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Dos mujeres al poder 

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– El tema de discusión esta semana, en materia de política interna, se ha centrado en dos hechos que tienen por protagonistas a dos mujeres: Michelle Bachelet y Ana Gloria Chevesich.

El primero se ubicaba en los ribetes de una pregunta directa de un historiador a la candidata de la Concertación y su respuesta emotiva, visceral, saliéndose de las camisas de fuerza que supuestamente le imponen sus asesores de campaña. El segundo, el respaldo que la Corte Suprema ha dado a la Ministra para que continúe el proceso MOP – Délano, que implica, entre otros, a Matías de La Fuente, primo de Luisa Durán, señora del presidente Lagos.

Visualizar en el eje de la política dos hechos que marcan la importancia de la mujer en la vida pública de Chile, me trae la sensación de tendencias nuevas en el quehacer político, marcando un estilo que rompe con cánones ortodoxos de la política hasta ahora, caracterizado por el secretismo sectario de muchas organizaciones republicanas. Comienzan a abrirse cajas negras con esta incursión de la mujer en la cosa pública, lo que le ha dado una fuerza diferente al ejercicio del poder en la sociedad chilena:

– La candidata Bachelet, sin proponérselo quizás, ha cortado amarras de los asesores que han buscado cuidarla para que surfee incólume, manteniendo su popularidad sin confrontaciones mayores, claro, hasta que se encuentra con la pregunta frontal y la responde con una improvisación que salió de su emotividad antes que de un discurso aprendido.
– Por su parte, encontramos a la Ministra Chevesich, en un caso que tiene ribetes de alta complejidad, ya que ha implicado llevar claridad y develar la verdad en acciones que han violentado la probidad administrativa y que son de suyo de alta complicación política, por el nivel y relaciones de los personeros involucrados en tales hechos. Sin embargo, la Ministra Chevesich, manejando con gran cautela su trabajo, ha salido indemne de las presiones y el hecho de haber sido capaz de procesar a autoridades la deja en una dimensión paradigmática dentro del Poder Judicial, dejando la vara muy alta a otros magistrados que habiendo manejado juicios emblemáticos, han dejado sin procesar a los inculpados.

Respecto a la interpelación del historiador Jocelyn-Holt a la candidata Michelle Bachelet, debo decir que es tan pobre el debate de ideas en Chile, tanto se especula con las percepciones del “cliente”, que un episodio que pudo ser intrascendente cobró notoriedad por el efecto distinto que provocó.

Tanta es la tranca ambiental que ha quedado como triste rezago del miedo que impuso la dictadura, que la mayor parte de los actores políticos usan el estilo “sanguchito de agua”, que les permite mantenerse siempre en lo políticamente correcto. Son excepcionales las situaciones de enfrentamiento verbal en estas campañas y por eso, cuando alguien provoca estos “desaguisados” genera una noticia. La causa de fondo es que quienes conducen las campañas apuestan a alcanzar popularidad y los criterios son de carácter comercial, y tanto los actores como los mismos medios evitan compromisos categóricos, esgrimiendo los temas con superficialidad, con muy baja capacidad para profundizar en el seguimiento de los problemas y sus soluciones. Apuestan a la Señora Juanita y a Don Pepito, subestimando su capacidad de comprensión de la cosa pública, pensando que les pueden vender buzones con un buen envoltorio de marketing. Lo que hizo el historiador Alfredo Jocelyn-Holt fue formular una pregunta abierta, desplegada en un foro, sin prejuicios de género, solicitando a la candidata una explicación de ciertos hechos, que le permitiera poder tener confianza en ella. Nada que afectara espacios personales de la candidata, todo enmarcado en el ámbito de sus acciones e historia pública.

En un episodio paralelo, luego de haber leído in extenso el pronunciamiento de la Corte Suprema, corrigiendo la medida tomada por la Corte de Apelaciones en orden de aceptar un recurso de amparo de Matías de La Fuente, queda la impresión de que la Ministra Chevesich entrará a profundizar el procesamiento en el caso MOP Délano y que seguirá abriendo cuadernos según sigan surgiendo declaraciones y se aten cabos sueltos en su investigación. Ella no emitió declaración alguna frente a la decisión de la Suprema, pero este espaldarazo objetivamente proyecta su trabajo hacia etapas de cierre que podrían generar ribetes políticos de envergadura, pues los procesos podrían llegar al Presidente Lagos en su calidad de ex Ministro de Obras Públicas.

Más allá de la coyuntura, es grato apreciar que en ambas noticias se destaca una fuerza de voluntad muy sólida de estas dos mujeres para ir manejando situaciones cada vez más delicadas.

Bachelet con una trayectoria militante, habiéndosela jugado en contra de la dictadura, habiendo sido víctima de la tortura, supo tender puentes desde la civilidad para llevar a las Fuerzas Armadas a una modernización y a un reencuentro con la democracia, lo que debe apreciarse en su profundidad histórica. Quizás en la respuesta que dio a Joselyn-Holt uno hubiera esperado una mayor claridad conceptual respecto a las raíces profundas del complot que derrocó al gobierno democrático de la Unidad Popular, en que su padre participó. Pero, al menos y afortunadamente, se salió del libreto racional, políticamente correcto, y expuso con una voluntad clara su posición, aunque su voz casi se quebraba. Debía responder porqué ella no es carta tapada de los militares y las razones que justifican su adhesión popular. Junto a este incidente, en otra instancia, la misma candidata ha hecho oír su voluntad política de diferenciarse de los estilos actuales de hacer política, lo que también la proyecta con mayor independencia relativa, respecto al gobierno de Lagos. Así puede interpretarse su declaración en que marcó que nuevos rostros integrarían su posible gobierno y que nadie se repetiría el plato como autoridad.

Ana Gloria Chevesich, por su parte, va silenciosa y seriamente desarmando un complejo crucigrama de intereses y acciones impropias, lo cual, en perspectiva de largo plazo significará un real aporte al saneamiento del sistema democrático. Es así como, en tiempos paralelos, estas dos mujeres chilenas, Bachelet y Chevesich, se han convertido en hitos y coinciden en trabajar, desde frentes diferentes, por alcanzar una mayor corrección en el manejo de la cosa pública. Se observa una común voluntad de servicio, una buscando la máxima representación popular y la otra siendo fiel a su función e investidura de Ministra del Poder Judicial. Esto las convierte en hitos para una forma más transparente de gestión pública y creo que esto se da porque son dos personas que tienen convicciones y han demostrado, ambas, una férrea voluntad para asumir cabalmente sus compromisos y responsabilidades como servidores del Estado. Lo cual es cívicamente admirable.

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