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Lucha de visiones de desarrollo en el sur de Chile 

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En estos días estamos en presencia de una fuerte discusión en torno a la expansión de la industria salmonera en los mares y fiordos de la Patagonia norte de nuestro país. Las declaraciones de Douglas Tompkins acerca de pedir la moratoria a la actividad salmonera refuerzan nuestros dichos en torno a la insustentabilidad de esta industria.

Es altamente preocupante el futuro de las aguas y ecosistemas del sur de nuestro país ya que la competencia por el uso de este recurso natural escaso es feroz por la fuerte presión que ejerce principalmente la actividad salmonídea. Se ha determinado que la actividad de la salmonicultura existente en el año 1995, era aproximadamente equivalente a los desechos orgánicos producidos por una población de 2 a 3 millones de habitantes. Sin embargo, y en concordancia al crecimiento que ha tenido la salmonicultura en los últimos años en el sur de Chile, es fácilmente extrapolable, que los desechos de esta actividad superen a una población de 6 millones de habitantes. En consecuencia, estamos frente al equivalente de que la mitad de la población de Chile está vertiendo sus desechos en la zona norte de los canales y fiordos del sur de nuestro país.

Pero tal vez lo más interesante de esta discusión es la pugna entre dos visiones contrapuestas del desarrollo que se ven enfrentadas a convivir en un mismo espacio geográfico. Por un lado tenemos la visión más ortodoxa del desarrollo basado en la producción intensiva de un recurso natural, en este caso el recurso hídrico, y que adquiere su constitución máxima en la salmonicultura. Si analizamos la salmonicultura, o modelo del salmón, desde la óptica de los modelos de desarrollo sustentable, es decir, aquellos que permiten mejorar el nivel de vida de los habitantes de la zona donde se localiza la industria a lo largo del tiempo, sin comprometer a las generaciones futuras y con capacidad de adaptación a nuevas realidades sociales, económicas o ambientales, tenemos que el modelo del salmón está muy lejos de esto.

Si damos una hojeada a la casi nula independencia económica de la X región, donde el salmón explica más del 80% de sus exportaciones, y una serie de indicadores relaciones a criterios basados en el origen de las actividades, el impacto entre actividades económicas y el destino del producto, nos enfrentamos a la insustentabilidad de la salmonicultura.

La salmonicultura nace de una iniciativa externa, aunque utiliza materias primas locales (recurso hídrico), también utiliza materias primas externas (importación de ovas), no conlleva elementos productivos tradicionales, es una actividad que fomenta la monopolización económica y productiva (transnacionalización  y concentración de la propiedad), afecta los recursos en los que otras actividades basan su desarrollo (competencia en el uso del agua y del borde costero con el turismo y la pesca artesanal), es independiente de otras actividades y es una actividad que depende fuertemente de la demanda externa (hoy el 98% de la producción de salmón se exporta).

Por otro lado tenemos la otra visión del desarrollo, aquella que da una real importancia al aporte del capital natural y a los ecosistemas al proceso productivo, que no deslumbra con sus cifras, pero que pone el acento en la conservación y el manejo racional de los recursos naturales. En esta visión caben todos los proyectos tendientes a crear Parques, Santuarios de la Naturaleza y Reserva Naturales, es decir, aquellos proyectos de inversión que apuntan directamente al desarrollo de capital natural o a su recuperación.

Por lo tanto más allá de plantear una dicotomía entre desarrollo económico y preservación del medio ambiente, nuestra intención es cuestionar las argumentaciones que intentan conciliar ambos conceptos, sin discutir el problema de fondo, cual es el tipo y las características inherentes al desarrollo aplicado en el sur de Chile, un tipo de desarrollo que actualmente es de raíz insustentable.

Para nosotros la única forma de conciliar crecimiento económico y preservación ambiental es modificar sustancialmente el modelo de desarrollo económico implantado en nuestro país, especialmente en la zona sur.

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