de cierta izquierda que se ha demostrado demasiado pusilánime y acomodaticia. Por lo mismo, los empeños que se invierten para remontar la lucha revolucionaria en pro de las necesarias transformaciones (y no meras reformas), que requiere urgente nuestro país, se retrasan y nuestros objetivos se vuelven una y otra vez a postergar en el tiempo. Es el signo involucionado de la política que tienen su mejor expresión en las actuaciones del senador camilo Escalona, así como en la de tantos otros parlamentarios.
Ahora bien, allá él si quiere mangonear y hacer valer sus ideas haciendo uso de todo el peso de su poder entre sus propios camaradas de partido. Allá ellos, también, sus propios camaradas, si aceptan ser unos simples corderos que le obedecen y corren prestos a seguirle al llamado de su cencerro. Pero de ahí a querer repetir estas mismas prácticas, con dirigentes de otras tiendas congéneres, que se suponen aliados, el descriterio de este Senador no puede ser mayor.
Como autor de esta nota, sin ser del partido radical, ni menos simpatizar con la Concertación, estimo que lo mínimo exigible que debiera hacer este senador, si aún le queda algún resto de humildad y de ética, es disculparse públicamente ante su compañero de ruta ( si es que ya no lo hubiere hecho), el senador José Antonio Gómez, a quien agravió gratuitamente a vista y paciencia de todo el país. De no hacerlo así, quiere decir que no es sólo un mangoneador, un autoritario, un altanero, o un prepotente, sino que, más allá de ello, un vulgar y simple pelafustán de la política.
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