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La historia tiene la palabra 

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Hemos despreciado a nuestros vecinos del norte por indios y a los del otro lado de la cordillera por arrogantes.
Los últimos acontecimientos de Estados Unidos y la derrota de Bush reactualizan varios aspectos de la política chilena y latinoamericana. En primer lugar, cuánta razón tenían Chávez, Fidel y Evo en su antipatía hacia Bush y su política de matón de barrio de la periferia del mundo.

Aunque no con un estilo precisamente diplomático, este “roteque” y mulato “ordinario”, -como lo llama los pitucos- tiene razón en muchas cosas, entre las cuales hay al menos una de las que tendríamos que aprender o haber aprendido a tiempo: que nuestro destino latinoamericano reside en la unidad y debemos mirar con cierta premura a la concreción de esa idea así como lo hicieron los europeos.

No sólo tenemos una historia y una lengua común durante los años del descubrimiento, sino muy luego en los años de explotación, que hasta ahora perdura por parte de las grandes potencias, primero durante toda la Colonia y luego Inglaterra, y enseguida Estados Unidos.

Nuestra falta de identidad, partiendo por los presidentes que nunca se asumieron como mestizos. También porque el medio y la formación ideológica estaban en contra, y porque nunca se preocuparon de conocer nada del mundo precolombino, en especial el mapuche.

Luego nuestro prejuicio racista y nuestra orientación eurocentrista desde el momento mismo de la independencia. Ninguno de ellos, incluyendo a Pedro Aguirre Cerda, el mejor Presidente que habíamos tenido, según Neruda, interiorizó y concientizó esta verdad que es la única que nos une con un pasado, sentido y valorado, y la única que es principio de identidad.

De aquí proviene nuestro general desprecio a nuestro pueblo mestizo y a toda idea de latinoamericanidad. Hemos despreciado a nuestros vecinos del norte por indios y a los del otro lado de la cordillera por arrogantes y demasiado directos, y a los demás al norte por países bananeros o tropicales.

Mientras no tomemos conciencia de que nuestra propia identidad pasa por la identidad del continente y mientras no reneguemos de la siutiquería de los “ingleses de América”, estamos perdidos. Perdidos por ignorancia, pues ahora debemos tener claro que el no haber votado por Venezuela, con muchos puntos en común que no tenemos ni tendremos jamás con Estados Unidos, fue un grave error, pues con ese país tenemos raíces histórica muy significativas como fue la influencia de Francisco de Miranda en Bernardo O’Higgins, la de Simón Rodríguez y Andrés Bello en Chile, y la relación con Mariano Picón Salas, uno de los grandes latinoamericanistas venezolanos que llegó a ser parte de una rectoría colegiada de la Universidad de Chile.

Una vez más se cedió a la opinión de los partidos. En la Concertación, ha llegado a ser más importante la globalización, las facilidades para las inversiones extranjeras y la dudosa democracia norteamericana, que el espíritu de nuestras tradiciones más solidarias que consumistas.

Artículo enviado por su autor a PiensaChile
Publicado en La Nación, Miércoles 17 de Enero de 2007

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