Ecuador: buenas acciones valen más que buenas razones

              "Cuando se sueña solo, es simplemente un sueño.
                          Cuando soñamos juntos, comienza la realidad".

Amigas, amigos,
No es poco lo que ha logrado remontar el nuevo presidente ecuatoriano Rafael Correa en los poco más de 90 dias de gestión. Tras superar el peso del poder económico y el aparato mediático del magnate bananero Alvaro Noboa en la segunda vuelta presidencial, ha conseguido demostrar en los hechos que el Parlamento existente en Quito está absolutamente deslegitimado y en todo caso representa a una mínima parte de los ecuatorianos.
 
Cierto es que todos lo sabían y casi todos lo admitían. Pero desde algunos de los medios de comunicación nacionales en inefable coro con muchos corresponsales norteamericanos y europeos, el corrupto congreso ecuatoriano era defendido como "templo de la democracia" y fuente de la soberanía popular. Pues no. Tras los inumerables ardides legales con los que trataron de cerrar el camino a una Asamblea Constituyente, la convocatoria se realizó, y más de cinco millones de ecuatorianos votaron por el "SI". 
 
La negativa, auspiciada por los social cristianos y por todos los herederos de la partidocracia de las prebendas y los trapicheos, apenas pudo alcanzar el 12 por ciento de los votos.  La voluntad de cambios reales y profundos desoyó los llamados al miedo que lanzaron quienes ven dia a dia hundirse sus ventajas y privilegios. El voto popular sancionó la verdad inapelable: los intereses que defienden la mayoría de los actuales congresistas, son los suyos y poco más. Más del 80 por ciento del electorado apoya la convocatoria de una asamblea constituyente con plenos poderes reformadores, como consta en la propia papeleta de voto de la consulta.
 
Mérito tiene lo que ha logrado Correa. Pero no olvidemos que el verdadero protagonista es el pueblo ecuatoriano. El que viene desde hace años movilizándose, integrando a  los movimientos sociales urbanos con el emergente movimiento campesino e indígena.

El que volteó con su coraje y su lucha a los gobiernos corruptos que una vez en el poder hicieron lo contrario de lo que habían prometido en sus campañas. Hoy el pueblo ecuatoriano es un pueblo en marcha. El camino está abierto, pero ahora viene la etapa más difícil: concretar los cambios anhelados y consolidar el avance social. Hay muchos obstáculos y resistencias que vencer. Eso requerirá unidad popular, inteligencia y constancia. También memoria, para recordar un pasado inmediato plagado de engaños y de promesas incumplidas. Pero nadie duda que los ecuatorianos tienen una oportunidad histórica para transformar su país.
 
No estarán solos. Muy cerca otros pueblos tienen un mismo latido de cambio. Por eso hoy sus alegrías y sus esperanzas, son también las nuestras.
  
Un cordial saludo,
Carlos
SERPAL
Servicio de Prensa Alternativa.


Ecuador: buenas acciones valen más que buenas razones

Con el triunfo del “Si” en la consulta popular, se demuestra que la gran mayoría de ecuatorianos anhelan un país mejor y una democracia que los represente y les permita ser parte. 

Las organizaciones sociales, las y los ciudadanos que votaron si, deben permanecer alertas. Queda por superar el oportunismo de quienes no quisieron subirse al tren de los cambios y que a última hora, cuando ven que el tren circula, quieren treparse en él y ser candidatos a la Asamblea.

Primero combaten la Asamblea y luego quieren ser parte de ella. Quienes hicieron todo lo posible por abortar la consulta deberían ser coherentes y mantenerse al margen de un proceso que fue satanizado por ellos.

Así como debería haber coherencia en quienes promovían el “No”, así debe haber memoria en el electorado. Recordar a quienes ya pasaron por el poder, sus acciones que valen más que sus razones y argumentos.

Este súbito interés por participar como candidatos lleva en esencia un boicot a la reforma radical votada por la ciudadanía. Si no lograron abortar la consulta y la Asamblea, ahora tratarán de matar su razón de ser: el cambio profundo y la democratización del país. Hurtado dijo que el “No” en la consulta salvará la democracia. ¿Cómo se entiende su intención de ser asambleísta, si no es para combatir las reformas y conseguir un maquillaje para su modelo excluyente?

El argumento de quienes satanizaron el proceso de cambios es que la Asamblea servirá para concentrar poder. Saben, en la práctica, que significa concentrar el poder: en el partido, y en los grupos minoritarios. Saben también que es propiciar la concentración del dinero: durante la presidencia de Oswaldo Hurtado, un pequeño grupo de personas privadas, naturales y jurídicas se beneficiaron de un subsidio estatal que perjudicó al país.

Su gobierno decidió liberar a mencionado grupo de sus deudas en dólares, contraídas en muchos casos, para satisfacer caprichos como compra de apartamentos de lujo, viajes, importaciones de bienes suntuarios, o mantenimiento de clubes sociales.

Hurtado comprometió al Estado ecuatoriano a pagar dichas deudas en sucres, a largo plazo. La “sucretización” de la deuda significó que el Estado ecuatoriano asumía una deuda de 1.599 millones de dólares, el equivalente al 24, 11% del total de la deuda externa del país en 1982.

Oswaldo Hurtado abrió la llave del grifo y la práctica la continuaron otros gobiernos de turno. Qué esperanza de cambio nos puede ofrecer el señor Hurtado si cuando tuvo la oportunidad de servir al país, privilegió a un pequeño grupo.

La Asamblea tendrá plenos poderes. Por eso la elección de sus miembros debe ser tratada con pinzas. Las organizaciones sociales, las y los ciudadanos deben permanecer en vigilia y propiciar la designación como asambleístas a las personas más idóneas. Una mala elección permitirá que se nos pase de largo la oportunidad de sentar las bases para refundar el país. Acudir a la memoria nos puede ayudar a no equivocarnos.
* La autora es periodista ecuatoriana

Servicio de Prensa Alternativa

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