Cumbre del G20: Lo esencial es invisible a los ojos

La cumbre presidencial del G20 [1], a realizarse el próximo viernes y sábado en la capital argentina, estará marcada por ríspidas diferencias entre sus miembros. Estas se han hecho evidentes en las innumerables reuniones técnicas realizadas durante el último año a nivel de cancilleres, ministros de economía, de comercio y de energía. En todas ellas, la guerra comercial entre EEUU y China ha ocupado el rol estelar y, en oposición al primero, el resto ha hecho llamados a la defensa del libre comercio y al multilateralismo. En cuanto a la lucha contra el cambio climático, EEUU ha quedado también aislado al haberse retirado del Acuerdo de París y ser el único en defender el uso del carbón, en contraposición al resto que considera que hay que abandonarlo si se pretende reducir las emisiones de efecto invernadero.

La agenda de la Cumbre del G20 incluye el abordaje de temas económicos importantes como el diseño de estrategias para afrontar el impacto de los cambios tecnológicos en el mundo laboral; el efecto de la digitalización de la economía en el sistema tributario internacional –que permita cobrar impuestos a plataformas digitales como Netflix y Spotify–; la creación de mecanismos que incentiven inversiones globales en infraestructura; y, una regulación en la inversión de las denominadas “criptomonedas”, de las cuales la más conocida es el bitcoin. Estos temas son abordados con la impronta de la OECD, el FMI y el Banco Mundial y seguramente serán mencionados en la declaración final.

Sin embargo, poco o nada sabremos sobre los temas políticos que tratarán los presidentes fuera de agenda. Y no es para menos. Además de Trump, asistirá el presidente de China, Xi Jinping, y Vladimir Putin, en momentos en que se investiga la participación de los rusos en las elecciones presidenciales de 2016 y los demócratas dominan la Cámara de Representantes. Asimismo, entre los 19 jefes de estado participantes, estará presente su aliado Mohamed bin Salman, príncipe heredero al trono de Arabia Saudita, luego de que la CIA entregara un informe a la Casa Blanca, en el que se concluye que el asesinato del columnista saudí del Washington Post, Jamal Khashoggi, fue ordenado por el príncipe por las críticas que dirigía a su gobierno desde ese diario.

A raíz del asesinato de Khashoggi en el consulado de Arabia Saudita en Estambul, Alemania suspendió la venta de armas a ese país y canceló contratos ya firmados. En esta semana se sumó Dinamarca y señaló que la decisión había sido conversada con los cancilleres de la Unión Europea. Se espera que el Reino Unido y Francia participen también, solo que ello no parecería posible ya que el primero destina la mitad de sus exportaciones de armas a ese país.

Con anterioridad a estas medidas, el Parlamento Europeo había determinado suspender la venta de armas a Arabia Saudita, sobre la base de informes de las Naciones Unidas que señalan que ese país ha desatado una catástrofe humana y violado los estándares de la ley humanitaria internacional al no distinguir entre objetivos militares y civiles y atacarlos sistemáticamente. Sólo Suecia, Holanda y Bélgica acataron entonces la medida. Desde marzo de 2015 Arabia Saudita, con el apoyo de EEUU y de media docena de pequeños países del vecindario, intenta desalojar del poder a los rebeldes Huthi, que unos meses antes habían conquistado la capital de Yemen.

Contrariamente a las iniciativas de algunos países europeos, Trump ha dicho que suspender la venta de armas a Arabia Saudita impediría hacer América grande otra vez debido a la pérdida de empleos, ya que el 18% de la venta de armas producidas en Estados Unidos se destinan a ese país. Además, agrega, los saudís podrían cerrar el caño del petróleo “y yo necesito el petróleo barato”.

A las tensiones políticas de la Cumbre se suma la desfavorable situación económica y social del país anfitrión. Detrás de las flores de jacarandá que inundan de lila la ciudad, y de un presidente que se esfuerza por bailar bien en cuanta oportunidad le es posible, se esconde un país en recesión, con una caída estimada del PBI para este año de 2,6% (y 1,6% en 2019) desempleo de 10%, inflación de 50% para este año, así como la contracción dramática del gasto público en el marco de un programa de déficit fiscal cero con el FMI.

En estas circunstancias, en el G20 existe absoluto consenso en blindar la ciudad para evitar desórdenes como los acontecidos en la Cumbre de Hamburgo el año pasado, para lo cual se cuenta con el apoyo de los servicios de inteligencia internacionales y de 25 mil policías locales. En este enjambre de seguridad, se iniciará mañana la semana de acción global contra el G20 y el FMI que concluirá con una multitudinaria movilización, el primer día de la cumbre, con la participación de representantes de sindicatos, organizaciones sociales y académicos de todo el mundo.

*El G20 está compuesto por la Unión Europea y 19 países: Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía. Fue creado en 1999 como un foro de ministros de finanzas y presidentes de bancos centrales, y a partir de 2008 se iniciaron reuniones anuales a nivel de jefes de Estado y de Gobierno.

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