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Hablando de patanes…

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«Por qué tiene que ser un pecado que un profesor, un trabajador, cualquier chileno modesto de clase media, que se levanta a las 7 de la mañana, llega a las 11 de la noche de trabajar, se saca la cresta para llevar el sustento de su familia y aquí vienen un par de patanes de izquierda a decirnos que ellos no pueden ganar plata.

Alberto Espina, Senador de RN de la República de Chile

Es fácil colegir que el hecho de ser de derecha o de izquierda, no convierte automáticamente a una persona en patán, sino, son su carácter y su forma de pensar y actuar las que lo evidencian como tal. Así, puede ocurrir que un señor, privilegiado con la alta investidura de senador de la República, supuesto ejemplo de hombre de Estado y de alta cultura cívica, lleve en el fondo de sí mismo a un auténtico patán sin que nadie lo sospeche, pero, si luego éste  escoge autodefinirse públicamente como tal sin provocación conocida, nos enteraremos de ello con sorpresa pero sin pena. Un patán que pretende atribuir su propia condición de tal, a todos aquellos que piensan distinto de él. Un patán que cree que tergiversando la realidad, nos convencerá de lo “justo” de su torcido pensamiento. Un patán que intenta despreciar a sus adversarios políticos desde arrogantes prejuicios de clase. Un clásico patán de derecha.

Evidentemente, jamás será un “pecado” que un trabajador de cualquier clase social “se saque la cresta” –como ha sido expresado-  trabajando para dar sustento a su familia. Eso es lo que hacen diariamente millones de chilenos que viven de un salario. El único pecado consiste en que deben hacerlo por salarios miserables, por jornadas de trabajo de 10 o 12 horas diarias, en condiciones laborales de explotación y abuso, sin que la clase política a la que pertenece el autorevelado patán, se sienta siquiera ligeramente conmocionada por eso. Difícilmente podría serlo, pues es su clase política la que ha creado y ha hecho ley y praxis de tales condiciones, sin considerarlas “pecado”. En consecuencia, ¿qué autoridad moral y qué derecho puede tener un co-fundador de la expoliación humana nacional para “defender”, falsamente, los derechos de un expoliado? Ninguno, claro está.

Pero, el personaje a quien se refiere realmente el autor de la frase “ilustre”, a quien intenta disfrazar burdamente de modesto trabajador, no es ni modesto ni es un simple trabajador. Es un empresario; más grande o más pequeño, pero empresario, aún cuando su condición original haya sido la de un modesto profesor o dueña de casa. La institución escolar que posee es técnicamente, una empresa; ya sea, grande, mediana o pequeña, pero empresa. Como tal, su objetivo fundamental no es el trascendente proceso de la educación de las nuevas generaciones, sino el lucro, es decir la ganancia obtenida del trabajo de otros y de las subvenciones del Estado. La actividad escolar que allí se realiza es sólo el medio para obtener un beneficio económico privado. Los modestos trabajadores en estas empresas, no son sus propietarios, como quiere hacernos creer el honorable mistificador, sino los profesores y profesoras, diplomados o no, que trabajan en ellas, generalmente por salarios precarios, lo que los obliga a desplazarse entre diversos colegios similares para redondear un ingreso mínimo acorde con las necesidades de sus familias. Y sin poder atender con verdadera conciencia pedagógica al proceso educativo en que están involucrados. Pero, este aspecto del negocio carece de significación para los defensores del sistema.

Por otra parte, ningún ciudadano,  -o “patan de izquierda”, según el connotado legislador-  se ha opuesto ni se opondrá jamás a que un empresario obtenga una legítima ganancia por su actividad. Tampoco a la existencia de establecimientos privados. Otra cosa muy distinta es convertir la noble y trascendente tarea de educar a la juventud de un país, en objeto de lucro indiscriminado, sin reglas ni control alguno; prácticamente, convertir a la educación  -como ocurre ahora-  en la prostituta fácil y recurrida de la actividad comercial del país, para satisfacer la codicia de cualquier inescrupuloso. Y para colmo, con el aval y y el financiamiento del Estado, financiamiento que éste debe restar de la aspirada calidad y cobertura de sus propias responsabilidades educacionales. Es decir, contribuir al enriquecimiento privado (“ganar más plata”, como quiere el senador), en lugar de asegurar una educación pública de excelencia para todos los chilenos.

Los estudiantes de Chile y con ellos el 80% de la población están en contra de este tipo de lucro en la educación, pero nuestro “gran estadista” se niega a oír el clamor de la ciudadanía y a comprender lo que ello significa, sólo quiere ver a “dos patanes de izquierda” que se oponen a que los empresarios de la educación puedan “ganar más plata”. Como bien se sabe, no se trata de “dos patanes” sino de millones de ciudadanos que, concientemente y sin otra motivación que el simple sentido común y su aspiración a velar por la formación educacional de sus hijos y por el bien común, desean terminar con la degradación monetarista de la educación, promovida y establecida por la clase política que nuestro “honorable” representa.  Para éste, el interés lucrativo de unos pocos, es prioritario ante las demandas de la gran masa ciudadana y del interés nacional. ¿Es ésta la ética cívica propia de un político de alta investidura y  responsabilidad o simplemente, las de un patán de derecha cualquiera?

Las mentiras flagrantes y las grotescas tergiversaciones que representantes del gobierno y de la Coalición elaboran y pregonan por los medios de comunicación en contra del movimiento estudiantil, no sólo han perdido ya todo pudor, sino comienzan a expresar la desesperación de quienes se muestran incapaces de reconsiderar las pétreas posturas ideológicas heredadas de la dictadura, para  enfrentar el conflicto. Sus intervenciones mediáticas son  corrientemente contrarias a la verdad, a la justicia , a la democracia y a su responsabilidad de gobierno y contrastan claramente, con los plateamientos de cualquiera de los dirigentes estudiantiles, plenos de racionalidad, de ponderación, de claridad argumental, de madurez , de inteligencia y de responsabilidad cívica.

Evidentemente, no sólo hay “un mundo de diferencia” ética e intelectual, sino varios mundos,  entre el elenco de notables dirigentes estudiantiles que ya todo Chile conoce y cualquier patán de derecha de cualquier nivel de investidura. §

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6 Comentarios

  1. Pedro

    Reitero.
    Senador Alberto Espina
    Puede lllamarme patân pero no me califique de criminal fascista.

  2. Alfredo

    Al asalto a mano armada el señor senador le llama: «ganar plata».

  3. luchito mario

    Patán… qué nivel de argumento!!
    No entiende nada este señor o recibe su comisión/ingreso por lucro educativo con $ de todo@s l@s chilen@s.

  4. RAMON SAEZ

    Hubo , existen y existiràn patanes, lambeculos,giñoles,pantuflards, etc. Payasos humanos que creen que por ser ostentadores de un cargo donado por su patròn «por buenos servicios» son los dueños del destino de todo el resto de la ciudadanìa.
    A ésos hay que hacerles OBLIGATORIAMENTE cada vez que comienzan con el Alzaimer y la Dictadura (que no olvidan) un examen physiquiàtrico incluìdo scanner del
    cerebro y enviarlos a la jubilaciòn inmediata sin sueldo ni regalìas, solamente con un ingreso mìnimo de 110 dòlares.

  5. casandra

    ¿Rondamón, porqué se empeñan en Chile a decir Lambeculos, cuando la palabra es Lameculos? Nada personal…

  6. RAMON SAEZ

    Estimada Casandra,estuve pensando en tu pregunta y busqué en mis recuerdos y libros que tengo al alcance y paso a darte una explicaciòn: Diccionario de la Real Academia pàgina 910 de la vigésima segunda ediciòn:
    Lambeculos: usado en ciertos paìses de América, significado: Lameculos que significa: Persona aduladora y servil.
    Viene sin duda de la palabra lamer que significa a su vez pasar la lengua por la superficie de algo o rozar suavemente
    con la lengua algo…. Bueno no sé si te vale còmo explicaciòn, pero se puede usar sin problemas y suavemente es mejor. Cordialmente Ramon Saez.

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