Somos Novios de la Vida

25 de Junio, 2010
Día 100 de mi reclusión en solitario.

Esto del encierro en solitario para algunos viejos, como yo, nos tiene abocados al whatsapp, el Facebook, el youtube y la tele.  Y los que gozan con lanzar lo primero que se les ocurre en la mañana, al twitter.

Y todos estos canales transmiten información, al modo de ese juego de mesa en que cada uno le cuenta a otro un secreto, y al dar la vuelta vemos como llega totalmente deformado al punto de partida.

Podríamos pedirnos a nosotros mismos y a otros, que nos dedicáramos a limpiar la casa, cocinar, bordar, tejer, escribir, pintar o componer canciones, jugar al dominó en vez de mirar las redes sociales.

Pero no hay caso,  las cajitas que nos conectan con otros son mágicas y nos pegamos atracones de información dudosa, y francamente disruptiva e indigesta en nuestros ratos de ocio.

Esta información depende mucho del círculo de conocidos que tengamos y su proclividad a generar emociones de todas layas.

Algunos queremos compartir los recuerdos, la belleza, la música, los chistes o las recetas de cocina.

Otros están en su salsa haciendo proselitismo y bombardeando con complots, enemigos espantosos, caída de la civilización, meteoros, extraterrestres.

Las instituciones que han perdido poder y quieren recuperarlo después de la pandemia, apuntan mayormente al terror.

Hay Obispos y Cardenales, bastante de capa caída, que aprovechan de bombardear cualquier postura evangélica coloreándola con el Infierno,  usando el nombre Vaticano para sus publicaciones, no siendo ni por asomo voces autorizadas por el que preside la institución, que es generalmente bastante más discreto.

Hay ideólogos del fascismo, que escriben panfletos sin firma de autor, dejando caer que es una publicación de alguna Academia de estudios europea.  Investigando se llega a la conclusión que la Academia no existe, que no hay nombre del autor y que todo liga el estudio con algún grupúsculo nazistoide criollo, que tiene algún economista fanático en sus filas.

Y otros predican la toma de la Bastilla.

Las personas encerradas y susceptibles caen en pánico, y no revisan la procedencia de los artículos que vienen así “a capella” siendo solamente opiniones y prejuicios como los que tenemos todos y no dan como anteojo para contemplar el mundo y menos predecirlo.

Hay personas buenas que creen firmemente que esto es un evento purgante, del que vamos a salir mejores que antes.  Más solidarios, más equitativos, más defensores de los pobres del mundo y de la Madre Tierra.

Yo, personalmente no creo eso, porque no se ha producido así en el mundo.

Esas Epifanías que terminan en conversiones, se producen pocas veces.

Quizás se puede producir entre los intelectuales que tienen acceso al poder mundial, que inventen nuevas reglas para la convivencia en un intento de manejar el futuro en paz y poder seguir viviendo con los fantasmas un poco más controlados.

Pero la gente corriente va a tener muchos problemas y vamos a salir muy heridos, y en mi caso puedo salir con los pies para adelante, cosa probable para los viejos.

Vamos a tener que lidiar con el hambre y el desempleo, y la ira y frustración producida por estas causas.  El que había logrado salir precariamente de la pobreza a costa del crédito, puede que tenga que volver a remendar las sábanas y zurcir los calcetines.

El obrero que tenía trabajo, puede encontrarse con que su empleador quebró,

La competencia en tiempos de miseria no es bonita ni enseña virtudes, como nos quieren hacer creer. Más bien acrecienta las cualidades que son fructíferas en la selva, pero no en la civilización humana.

La civilización humana y los valores que contiene, son solamente posibles en organizaciones que den oportunidades para resolver el problema de ganarse el pan, de educar a los jóvenes para ser  personas civilizadas, y para hacer una vida humana con sus pequeños placeres, sus amores, sus familias, y sus dolores en dosis razonables.

Lo que se sale de las dosis razonables crea generalmente problemas.

La Primera Guerra Mundial, mejor dicho europea, entre 1914 y 1918, fue coronada por una epidemia de gripe que mató más gente que la guerra misma que fue devastadora.  Se habla de 20 millones de personas en forma conservadora.

Millones de personas murieron en las trincheras sin saber por qué peleaban, y si se salvaron contrajeron la gripe y siguió la mortandad en casa.

El mapa de Europa cambió totalmente, y los vencedores pusieron a los vencidos reparaciones tan grandes y pérdidas de territorios, que estos incubaron una ideología nueva llamada Fascismo, ya que un Haz  de Espigas de Trigo, representando la unidad férrea de todos los ciudadanos dirigidos verticalmente por un líder carismático, fue uno de los símbolos adoptados.

Esta fue la reacción de los pueblos ante el sufrimiento.  El Líder, casi un enviado divino que me va a salvar.

A los 20 años del término de esta guerra, comenzó la Guerra Civil Española, donde durante 3 años se mataron con entusiasmo y produjeron 1 millón de muertos y cientos de miles de exiliados.

Y terminada esa guerra, los mismos pueblos que habían peleado en la primera, se engarzaron en la 2a Guerra Mundial que esta vez si que agarró a todo el mundo, y solo la Union Soviética contribuyó con 26 millones de muertos.

Recién entonces comenzaron esos pueblos a tratar de resolver sus problemas conversando por la  paz y dejando de lado el espejismo de que una persona que me da instrucciones y me conoce mejor que yo mismo, me va a salvar.

Una paz que permitió  que desde 1945 hasta el 2020 haya habido una bonanza  y un avance económico del mundo sin precedentes y también un avance civilizatorio en las libertades individuales y en  las oportunidades,  nunca antes vista.

Yo nací en plena guerra siendo mi padre un exiliado político y mi madre hija de un exiliado económico o emigrante.

Soy mujer y estudié en la Universidad, y fui libre de muchas maneras que mis antepasadas no pudieron ser.

No sufrí el exilio como mi abuela que de un día a otro tuvo que agarrar su maletita y sus hijas y nieta cerrar la casa y decir chao, para ir a un destino incierto de exilio, si es que llegaba viva.

Ahora estamos exiliados todos en nuestras casas y afuera se libra una especie de guerra contra un virus y contra el contagio.

Nuestras vidas llevan 100 días de reclusión. Los más pobres, que antes de la pandemia eran pobres, los que vivían a costillas del endeudamiento y perdieron el trabajo, todos aquellos que no tienen ahorros, están sufriendo como si esto fuera la guerra de fusiles y bombas.

Muchas esperanzas destruidas, incertidumbre y desazón, temor y desesperanza.

Mucho campo para sembrar el terror y proponer salidas políticas inverosímiles o revoluciones.  Muchas ganas de echarle la culpa a todo el mundo.

 

Pero con eso no sacamos nada.

La salida es la organización, no el desmadre.  La salida no va por la rabieta y el poner bombas ni arengar a las masas para que se tomen la Bastilla.  La salida va por la inteligencia, no por la muerte.

Cuando los Fascistas españoles gritaron en 1937 en la Universidad de Salamanca, con 800 años de antigüedad, ¡Muera la Inteligencia, Viva la Muerte!,  se retrataron de cuerpo entero para la Historia.

“Soy el novio de la Muerte” cantaban los fascistas españoles.  ¡Qué tropa de majaderos!

 

Yo digo ¡Viva la Inteligencia! No más muertes innecesarias, no más sufrimiento creado por el hombre ni por la mujer.  No estamos en la Selva.  Somos capaces de salir de esto si creemos antes que nada qué Ser Humano y Civilización son la misma cosa.  Que los métodos brutales de las guerras son una aberración.  Que nuestro sufrimiento va a ser reparado  por nuestras ganas de salir adelante de un modo que no cree más bronca de las que ya hay.

Que  tenemos que luchar para mantener los valores que nos han ayudado a salir adelante, y que no son precisamente los del odio y la ira descontrolada, sino los de la voluntad de vivir.

No pienso dejarme influir por los agoreros que predican el miedo al futuro y si puedo ayudar a alguien desde mi posición precaria lo haré.

Esto no es peor que el sitio de Stalingrado, donde comían pan hecho de corteza de Abedul ni la Guerras Europeas.  Y el mundo sí, está cambiando, pero no vamos a salir a Marte cuando salgamos de esto.  Estarán nuestros amigos, compadres y comadres, nuestros hijos y parientes, nuestros vecinos y nuestra calle y con ellos veremos cómo reconstruimos nuestra Patria.

Y lo vamos a hacer todos juntos.  Porque la Historia se hace a pulso día a día, con voluntad, organización y metas.

Somos novios de la Vida, no de la Muerte.

Y como corolario de esta conversación transcribo la siguiente frase que me acaba de llegar por whatsapp:

“La Organización Mundial de la Salud advierte que solo volverán a la normalidad los ciudadanos que ya eran normales antes de la cuarentena.

Los que eran pelotudos van a seguir siéndolo aún después de la vacuna”

Sin comentarios.

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