La Clase Política como Obstáculo

A principios de mes, leí en un diario que los parlamentarios chilenos finalmente se subieron sus sueldos y dietas, que era un plan que venían abrigando desde la época en que discutían los políticos, en un ambiente que fue descrito por la prensa como de gran camaradería y espíritu de cuerpo, si los chilenos que ganan el salario mínimo (entonces de 135 mil pesos) debían o no ganar algo más. Acordaron los políticos, pese a la insistencia de Arturo Martínez, dirigente de la CUT (que pidió a los señores que considerasen subir el salario mínimo a 180 mil pesos), subir el mínimo a 144 mil.

Es interesante para la historia chica que el gobierno presentó originalmente un proyecto de reajuste de 142 mil pesos, que los legisladores del pacto gobernante rechazaron, aumentándolo dos veces en 500 pesos (un dólar más un dólar). El ministro de Hacienda, Andrés Velasco, leímos en el sitio de Radio Cooperativa "valoró la capacidad de entendimiento entre parlamentarios y el Ejecutivo, que permitió llegar a buen puerto con la iniciativa". La prensa no informó, sin embargo, si algún diputado sufrió un soponcio en el curso de las… eh, negociaciones. Observemos que el pacto de oposición (llamado Alianza) originalmente simplemente se oponía al reajuste.

Además, el gobierno anunció a los trabajadores chilenos que si la economía chilena seguía marchando bien, en 2008 se consideraría reajustar el salario mínimo en mil pesos más (el equivalente del precio de un kilo de;pan).

El mismo día en que el gobierno anunció el acuerdo, algunos parlamentarios (no recuerdo quiénes) pidieron aprobar un aumento de las dietas.

En el diario que leí (que creo que fue La Estrella de Valparaíso, pero que posteriormente la nota fue aparentemente retirada de la edición

online) no dice en cuánto se subieron el sueldo y las dietas. Según las ambiciones de los políticos, querían, en julio de 2007, aumentar la dieta en 440 mil pesos, para pagar el teléfono, según dijeron.

Pero en la noticia del diario se leía que se habían aumentado los sueldos, aparte de las dietas. (Quiero decir, la parte de sus ingresos que es propiamente salario, y no dieta o asignación parlamentaria).

Para septiembre de 2007, los senadores chilenos (el sueldo de los diputados es similar) ganaban 6 millones 861 mil 500 pesos al mes (13 mil dólares, a un cambio de 500 pesos). Pero el total de asignaciones suman 7 millones 528 mil 540 pesos (unos 15 mil dólares) (datos tomados de la página del Senado).

(Aclaro que he incluido en el salario parlamentario la asignación por 'traslaciones' [transporte] de 1 millón 215 mil 60 pesos, porque su gasto no exige rendición de cuentas).

Supongo que dirán sus señorías que su salario de casi 7 millones de pesos es insuficiente, pues de otro modo no habrían aumentado sus propias remuneraciones. De modo que ahora estarán percibiendo más de 7 millones de pesos chilenos. (¿No sería una buena idea extender esta práctica de subirse uno mismo el sueldo a todos los trabajadores y trabajadoras?)

Me gustaría saber cuánto tiempo estuvieron debatiendo estos políticos en cada uno de esos debates. ¿Les habrá costado mucho ponerse de acuerdo en subirse los sueldos? ¿Les costó más ponerse de acuerdo en aumentar en 9 mil pesos el salario mínimo? ¿Les costó menos?

¿Hubo parlamentarios en contra? Eso me gustaría saber: si acaso quedan políticos honestos en Chile.

Porque es sorprendente que los políticos (me refiero a los legisladores), que, la mitad de ellos, ni siquiera son estrictamente 'representantes del pueblo', porque no son propiamente elegidos, tengan además la atribución de aumentarse sus propias remuneraciones cuando bien se les canta, con total indiferencia hacia la realidad en que vive el resto de los chilenos y con total impunidad, sin control efectivo alguno de la codicia parlamentaria. Me gustaría saber cómo llegaron a la conclusión esos políticos que ellos sí necesitan aumentos de cerca de un millón de pesos, mientras que los trabajadores bien pueden contentarse con un reajuste de 7 mil pesos. Digo esto en razón de la argumentación, pues este reajuste también es fraudulento.

Guardando las diferencias, la indiferencia, abuso de poder y corrupción de la clase política chilena me hace recordar mucho los últimos días de la dictadura de Fulgencio Batista: también allá una clase en gran parte parasitaria pasaba sus días en casinos e hipódromos rodeados de criadas y putas mostrando la más absoluta indiferencia por los problemas y necesidades de la gente pobre de su país.

La noticia en el diario decía además que los legisladores se habían aumentado los días de vacaciones. Aparecía en la nota los días del año que no trabajarán: según mis cuentas, las vacaciones de los legisladores chilenos se extienden hasta componer un total de dos a tres meses. Los políticos chilenos trabajan sólo nueve meses al año.

Es un buen trabajo. Creo que todos deberíamos postularnos candidatos.

Vaya pega.

Pero, la verdad es que la noticia me apesadumbra y me refuerza en mi convicción de que para los cambios que necesita Chile, la clase política, con intereses creados tan poderosos, es en realidad uno de los principales obstáculos. Como quiera que sea, no le veo yo cara de cambiar un sistema que tanto le conviene. Imagino que pronto empezaremos a ver uniones matrimoniales de tipo asiático, con parejas formadas por diputados izquierdistas con diputadas derechistas o al revés, o de la misma casa, por la enorme fortuna que se puede acumular uniendo a familias de políticos y por lo que llamaré la tentación dinástica, que se extiende como una plaga por todo el mundo occidental y que consiste en la formación de familias y clanes familiares dedicados en exclusiva al buen negocio de hacer política.

Muestra esta situación también el terrible mal causado por la dictadura, que nos ha dejado un país autocrático, con una clase política co-optada y enriquecida, profundamente corrupta, donde encontrar legisladores honestos, cualquiera sea la casa de la que provengan, es cada vez más difícil.

En La Estrella de Chiloé del 3 de octubre se publicó una curiosa nota en la que el presidente de la cámara de diputados, el señor Patricio Walker, se extiende defendiendo la decisión del parlamento en cuanto a los días de vacaciones o receso: a partir del 17 de enero el parlamento chileno dejará de funcionar durante 46 días. Así podrán los señores gastarse bonitamente el dinero de sus estrafalarios e injustificados salarios.

El diputado Walker defiende furiosamente a su grupo gremial y afirma que los legisladores trabajan mucho más que el resto de diputados del mundo. La verdad es que los diputados chilenos están entre los mejor (auto)pagados del mundo. Considerando que la mitad de ellos ni siquiera son elegidos, no se puede negar que hacer política en Chile es una buena opción de carrera.

Los diputados españoles ganan el equivalente de 2 millones 100 mil pesos (4 mil 200 dólares) al mes (en La Prensa).

Los mexicanos unos 13 mil dólares (como los chilenos). Los estadounidenses, unos 14 mil dólares. Los brasileños, 11 mil 448 dólares. Los colombianos, 7 mil 600 dólares. Los argentinos, poco menos de 3 mil dólares (valores mensuales, en El Universal).

Creo que la decisión de los diputados de subirse los sueldos tendrá aplicación inmediata, lo que contrasta agudamente con la decisión de suspender el debate sobre el salario mínimo (que se convirtió en tema gracias a la intervención de monseñor Goic) hasta marzo de 2008, cuando la comisión de 48 sabios y sabias entregue su primer informe.

Parece evidente que los parlamentarios manejan otro sentido de la urgencia que los trabajadores chilenos: las necesidades de estos últimos no son urgentes, pese a la infamia del salario mínimo de 144 mil pesos, pero las necesidades de ellos mismos no pueden esperar, a pesar de que ganan 90 veces más que los trabajadores. Empero, no les alcanza.

La espantosa realidad de la explotación en Chile, va acompañada de una igualmente terrible manipulación de parte de la clase política y el gobierno.

En julio se anunció con gran alboroto -los diputados de derechas e izquierdas, celebraron juntos haber llegado a un acuerdo sobre el salario de los trabajadores- que el gobierno subía el salario mínimo de 135 mil pesos a 144 mil pesos (de 270 a 288 dólares) , o sea un aumento de un 5,8 por ciento. Con este aumento se corregía la inflación de 2,6 por ciento de 2006. Es decir, el aumento del salario era en realidad de 3,2 por ciento, o sea unos 4 mil pesos.

Sin embargo, para julio de 2007, cuando se decretó el aumento, la inflación ya llegaba al 3,8 por ciento. Vale decir, cuando los legisladores anunciaban al mundo que estaban subiendo el salario mínimo, en realidad lo estaban reduciendo en menos 0,6% (2,6% [inflación de 2006] + 3,8% [inflación a julio de 2007]= 6,4% – 5,8% [aumento salarial de julio] = menos 0,6%).

Ahora, octubre, la inflación anual es de 6,3%. Se espera que suba en lo que queda de año y podría llegar a un 8 por ciento o más.

En otra palabras, fue un timo.

Hoy, 15 de octubre, La Estrella de Valparaíso informa que, en lo que va de año, la inflación para las familias con los ingresos más bajos, es mucho más alta que para los otros grupos de ingresos. La canasta familiar básica costaba a principios de año 35 mil 800 pesos (71 dólares); a fines de septiembre, costaba 44 mil 622 pesos (89 dólares), o sea un aumento de 24,4 por ciento. Los productos que más han subido son del rubro Alimentación, al que las familias pobres destinan gran parte de sus recursos (verduras, leche, pan, por ejemplo).

"Los economistas consideran", dice el diario, "que la capacidad de compra de los sectores más pobres se ha visto deteriorada en un 20%".

Vale decir, en lugar de los 144 mil pesos mensuales fijados en junio y julio, los trabajadores chilenos están ganando, después del reajuste, unos 115 mil 200 (230 dólares).

En una medición algo diferente, pero igualmente válida para la comparación, el diario online El Patagónico calculaba que un trabajador chileno que ganara el salario mínimo debe trabajar 67 meses (casi seis años) para ganar lo que recibe un diputado en 30 días.

Meses más, meses menos, el resultado de la comparación es siempre realmente escandalosa, se integre o no en las remuneraciones parlamentarias la asignación para transporte o no.

Hay que mencionar que este aumento de las remuneraciones, que según leo en elpatagonico.cl se discutió en la Cámara el 7 de agosto de 2007, arguyen los diputados que no es un aumento propiamente dicho sino la repartición de las platas de los ya eliminados senadores designados.

Cabe destacar que algunos diputados se han opuesto a esta medida. En el enlace anterior, el diputado Sergio Aguiló (PS), calificó la repartija de "despropósito absoluto". También el diputado René Alinco(PPD) se opuso a la medida, diciendo que no conocía a ningún diputado que viviera en la extrema pobreza.

Los trabajadores organizados en la Central Unitaria de Trabajadores reaccionaron en julio, tras la aprobación del engaño del reajuste del salario mínimo, convocando a un paro nacional. Vale la pena mencionar que el ex presidente Lagos dijo entonces, refiriéndose a las demandas de los trabajadores y su protesta, que "este no el Chile real" (en el diario online elmorrocotudo.cl http://www.elmorrocotudo.cl/admin/render/noticia/11782).

El Chile real, escriben por redactores de la publicación, está "habitado por parlamentarios, ministros y los grandes empresarios que financian parte de las campañas para que el selecto grupo siga adornando el país. Los cesantes, mal pagados (un millón de personas no alcanzan a ganar el sueldo mínimo), abusados, discriminados, violentados, los hambrientos y los niños con zapatos rotos pertenecen a la imaginación de un intelectual que no gana dinero pensando"

(enlace anterior).

Es difícil creer que esta clase autocrática, instalada en el poder con la anuencia del dictador, vaya alguna vez a reformar las instituciones y nuevas costumbres que tanto les convienen. Nadie en la clase política, ni en el gobierno, ni en las numerosas legiones de sabios apuntalados en las asesorías y consultoras ministeriales, dijo nada sobre esta vergonzosa farsa. Nadie llevó de apunte ni al dirigente Arturo Martínez ni a los trabajadores que reclamaron por esta burla.

Sólo cuando monseñor Goic lo denunció, las condiciones de vida de las clases trabajadoras volvieron a preocupar, también falsamente, supongo, a la clase política, provocando que la presidenta formara una comisión de sabios y sabias que nos ilustrará recién en marzo de 2008 si los trabajadores podrán ganar algo más que los mil pesos prometidos como aumento para ese año.

Es casi inevitable la conclusión de que esta clase autocrática se ha convertido en uno de los factores del atraso de nuestro país y de su espantosa y alegre inequidad. La clase política chilena simplemente es un obstáculo para el desarrollo del país.

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