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Mujeres de Valdivia llaman a Bachelet a no repetir la historia de Margaret Thatcher

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"Presidenta, no repita la historia de Margaret Thatcher con Bobby Sands y otros republicanos irlandeses" escribe la Red de Mujeres de Valdivia a Michelle Bachelet. Entre otras consideraciones, demandan que no cambie de lugar a Patricia Troncoso "como si fuera una maceta" y que no niegue a ella ni a su pueblo, su derecho a la tierra, a ser un pueblo.  

Le recuerdan asimismo que veinte años atrás, "las mujeres – por la vida – caminamos por las calles militarizadas mostrando nuestras manos limpias. Presidenta no las entinte con más sangre mapuche."

El movimiento Mujeres por la Vida al que alude la carta de la Red de Mujeres de Valdivia, nació en el año 1983 cuando   miles de chilenos protagonizaban protestas callejeras contra la dictadura. El 29 de diciembre de 1983 diez mil mujeres chilenas convergieron en el teatro Caupolicán, en un acto simbólico y solidario "La libertad tiene nombre de mujer". Entonces el llamado a las mujeres chilenas era a luchar por la vida, vida, en oposición a la muerte representada por   la dictadura y a empezar urgentemente a construir un orden democrático.

A continuación el texto completo de la carta dada a conocer el 16 de enero.
Por Lucía Sepúlveda Ruiz


Michelle Bachelet Jeria
Presidenta
República de Chile
PRESENTE

De nuestra consideración:
                                     La Red de Mujeres de Valdivia, integrada por mujeres de distintos quehaceres, a saber, feministas, profesionales, trabajadoras, organizaciones sociales, sindicales, de derechos humanos y otras, solicita a usted –como otras muchas voces lo han hecho en los últimos días– atender las demandas de Patricia Troncoso Robles, comunera mapuche en huelga de hambre por cien días.

Patricia Troncoso -así como los otros comuneros que iniciaron la huelga de hambre junto con ella- busca mejorar sus condiciones de reclusión; de la misma manera   como lo hicieran Bobby Sand y otros 10 republicanos irlandeses que, en 1981 entregaron sus vidas por el mismo motivo. Margaret Thatcher, primera ministra inglesa de la época, fue inflexible. Presidenta, no repita la historia.

           No niegue a Patricia el pan ni el agua, no le impida hasta la mínima posibilidad de clamar por su derecho a la vida ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.   No niegue, ni a ella ni a su pueblo, su derecho a la tierra, a ser un pueblo. No la cambie de lugar como se cambian las macetas.  Piense, la relegación, como nuestra historia reciente, no ahoga los clamores de justicia.

         "Ya ni sé cuantos días llevamos de huelga de hambre, donde todos los días se nos va un poco de vida…", le decía  Patricia  en su carta del   17 de diciembre. Cien días han pasado y su silencio nos duele y nos avergüenza.

          Las mujeres llevamos las escaras de la violencia en nuestros cuerpos y nuestros espíritus y bien sabemos del silencio cómplice. Ese silencio que reproduce una y otra vez la violencia. Hace veinte años, las mujeres – por la vida – caminamos por las calles militarizadas mostrando nuestras manos limpias. Presidenta no las entinte con más sangre mapuche.

          Las palabras de reconocimiento y respeto de la diversidad de nuestros orígenes se las lleva el viento cuando no se cumplen las promesas, ignoramos a las otras y los otros, imponemos nuestra verdad y escuchamos sólo a los poderosos y nos olvidamos de los y las que no lo son.   Este momento exige a usted y a todos y todas nosotras "mirar nuestras heridas y escuchar lo que ellas dicen", como escribe la poeta Gloria Anzaldúa. "Debemos poner en la mesa nuestras vidas, nuestras realidades y nuestros mundos con el corazón en la mano".

RED DE MUJERES DE VALDIVIA

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