Los ídolos de barro de los dueños de Chile

Las élites plutocráticas necesitan de legitimidad para mantener su poder, con respecto a las clases subalternas. La oligarquía chileno siempre ha inventado una especie de relato, avalado por los historiadores y políticos conservadores, mediando el cual se presenta a los caballeros de Chile como gente honesta, de costumbres frugales, muy católicos y fríos. Por ejemplo, los mitos de Diego Portales como un servidor del Estado, que carecía de dinero – incluso para comprar cigarrillos -, o el de los Montt que, desde la rural Petorca, alcanzaron el más alto nivel del Estado. Toda élite, necesariamente tiene construir su propia epopeya para legitimar la dominación.

La jerarquía de la iglesia católica ha servido para dar sustento espiritual a este relato de las élites, reafirmando el carácter divino de su poder sobre el pueblo, que es considerado ignorante. Dejando de lado la historia, podría afirmar que, en la actualidad, no sólo asistimos a una crisis de dominación oligárquica, sino también de legitimidad de las instituciones del Estado y, aún más, del pequeño número de personas que conforman aquello que llamamos “los dueños de Chile”, círculo que no abarca de veinte familias adineradas, que copan un alto porcentaje del PIB chileno.

En un lapso relativamente corto comienzan a desfilar por los pasillos y las salas de los tribunales de justicia los principales “ídolos de barro” de la oligarquía chilena: el primer turno le correspondió a Carlos Alberto Délano, el “Choclo”, por el caso Penta, cuya arista política ha permitido develar el grado de corrupción y podredumbre al cual hemos llegado, debido a la mezcla entre política y negocios – cada vez es más claro, para la opinión pública, que quienes pretender ser sus representantes, no son más que lacayos de los empresarios -; el segundo, al padre John O´Reilly, un líder espiritual de los principales personajes de la casta político-empresarial y un hábil recaudador de dinero que, cualquier partido político lo querría en sus filas; el tercero, la pérdida de legitimidad económica en los casos de las colusiones –farmacias, empresas avícolas…; el cuarto, el famoso caso Cascadas, cuyo cerebro Julio Pone Leroux, yerno del dictador Augusto Pinochet, que implica, en una de sus aristas, al mismo ex Presidente Sebastián Piñera. En síntesis, la legitimidad de la dominación oligárquica está puesta en cuestión en los planos económico, político y, sobre todo, espiritual, pues los propios curas bendecían sus negociados y convertían a Cristo en un ginecólogo sólo para ganar dinero y, además, andar hurgueteando las partes pudendas de las damas.

La ruindad moral de estos pastores de “mamón” es demasiado visible para que sea negada por los “esenios” chilenos, pues la sola lectura del fallo condenatorio contra el padre O´Reilly produce escalofría y repugnancia a cualquier persona con un mínimo de conciencia moral, caso que se suma al abuso de poder y asquerosidad sexual de las acciones del tristemente famoso Fernando Karadima.

Estos curas, capellanes de la oligarquía, se hacían pasar por santos y construían su propio culto entre los mercachifles y sus familias, que los seguían devoción ilimitada. O´Reilly, como Rasputín, volvía locas a la castas en el poder, a tal grado – en caso del sacerdote irlandés – que los senadores concedieron la nacionalidad por gracia, sin considerar que este personaje tenía como superior al delincuente Marcial Maciel, provincial de los Legionarios de Cristo, un tipo de doble vida, muy querido por el Papa Juan Pablo II -.

Es muy triste comprobar cómo la iglesia católica ha convertido a Jesús en un corredor de la bolsa y en abogado del lucro, sirviendo de apoyo espiritual y moral a quienes el alfa y el omega de la vida es sólo el dinero, para el cual no existe ningún tipo de barrera moral – el cristianismo, que pudo ser la utopía de igualdad entre los hombres se convierte, en manos de los ricos, en la religión de la desigualdad.

17/10/2014

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