La saharaui Takbar Haddi sigue reclamando justicia después de tres años sin saber dónde está el cuerpo de su hijo

Protagonizó una huelga de hambre en 2015 frente a la Delegación del Gobierno en Las Palmas de Gran Canaria, cuando su hijo fue asesinado en El Aaiún. Esta madre reivindica cada día conocer dónde están sus restos mortales

Haddi despliega cada mañana una mesa, una silla y pancartas con las que pretende visibilizar la situación en la que se encuentran los represaliados saharauis en Marruecos. “Ojalá el asesinato de mi hijo hubiera sido el último”

Eugenio Sánchez, responsable en la Asociación Pro Derechos Humanos de España de la campaña-denuncia de los acuerdos de Madrid, asesora a Haddi y ha redactado una carta para que sea escuchada por el Gobierno

Desde que aquel 27 de junio de 2015 a las 11.30 de la mañana Takbar Haddi se desplazara hasta la sede de la Delegación del Gobierno de España en Las Palmas de Gran Canaria para reclamar justicia para su hijo, no ha dejado de luchar por esta causa ni un solo día. La mujer, de origen saharaui, perdió a su ser querido hace ahora más de tres años. Se llamaba Mohamed Lamin Haidala y tenía 21 años cuando fue agredido en El Aaiún por cinco hombres marroquíes, según denuncia la familia. El joven recibió varios golpes y un corte en el cuello con unas tijeras. Tardaron en llevarlo al hospital, donde le cosieron la herida, pero murió días después en la cárcel. “Le había subido la fiebre y tenía hasta pus en el estómago al no haber recibido buena atención médica”, explica su madre.

Haddi tiene ahora 45 años y una dura historia que la acompaña. Cada día se levanta a preparar el desayuno de su hijo de once años, lo lleva a la escuela y después se traslada hasta la plaza de la Feria, donde despliega una mesa, una silla y numerosas pancartas que piden justicia no solo para su hijo sino para todos los represaliados en Marruecos. La reivindicación se ha convertido en una rutina para ella. “Nunca descansaré tranquila hasta que se haga justicia”, señala.

Su hijo mayor era muy activo en las manifestaciones por la libertad del pueblo saharaui, razón por la que considera que la policía ya lo tenía fichado. Tras conocer que había muerto, se negó a firmar el certificado de defunción de las autoridades marroquíes y reclamó su cuerpo para poder hacerle una autopsia que aclarara las circunstancias de su muerte. Sin embargo, desde entonces, no sabe dónde está el cuerpo de su hijo, lamenta.

Se considera una mujer fuerte, al igual que lo era Haidala. Después de haber llevado a cabo una huelga de hambre durante 34 días hace tres años, que tuvo que abandonar al ser hospitalizada, mantiene en la actualidad sus ansias de reivindicar y seguir informando sobre este y otros casos de represión para que salgan a la luz. En 2015, recibió el apoyo de asociaciones y políticos, pero teme que su causa y la de muchos otros saharauis quede en el olvido.

Situación crítica más de 40 años después

La tragedia que ha vivido Takbar Haddi con su hijo se enmarca en el conflicto que se mantiene en el Sáhara Occidental desde hace más de 40 años y en el que España sigue siendo responsable al no cumplir con sus obligaciones como potencia administradora. Haddi recuerda que se le imponía en la escuela la bandera marroquí y se anulaba la historia del pueblo saharaui. Con solo siete años cuenta que tuvo que sufrir los fuertes golpes de un profesor por no rezar con esta bandera. Su hijo Haidala heredó su fortaleza e incluso se ponía de espaldas a esta enseña en el colegio.

Haddi vivía con su segundo marido en Tenerife en el año 2015, cuando ocurrió el terrible suceso. Desde que se puso en huelga de hambre, reside en Las Palmas de Gran Canaria para poder llevar a cabo su reivindicación frente a la Delegación del Gobierno. Aquí vive con sus otros dos hijos, de ahora 11 y 22 años, quienes también viven con tristeza la historia de su familia. Cuenta que tiene que sonreír por ellos pero que le cuesta mucho conciliar el sueño sabiendo que hay asesinos que no han pagado por la muerte de su hijo y que se siguen cometiendo atropellos contra su pueblo.

La mujer también pide por los presos políticos y los hombres que cumplen cárcel por el campamento de Gdeim Izik, que fueron condenados a penas de hasta 30 años de cárcel o incluso cadena perpetua por las protestas de 2010. Las familias de estas personas han denunciado las malas condiciones en las que viven en prisión. Son ellos quienes tienen que llevar la comida a los presos a pesar de vivir a kilómetros de distancia y en la cárcel no cuentan con asistencia sanitaria, salvo para casos de gravedad. Además, viven en “aislamiento” y apenas les permiten ser visitados. Hadi muestra en distintos carteles la cruda realidad de estas personas. Una situación que también ha sido denunciada en las expediciones que han hecho miembros del Cabildo de Gran Canaria y de distintas asociaciones.

Eugenio Sánchez, miembro de la Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE) y responsable de la campaña-denuncia de los Acuerdos de Madrid, asesora a Takbar Haddi en su lucha. Recuerda que ya escribió una carta al entonces delegado del Gobierno Enrique Hernández Bento con copia a Mariano Rajoy explicándole el caso de esta mujer y recordando la ilegalidad de los acuerdos de Madrid (la declaración entre España, Marruecos y Mauritania sobre el Sáhara Occidental, en la que se convertían en potencias administradoras con carácter temporal). Relata que la contestación se basó en que el entonces exdelegado del Gobierno, “estaba haciendo un seguimiento del caso”. Sin embargo, asegura que nunca la citaron para darle una solución.

En los próximos días remitirán a la nueva delegada del Gobierno, Elena Máñez, otra misiva con copia al actual presidente, Pedro Sánchez, para que conozcan esta situación y añadiendo el mismo argumentario que la vez anterior. Eugenio Sánchez considera que los distintos partidos siguen teniendo miedo a tocar este tema pero “España no puede abandonar su responsabilidad”.

El Consulado de Marruecos llegó a acusar en 2015 al Frente Polisario de “instrumentalizar” el caso de Takbar Haddi. Ese mismo año, sostuvo que su hijo había muerto en una pelea por complicaciones de una herida de arma blanca y que sus familiares no se hicieron caso de su cuerpo, por lo que fue enterrado por las autoridades marroquíes. Sin embargo, la madre sigue luchando por recuperar sus restos mortales y poder hacerle una autopsia que determine las circunstancias que rodean su muerte.

*Fuente: El Diario

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