El dilema del pueblo saharaui: La lucha armada o la perpetua agonía

Al cumplirse el 40 aniversario de la invasión marroquí del Sahara occidental nos encontramos ante una situación muy parecida a la del conflicto entre Israel y Palestina. Aquí se repite la misma historia: muros, campos de minas, alambre de púas, cárceles, represión, éxodo, deportaciones, desaparecidos, refugiados.
Pero primero es imprescindible analizar con detenimiento los antecedentes históricos que han desencadenado esta dramática situación.

La pérdida de las últimas colonias en Cuba, Puerto Rico y Filipinas -mejor conocida como “el desastre del 98”- marca el ocaso del imperio español. España debe consolarse con mantener sus colonias africanas de Guinea Ecuatorial y Sahara Occidental y el protectorado del norte de Marruecos.

El imperio español desde el siglo XV siempre ambicionó apoderarse de Marruecos por su posición geográfica privilegiada con respecto al estrecho de Gibraltar y las islas Canarias. La toma de Ceuta y Melilla es un claro desafío al enemigo musulmán. Más allá de las columnas de Hércules, España y Portugal pugnaban por abrir nuevas rutas de navegación que a la postre las convertirían en la vanguardia de los grandes descubrimientos geográficos. Pero de repente surge el imperio inglés como un poderosísimo rival que va a disputarles el dominio en los mares. Un hecho que queda patente con la pérdida de Gibraltar y la derrota de la escuadra franco-española en la batalla de Trafalgar. De ahí el desesperado intento del imperio español por recuperar posiciones al otro lado del estrecho. La victoria en la batalla de Tetuán (en la denominada guerra de África en 1860) le abre la puerta a sus anhelos expansionistas.

Desde las islas Canarias se organizan expediciones de reconocimiento comandadas por militares y miembros de la sociedad geográfica española dispuestas a reafirmar la soberanía sobre el litoral saharaui (banco de pesca). La exploración del Sahara embarca a España en una nueva aventura colonial en busca de riquezas naturales y una ruta comercial que les permitiera conectarse con Tombuctú (Mali). Ese es el centro neurálgico de un importante mercado de productos provenientes del África Negra monopolizado por el imperio francés.

En el año 1885 la monarquía borbónica reclama en la conferencia de Berlín (el Reparto de África) el Sahara Occidental (Río de Oro) junto con Guinea y Annobón y Fernando Po. Aunque no fue hasta el año 1934 que ocupó oficialmente el Sahara (donde fundaron los enclaves y factorías de Villa Cisneros, El Aaiún, Villa Bens).

En el desierto no hay límites ni fronteras, los estados en el desierto son invenciones y construcciones humanas que no corresponden a la realidad de los pueblos que lo habitan. Los saharauis son en esencia un pueblo nómada y ganadero (oveja, cabra, camello) dedicado también al tráfico de caravanas o a la pesca en el litoral. El saharaui para enfrentar unas condiciones climatológicas completamente adversas está dotado de una resistencia sobrehumana. Las temperaturas en el área continental pueden alcanzar en algunas épocas el año los 55 grados. Desde tiempos inmemoriales se mueven por una amplia aérea que abarca miles de kilómetros cuadrados. Se suelen establecer temporalmente en campamentos de jaimas cerca de los pozos o las fuentes de agua dependiendo de sus necesidades. Carecen de títulos de propiedad aunque de generación en generación se transmiten oralmente las áreas de pastoreo que le corresponde a cada tribu o a cada clan. Se les conocen como los “hijos de las nubes” pues se la pasan observando el cielo esperanzados con localizar una tormenta que los premie con la lluvia fertilizadora. En un territorio tan hostil las leyes de solidaridad son imprescindibles para asegurar la supervivencia. No hay oasis y por eso los recursos hídricos son el tesoro más preciado. El saharaui es heredero de una cultura muy arcaica y artesanal con unos rasgos identitarios propios como lengua, religión, vestimenta, comidas o fiestas. Su eterna trashumancia les ha llevado a establecer contactos con el Sahel o el África negra. Estos indómitos guerreros han nacidos libres y jamás le rendirán pleitesía a ningún soberano.

Pero esa vida antigua y tradicional se ha visto alterada por el colonialismo, las guerras y la sequía. Hoy se impone la modernidad: los camellos han sido reemplazados por el Land Rover y las caravanas que transportan las mercancías por los camiones Mercedez Benz o Volvo. El antropólogo Julio Caro Baroja ya lo advertía en su estudio intitulado “Adiós a los nómadas saharianos”. Las fuerzas de la antinaturaleza los ha sedentarizado y deben integrarse en un mundo urbano que los conduce irremisiblemente a una lenta extinción. Estas son las consecuencias de la colonización española y la dominación marroquí.

En el protectorado español de Marruecos fue donde el general en jefe superior Francisco Franco a la cabeza de los militares africanistas planificaron el golpe de estado del 18 de julio de 1936. La asonada fascista contra el gobierno legítimamente constituido de la republica movilizó al ejército colonial en Ceuta, en Melilla, Tetuán, Alcazarquivir, Larache, Alhucemas, Sidi Ifni, o el Aaiún (la legión, los regulares, los tiradores de Sidi Ifni o las tropas Nómadas). “La gloriosa cruzada nacional” contaba paradójicamente entre sus filas con miles de soldados musulmanes mercenarios (80.000) cuya participación seria vital en el triunfo del nazi-fascismo franquista.

Durante la dictadura franquista el Sahara se convirtió en un cuartel militar y campo de entrenamiento de las fuerzas armadas españolas. El Caudillo Franco defensor de occidente y la cristiandad anhelaba en sus delirios de grandeza resucitar el imperio español. El Sahara se consideraba el destino más apetecido los oficiales y mandos de alta graduación pues allí estaban mejor remunerados y gozaban de infinitos privilegios.

En 1952 las Cortes decretan que el Sahara es una colonia africana y por lo tanto todos sus habitantes pasan a ser españoles.

Cuando en el año 1955 España ingresa en la ONU la Asamblea General se hallaba en pleno debate sobre los procesos de descolonización. Es un momento trascendental pues los movimientos nacionalistas africanos reclaman su soberanía. En 1956 Marruecos consigue la independencia de Francia y España inicia formalmente los trámites de reclamación del Sahara Occidental argumentando que le pertenece por una supuesta vinculación histórica (El mito del gran Marruecos).

En 1958 Francia y España suscriben el tratado de las Palmas para detener los ataques de la guerrilla del Ejército de Liberación Saharaui que amenazaba sus posesiones. Entonces se lanza la operación Teide con el propósito de reducir a los rebeldes mediante un ataque relámpago y contundente. Ambos países movilizan varias compañías paracaidistas, unidades mecanizadas, helicópteros y aviones de combate. El principal objetivo es la recuperación de Smara donde se concentra el núcleo del foco insurgente. Los violentos ataques aéreos con bombas de fósforo y de napalm siembran la muerte y la destrucción entre la población civil. En especial se concentran en aniquilar sus medios de subsistencia como son el ganado: las cabras, ovejas y camellos. Esta es una verdadera operación de exterminio que obliga a los saharauis a escapar despavoridos hacia la las ciudades de Tarfaya y de Tan Tan en la costa Atlántica. Tan demencial ataque traerá unas consecuencias desastrosas para su economía pues pierden sus zonas tradicionales de pastoreo. Al concluir la guerra, España “en un gesto de generosidad sin límites” le entrega a Marruecos la franja de Tarfaya (saharaui).

A partir de la década de los sesenta la lucha revolucionaria en el mundo entero entra en un periodo de efervescencia. Algo que influirá decididamente en los jóvenes estudiantes saharauis que cursan estudios en las universidades marroquíes. Entre los que se destaca el periodista y maestro coránico Bassiri, fiel admirador de las corrientes del socialismo panárabe del partido Baaz, Nasser y la revolución cubana. Junto otros compañeros funda en 1968 al Harakat al Taharir o movimiento de liberación nacional. Los discursos de Bassiri pregonaban una respuesta nacionalista contra el colonialismo. Como consecuencia de su arrojo y carisma los servicios secretos españoles lo catalogaron como “subversivo de alto riesgo”.

En 1970 las Cortes franquistas aprueban que el Sahara se convierta en la provincia número 51 administrativamente hablando. Una polémica decisión que provocó la ira de las tribus saharauis que convocan una jornada de protesta en el Aaiún. Los manifestantes fueron duramente reprimidos por las fuerzas de la legión que causaron decenas de muertos y heridos en la que se conocería como la matanza de Zemla. Bassiri cae detenido y lo trasladan a la cárcel provincial del Aaiún. Posteriormente las autoridades españolas dan la orden de deportarlo a Marruecos. Pero misteriosamente desaparece sin dejar rastro alguno. Se especula que los legionarios lo fusilaron camino de la frontera. Desde entonces es considerado el padre de la patria y principal mártir de la causa saharaui.

En los años setenta la descolonización del Sahara se convirtió en un tema prioritario en las cumbres de la Organización de Unidad Africana y los No Alineados. La ONU recomendó por entonces aplicar en el Sahara la resolución 1514 sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales.

El día 10 de mayo de 1973 un grupo de estudiantes de Tan Tan y Tarfaya, junto con trabajadores y ex militares exiliados, fundan en Zouérate (Mauritania) el Frente Polisario. El 20 de ese mismo mes se produce su primer ataque de los “muyahidín” a las tropas Nómadas españolas en lo que sería su bautizo de fuego.

En el año 1975 el Tribunal Internacional de la Haya exige que se lleve a cabo referéndum de autodeterminación en el Sahara Occidental para preservar los derechos de la población nativa. Marruecos respondió lanzando una campaña publicitaria a través de los medios de comunicación para explicar el por qué pretendía anexionárselo. Según ellos en el siglo XIX las tribus nómadas saharauis habían jurado fidelidad al sultán de Marruecos.

Pero Marruecos no tiene derechos sobre esos territorios colonizados por España porque el Sahara nunca hizo parte del sultanato. El sultán Mulay Abderrahman reconoció en el siglo XIX que Marruecos no ejercía soberanía en esos territorios del Saguia El Hamra situados al sur del rio Draa. Una prueba contundente que dio pie a la ONU para concederles los derechos soberanos a los saharauis.

El rey Hassan II de Marruecos aprovechó que el dictador Franco agonizaba en el hospital de la Paz de Madrid para llevar a cabo su maquiavélicos planes (apoyado por EE.UU y Arabia Saudita). El 6 de noviembre de 1975 ordena que se embarquen en autobuses y camiones a miles de pobladores de las provincias del norte para concentrarlos en la ciudad de Tarfaya -justo en el límite fronterizo con el Sahara-. Los súbditos obedecen sin rechistar el discurso mesiánico del descendiente del profeta Mohamed orgullosos de haber sido elegidos para tamaña empresa. El día 6 de noviembre se inicia la famosa Marcha Verde en la que miles de escudos humanos se dirigen a pie hacia la frontera blandiendo banderas rojas alauitas, sosteniendo el Corán y el retrato del rey Hassan II, el padre protector de los creyentes. La multitud marchaba con firmeza entonando canticos patrióticos decidida a ofrendar sus vidas como mártires.

Esta era en toda regla una declaración virtual de guerra. Sin embargo el ejército español se veía impedido de disparar contra una masa humana de más de 350.000 personas completamente desarmadas –sin contar a los 30.000 militares bien pertrechados que les guardaban las espaldas-. Estados Unidos le exige a España que se abstenga de utilizar la fuerza. En Tah, justo en el límite de la línea roja, los legionarios habían colocado campos de minas y las unidades militares de carros de combate y artillería pesada estaban listas para entrar en acción.

El príncipe Juan Carlos, jefe de estado en funciones, viaja al Aaiún el 2 de noviembre con el propósito de aplacar los ánimos exaltados de las guarniciones militares y brindarles todo su apoyo ante la amenaza marroquí. En el cuartel del III Tercio de la Legión en presencia de la tropa y altos mandos pronunció un sentido discurso en el que aseguró que “España jamás abandonaría el Sahara”, “lo primordial es que nuestro ejército conserve intacto su prestigio y el honor”, añadiendo también que “se respetarían los legítimos derechos de la población saharaui” (referéndum de autodeterminación incluido). Pero una semana después se desató tal estado de pánico entre la población civil que empezaron a evacuar la colonia.

El rey don Juan Carlos realmente jugaba una partida doble porque en secreto envió a Washington a su amigo íntimo Manuel Prado y Colón de Carvajal para buscar la mediación de Henry Kissinger. Kissinger sostuvo que su gobierno apostaba por la entrega incondicional del Sahara a Marruecos. Colón de Carvajal también visitó en secreto Casablanca para entrevistarse con las autoridades marroquíes y arreglar el “impase” de la mejor manera posible. El teniente general americano Vernon Walters, director adjunto de la CIA, interviene y prepara el terreno para que don Juan Carlos I acepte una retirada “honorable” de las tropas españolas. Hassan II y José Solís, Ministro del Movimiento, en una reunión “realista, positiva, dura y fructífera” acuerdan en secreto la entrega del Sahara “para preservar la tradicional amistad hispano-árabe”. Marruecos es un aliado preferencial de los EE.UU (fue el primer país que lo reconoció) y esto pesa mucho a la hora de tomar decisiones.

EE.UU y Francia defendían la anexión puesto que el Frente Polisario al aceptar la ayuda argelina se había alineado indirectamente con la Unión Soviética. Era la época de la guerra fría y el mundo estaba dividido en bloques. Argelia buscaba una salida al Océano Atlántico en un claro desafío a su histórico enemigo marroquí. EE.UU no podía permitir que el Sahara Occidental cayera del lado del comunismo. Mientras tanto el Polisario realizaba continuos ataques, atentados y secuestros contra las tropas españolas decididos a presionar a la metrópoli para que les concediera la independencia.

El día 20 de noviembre de 1975 muere el dictador Franco y España renuncia al Sahara. “Mr. Kissinger, Im prince Juan Carlos. I will sign the accord”. Se inicia entonces el proceso de descolonización dejando su administración en manos de Marruecos y Mauritania. La yemaá o asamblea tribal saharaui fue comprada por Marruecos y Mauritania para que aceptara el veredicto. En todo caso el acuerdo tripartito de Madrid les transfiere la administración pero no así la soberanía. España sacrificó a los saharauis ante el temor que se desatara una guerra colonial de impredecibles consecuencias en la región. Había que pagar un alto precio en aras de la paz y la fraternidad universal.

El gobierno español no cumplió su palabra y traicionó a los saharauis a sabiendas de que eran legalmente ciudadanos españoles.

En esos años Hassan II había sobrevivido a dos intentos de asesinato y su reinado atravesaba un periodo de crisis económica y social. De ahí que necesitara un hecho impactante para reivindicarse ante sus súbditos. Inmediatamente el ejército marroquí traspasa la línea roja del Sahara y se lanzan a la caza de los rebeldes saharauis. La aviación bombardea con napalm, fósforo blanco y bombas de fragmentación: Dreiga, Amgala, Tafariti, Smara y los alrededores del Aaiún. La orden es limpiar el terreno de “terroristas”. La magnitud de las matanzas poco a poco se va descubriendo gracias al equipo de investigadores vascos encabezados por Beristaín y Etxeberria -que con la ayuda del gobierno vasco está llevando a cabo prospecciones para localizar fosas comunes-. Por ejemplo, en Meheris los cadáveres afloran con huellas innegables de tortura y tiros de gracia.

En los primeros meses de 1976 miles de saharauis huyeron al interior del desierto en busca de refugio. Finalmente el presidente argelino Huari Bumedián les brindó asilo en Tinduf en donde instalaron los campamentos de resistencia (Aaiún, Smara, Aouserd, Dakhl) (Sede del gobierno del RASD). El Frente Polisario se organizó gracias al apoyo económico y militar de Libia y Argelia (países adscritos a la órbita de la Unión Soviética).

La RASD declara la independencia en febrero de 1976 y comienza la guerra de guerrillas contra el ocupante marroquí y mauritano. El régimen de Gadafi les provee de armas, dinero y pertrechos. El Uali Mustafa Sayed, primer presidente del RASD, lidera a los combatientes que realizan razias y emboscadas aprovechando su buen conocimiento del desierto. “Nuestra selva es el desierto, el siroco, el calor, la oscuridad de la noche son nuestros aliados”. Desplegándose con columnas móviles en una lucha desigual contra un enemigo que contaba con mayor número de soldados, aviación y armamento moderno suministrado por Francia y EE.UU. Los combates se desarrollan con tal intensidad que Mauritania decide retirarse acuciada por la grave crisis social y económica y el golpe de estado que depone al presidente Uld-Dadach. Marruecos, para neutralizar los ataques de la guerrilla saharaui -que ha llegado incluso a cercar la ciudad santa de Smara-, construye (asesorado por Israel y EE.UU) una muralla con arena, alambre de púas y campos de minas mejor conocida como el “muro de separación” que dará pie a la “batalla de los muros”.

El rey Hasssan II consciente de las tensiones que genera la guerra fría se proclama el adalid de la lucha contra el comunismo.

En 1988 el reino de Marruecos y el Frente Popular para la Liberación de Saguía el- Hamra se sientan a dialogar bajo la mediación la ONU y la OUA. Tras semanas de discusiones formalizan un alto el fuego con la promesa de convocar un referéndum de autodeterminación que decida el futuro de la ex colonia española. Pero Marruecos incumple los plazos y se reanudan nuevamente los combates.

Hasta que en el año 1991 ambos contendientes agotados por la guerra de desgaste firman un alto el fuego (promovido una vez más por la ONU y la OUA). En éste se reitera el compromiso inexcusable de celebrar un referéndum de autodeterminación. Pero hasta la fecha (año 2015) no se vislumbra ninguna posibilidad de llevarlo a cabo.

El pueblo saharaui no tiene capacidad de producción agrícola, ni industrial o tecnológica. Desde hace 40 años está empeñado en sobrevivir en condiciones muy adversas gracias a la ayuda humanitaria que le proporciona la ACNUR, la Media Luna Roja, el Programa Mundial de Alimentos, la ECHO de la UE y las ONGs. Y en especial la solidaridad internacionalista que ha mantenido la moral alta y en pie de lucha. Entre las que hay que destacar las 400 asociaciones pro saharauis que existen en España.

Marruecos lleva a cabo la misma política que aplica Israel en los territorios ocupados. Es decir, patrocina la emigración masiva con el fin de inclinar la balanza demográfica a su favor. Estamos ante un proceso de colonización total y absoluta del Sahara con la continua llegada de inmigrantes y la construcción de nuevos asentamientos. Porque Marruecos debe elevar el censo de población previendo lo que pueda suceder en el supuesto caso que se convoque en un futuro el tan mentado “referéndum”.

La soberanía de Marruecos sobre el Sahara no es reconocida ni por la ONU, ni la Unión Africana, ni la Liga Árabe. Marruecos renunció como estado miembro de la Unión Africana luego de que ésta aceptara la entrada del RASD en su seno.

En la actualidad adentrarse por el desierto y contactar con los nativos saharauis es algo sumamente difícil. Existen infinidad de agentes secretos marroquíes infiltrados que impiden el acceso a los extranjeros que no justifiquen su presencia en la zona. Sólo de forma clandestina se puede ingresar en sus kabilas. La situación de los derechos humanos en el Sahara ocupado es enormemente grave pues no cesan las torturas, las desapariciones forzadas, los encarcelamientos o las deportaciones. De ahí que nadie se atreva a hablar de temas políticos y mantengan un prudente silencio ante cualquier pregunta capciosa que se les plantee. Marruecos está implicado en la guerra mundial contra el terrorismo en la que como no se ha incluido al Frente Polisario.

Buena parte de los saharauis son bilingües y hablan tanto el árabe -el dialecto hassania- como el español. Aunque a partir de la invasión marroquí se les ha obligado a escolarizarse en francés. Marruecos hace parte de la francofonía que es un pacto cultural que promueve el neo imperialismo francés. El rey Mohamed VI está directamente comprometido en el mismo por los múltiples acuerdos firmados con el gobierno de París.

El Sahara Occidental es una planicie desértica de 266.000 kilómetros donde tiene su hábitat el pueblo saharaui de etnia beduina arabo-bereber y negra. La población total se calcula en 320.000 habitantes repartidos entre Tinduf (160.000) y los territorios ocupados por Marruecos. La capital es el Aaiún que ha experimentado un espectacular crecimiento demográfico en las últimas décadas (supera los 250.000 habitantes).

El total de colonos marroquíes se eleva al medio millón y esta cifra se incrementa ostensiblemente cada año. A los colonos se les ofrecen incentivos de tipo fiscal (exenciones de impuestos, del IVA, renta de sociedades y la vivienda) y subvenciones oficiales. La gasolina, el gasoil, la azúcar, la harina y el té -que son los productos más consumidos- cuestan la mitad que en otras provincias marroquíes. Del mismo modo los saharauis (120.000 bajo su tutela) reciben una renta básica con fines de “integración social” de 2.000 dírhams mensuales -cesta alimentaria incluida-. Comprar la lealtad al soberano alauita es la mejor fórmula para que reine la armonía y el entendimiento.

Los retornados de Tinduf tienen aún mayores beneficios económicos puesto que han decidido reconocer la soberanía marroquí. Esta es una forma de chantaje para estimular la deserción en los campamentos saharauis en Argelia. Los servicios secretos y la propaganda gubernamental se están esforzando al máximo por lograrlo y parece que su campaña ha dado buenos frutos.

Los funcionarios civiles y militares marroquíes cobran del 50% al 75% más que en otras regiones. En el Sahara hay más de 150.000 soldados destacados a lo largo de los 2.720 kilómetros de la gran barrera de separación construida con arena, alambre de púas y bunkers. Diseñada al estilo Bar Lev del canal de Suez por ingenieros judíos. Existe una compañía marroquí cada cinco kilómetros, radares, campos de minas (uno de los más grandes del mundo) que dividen de norte a sur a la población nativa saharaui y cortan la comunicación, sus relaciones tribales, zonas de pastoreo y trashumancia y el acceso a sus recursos hídricos. A Marruecos todo este impresionante despliegue económico y militar le cuesta el 5% del PIB nacional.

El Sahara Occidental, aunque en apariencia es un territorio yermo y estéril, cuenta con grandes recursos naturales y materias primas. Basta nombrar las minas de fosfatos de Bucraá (cuantificados en 3.400 millones de toneladas y del cual es el principal productor a nivel mundial) la inmensa riqueza pesquera del banco canario-sahariano, la energía eólica y solar, las reservas de agua subterránea, minas de hierro, de uranio o los hidrocarburos. Según estudios y prospecciones de la empresa británica Barrus Petroleum -efectuadas en los años setenta- en el Sahara existen yacimientos petrolíferos que podrían producir unos 80.000.000 de barriles. Aparte de las reservas de gas que están aún por cuantificar. La Unión Europea y multinacionales extranjeras firman acuerdos de explotación con Marruecos en el área minera y pesquera sin importarles que sea un territorio en reclamación.

La MINURSO (la misión de la ONU para el referéndum en el Sahara Occidental) no es más que un nido de funcionarios y burócratas que disfrutan de estatus diplomático y sueldos exorbitantes. El Consejo de Seguridad les ha encomendado la misión de verificar el alto el fuego y de los combates, la disminución del pie de fuerza del ejército marroquí, la liberación de prisioneros, identificar y registrar las personas con derecho a voto, organizar un referéndum justo y libre y supervisar sus resultados, velar por los derechos de los refugiados, la desmilitarización y el desminado. Lamentablemente su trabajo deja mucho que desear pues no se han colmado las expectativas para la que ha sido creada.

Lo cierto es que la población saharaui sufre un férreo control por parte de los organismos de seguridad e inteligencia. Se violan sus derechos más elementales pues carecen de libertad de expresión, libre circulación y participación política. La ONU no tiene potestad para proteger los derechos humanos en el Sahara ocupado. Esta es una tarea que ha asumido extraoficialmente la Oficina de la Unión Europea para el respeto de los derechos humanos y Amnistía International. A pesar de las constantes denuncias que señalan al gobierno marroquí como responsable de los abusos y crímenes, reina la total impunidad. Marruecos aplica una política represiva y autoritaria para desmovilizar la resistencia del pueblo saharaui. El terror es el método elegido para imponer la paz y el orden. De ahí el interminable número de presos políticos que se pudren en las cárceles.

Fruto de la impotencia y la desesperanza el discurso religioso va tomando fuerza entre los saharauis. En las mezquitas los imanes lanzan continuos llamados a la yihad. Porque la resistencia no es solamente armada sino también espiritual o religiosa. Esa juventud saharaui que ha nacido y crecido en los campamentos del Tinduf o bajo la ocupación marroquí tiende a radicalizarse. Las únicas fuentes de trabajo son el comercio caravanero entre Argelia, Mauritania, Níger y Mali, el contrabando de gasolina o de armas o la reventa de los productos de ayuda humanitaria. La creciente marginalidad que padecen solo se ve paliada con las remesas que envían sus parientes desde del extranjero. Pero el asistencialismo conduce nada más que a una humillante dependencia. Y encima Argelia, su principal valedor, se encuentra en una situación económica muy delicada a causa de la caída de los precios del petróleo. Gadafi ha desaparecido y Libia se halla sumida en el caos y la desintegración. La actual situación geopolítica de la región le es completamente desfavorable y tiene que adaptarse a las nuevas reglas del juego.

No hay futuro para el pueblo saharaui puesto que les han coartado sus justas aspiraciones de soberanía e independencia. La yihad no es una idea nueva pues fue proclamada por el Uali Mustafa Sayed cuando se redactaron los estatutos del Frente Polisario. Sin duda alguna que el extremismo yihadista gana adeptos y sería un error estratégico de consecuencias irreparables forjar alianzas con al Qaeda o el EI. Occidente se encuentra en plena guerra contra el terrorismo islámico y por ende el Polisario también sería un objetivo a batir.

¿Tendrán que resignarse a su agónico destino? ¿O es preferible tomar nuevamente las armas? Este dilema los coloca entre la espada y la pared. Mientras Marruecos aplica la mano dura y encarcela o expulsa del Sahara a los jóvenes más críticos y contestatarios. Se les ha incluso deportado en pateras con dirección a Canarias. Son un peligro latente que tiene que desmovilizar.

Las organizaciones juveniles saharauis propugnan volver a la guerra de guerrillas mientras que sus dirigentes que residen en el exterior prefieren agotar los plazos y buscar una solución política negociada. La cúpula de la RASD y del Polisario goza de privilegios, jugosos sueldos y viajan por el mundo representando la causa saharaui. Se han desentendido del drama que sufre sus hermanos en los campamentos de Tinduf o en los territorios ocupados. Y para colmo el nivel de corrupción a nivel oficial es intolerable.

Mohamed Abdelaziz, líder del Polisario y defensor de la vía diplomática, el pasado 6 de diciembre renunció a su cargo en el que estuvo por más de treinta años. Argumenta que es la hora de renovar el Frente y que las nuevas generaciones asuman el mando. Con el proceso de paz está estancado es casi imposible encontrar una salida a esta encrucijada.

Definitivamente en este contencioso el reino de Marruecos tiene todas las de ganar pues cuenta con el respaldo incondicional de EE.UU, Francia y España. Marruecos es una garantía de estabilidad y progreso. El reino Alauita representa la seguridad mientras que los saharauis son un elemento desestabilizador y peligroso. Además Marruecos cumple a cabalidad su función de dique contra el integrismo islamista (grupos y facciones afines a al Qaeda, Unicidad y Yihad de África del Oeste, Ansar al Sharia y del EI) y la avalancha de inmigrantes y refugiados clandestinos que intentan ingresar en Europa por el estrecho de Gibraltar o Canarias. Ese es el principal motivo de preocupación de Bruselas. Marruecos acusa al Polisario de colaborar con Al Qaeda y el Estado Islámico como parte de su estrategia por criminalizarlos.

Mapa del Sahara OccidentalEs imposible sustraerse a la demoledora realidad. En especial hay que resaltar las inmejorables relaciones que existen entre la monarquía marroquí y la española. Recordemos que el rey Juan Carlos I profesaba una gran admiración por Hassan II, su “hermano mayor”. Hoy su hijo Felipe VI y Mohamed VI se prodiga en elogios y han confesado que a los dos reinos les unen lazos “indestructibles”. Así lo avala la firma de tratados de cooperación bilateral en el área agrícola, pesquera y comercial. Marruecos y España tienen la sagrada misión de ser los guardianes del estrecho de Gibraltar. España le vendió armas el pasado año a Marruecos por una cuantía de 340 millones de euros. Armas que sirven para reprimir las ansias de libertad del pueblo saharaui.

El mito del Gran Marruecos y el Sahara occidental está ligado a la misma existencia de la monarquía alauita.

Marruecos en un magnánimo gesto le cedió a EE.UU – su “aliado preferencial”- una extensa área de terreno cerca de Tan Tan donde han instalado la gran base militar del Africom (la más importante de África) -que también es sede del centro de inteligencia del Pentágono (espionaje electrónico) – Esta es realmente una atalaya de la OTAN para enfrentar la creciente amenaza de los grupos terroristas que se mueven por el Sahara y el Sahel. Es preciso velar por los intereses económicos occidentales como la minería, los complejos energéticos y gasoductos. Sin olvidar que por la costa sahariana discurre el 60% del tráfico mundial de superpetroleros. El imperialismo capitalista está decidido a consolidar el nuevo orden globalizador.

En el 2003 el Consejo de Seguridad de la ONU nombró como mediador para el Sahara a James Baker, amigo íntimo de Bush padre y ex secretario de estado. Él fue el que ideó el plan que lleva su nombre y que debería poner fin a este contencioso. El plan consistía en convertir el Sahara Occidental en una autonomía dependiente de Marruecos por un periodo de cinco años. Al cumplirse dicho plazo se celebraría un referéndum para que los ciudadanos inscritos en el censo eligieran libremente su futuro. Pero Marruecos boicoteó el papel de la MINURSO impidiendo elaborar un censo creíble -ya que exigían incluir a los colonos-. El Frente Polisario también lo denunció porque entre sus cláusulas se omitía la palabra independencia. Al final el plan fracasó y Baker tuvo que dimitir.

La ONU, La Unión Europea, EE.UU ya no hablan de referéndum sino de encontrar una salida al impase ofreciendo cierta autonomía a los Saharauis -pero siempre bajo la tutela del reino de Marruecos-. La MINURSO se limita a proteger la ocupación marroquí.

La causa saharaui está desahuciada. El reino de España ha ejercido el papel de verdugo colocándoles la soga al cuello. Esa es la herencia maldita que han dejado tras su cobarde retirada del Sahara hace exactamente 40 años.

El actual enviado especial para la misión de la MINURSO, el embajador americano Christopher Ross, insiste en buscar una salida a este conflicto (el último territorio africano pendiente de descolonización) mediante una “solución negociada y mutuamente aceptable”. Pero Marruecos lo ha vetado lo considera un elemento perturbador y próximo a las tesis saharauis. De ahí que le haya impedido realizar sus funciones de mediador en un nuevo intento por boicotear el proceso de paz. Al enviado especial de la MINURSO se le ha prohibido visitar el Sahara.

Hace tan solo unas semanas que la RASD le ha comunicado a Christopher Ross un ultimátum: o hay referéndum o empuñaremos nuevamente las armas. El Polisario ya no habla de referéndum sino de reanudar los combates.

La finalidad del ocupante marroquí es agotarlos física y moralmente y borrar así el sentimiento independentista de las nuevas generaciones saharauis. Que acepten la soberanía de Marruecos y la legitimidad del rey Mohamed VI. El reino de Marruecos en su infinita bondad está empeñado en llevar la civilización hasta el desierto y redimir a aquellas tribus que se han quedado rezagadas en la edad primitiva.

Tal vez piensan que el pueblo saharaui debe asumir resignado su condena al igual que ha sucedido a lo largo de la historia con otros tantos pueblos del mundo víctimas del colonialismo.

Las intrigas, traiciones y acuerdos secretos han provocado este fatal desenlace: el genocidio del pueblo saharaui del cual España es la directa responsable aunque diplomáticamente quiera lavarse las manos.

La comunidad internacional se desentiende de este conflicto puesto que no despierta ningún interés ni para la opinión pública ni para los medios de comunicación de masas -fuera del plano meramente turístico o folclórico-. Poco importan que unos miserables nativos se pudran en medio del desierto calcinante haciéndole compañía a los chacales y serpientes. Hace tiempo que han dejado de ser noticia de primera página.

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