Los Generales René Schneider y Carlos Prats: dos ejemplos que deben guiar en las Fuerzas Armadas

Hace unos días se cumplieron 41 años de la fecha en la que asesinaron al General Carlos Prats y en este mes de Octubre 44 años desde el asesinato de otro comandante en jefe del ejercito Rene Schneider. Dos altos jefes militares ultimados por ser considerados enemigos de quienes se apoderaron del mando de las FFAA y del país en 1973.

Actos criminales que al investigarlos dan cuenta de que en su planificación y ejecución estuvo la derecha política de este país, funcionarios del gobierno de Estados Unidos, altos oficiales de las FFAA, quienes son los pioneros en la aplicación del terrorismo, como una práctica para intimidar y asesinar a oponentes políticos. El asesinato del general Schneider, del capitán de la marina Arturo Araya (1973), del General Prats, del general Alberto Bachelet, del ex ministro de Allende Orlando Letelier (1976) son parte de una lista, la que se suma a los millones de victimas del terrorismo de estado implementado en Chile durante los años de dictadura.

Las FFAA chilenas no pueden seguir con su vida institucional, sin transparentar ante la sociedad esta historia reciente, al mantenerse en silencio asumen culpabilidades que no les corresponden como institución, haciéndose responsables de los Generales y oficiales que fueron los protagonistas principales y el brazo armado del terrorismo en Chile. Las nuevas generaciones de Oficiales y Suboficiales deben conocer que al general Rene Schneider lo asesinó Patria y Libertad ( organización política de derecha ) en acuerdo con Oficiales de las FFAA, para impedir que Allende asumiera el gobierno para el cual había sido democráticamente elegido en 1970 y que al general Prats ( junto a su esposa ), lo ultimó un comando de oficiales del ejercito chileno y de la CIA norteamericana; le pusieron una bomba para atemorizar a la resistencia chilena y para eliminar toda oposición a la dictadura en el interior del ejercito.

En la formación de las nuevas generaciones de militares, se debe incluir que el General Schneider y el General Prats, así como el general Alberto Bachelet, fueron asesinados porque sostenían una doctrina militar de respeto a la Constitución y las leyes, que impedía al ejercito transformarse en un instrumento de intereses políticos y económicos contrarios al interés nacional. Que estos militares actuaron con absoluto apego al orden constitucional y a una doctrina militar basada en el acatamiento de la voluntad ciudadana, con lo que instaron a un cambio de mentalidad castrense, asentada en la confianza publica para cumplir sus funciones profesionales de la defensa y la seguridad nacional.

Se debe decir que Pinochet, Merino, Leigh, Mendoza ( junto a los civiles y políticos que les apoyaron), violentaron la doctrina del ejercito. Tergiversaron estos principios y los utilizaron para diseñar una plataforma política que les permitió refundar el país, manipulando a través de la cadena de mando y la disciplina militar, al soldado que por principio jura entregarse por una causa superior que es la protección del interés nacional general.

El terrorismo de estado lo impusieron los altos mandos de las FFAA y los civiles que los asesoraron y formaron parte del gobierno militar, de allí surgieron las ordenes que progresivamente fueron involucrando a las FFAA como institución en la barbarie de la represión. Ellos crearon la DINA y luego la CNI para institucionalizar la tortura y cumplir la misión de aniquilar a todo aquel ciudadano (a) resistente y amenazante, a la instalación del proyecto de reorganización social y económica propuesto, cumpliendo lo solicitado por el Gobierno de Estados Unidos.

Las FFAA no pueden seguir funcionando sobre una historia mentirosa, de la cual afloran culpables y culpabilidades en la medida que la justicia y los familiares de victimas de la represión les exigen responsabilidades por los actos cometidos en el pasado, como sucedió con el General Cheyre entre otros. En esto los gobiernos democráticos post dictadura también han fallado y tienen una gran deuda con la ciudadanía, han sido incapaces de replantear una doctrina militar acorde a los valores democráticos que propagaron los generales Schneider, Prats y Bachelet.

En este contexto no tiene sentido continuar afirmando el apoliticismo y la no deliberación como un seguro para la no participación del ejercito en la contingencia política. Conceptos que al mencionarlos, sin que los militares reconozcan su pasado reciente, se transforman en discursos vacíos que no tienen contenido ni sustento ético.

Las FFAA necesitan enfrentarse con su pasado de manera valiente, replanteándose frente a la Doctrina de la Seguridad Nacional que por años domino la cultura y el hacer militar, en torno a la cual se formaron muchos de los actuales mandos del ejercito. El ejercito chileno adoptó las tácticas y técnicas propias de la Doctrina de Seguridad Nacional, transformándose en una fuerza de contrainsurgencia y esa cultura aun mantiene sus apegos en la formación de los Oficiales y Suboficiales de las FFAA.

En rigor al mantener las bases y el espíritu de una doctrina militar que en 1973 llevo al ejército a quebrantar la democracia y a perseguir a su pueblo, lo que se hace es justificar el papel que jugaron – las FFAA – en el terrorismo de Estado. En el ejercito y en el círculo de militares en retiro, que ejerce influencia en el generalato en servicio activo, aun hay oficiales que continúan argumentando un supuesto “papel heroico y necesario” en la que llaman “la gesta de 1973”. Al amparo de este reconocimiento se han formado varias generaciones de Oficiales y Suboficiales de nuestras Fuerzas Armadas, justificando u ocultando el crimen y la tortura como un mandato de la patria para salvar a esta del comunismo.

Aunque muchos lo quisieran hacer, para borrar las huellas de su delito, la historia no se puede partir en dos ni borrar, esta tiene un pasado que transparentar ante la sociedad, la dictadura cívico militar fue un régimen terrorista y las FFAA fueron arrastradas a ser su brazo armado para perseguir a los oponentes políticos. Por ello, Pinochet, Merino, Leigh y Mendoza no merecen ser recordados como generales del ejercito de Chile, tampoco los criminales que están presos en Punta Peuco ni los que están involucrados con crímenes de lesa humanidad, ellos violentaron la doctrina militar afectando la unidad y la comunidad nacional, creando una ruptura social a través del crimen y del terrorismo de Estado.

Quienes nos opusimos al golpe cívico militar de 1973 reclamamos hoy una profunda reforma en las FFAA, la que debe ser asumida por el gobierno y por el Congreso, retomando el pensamiento de los generales Schneider, Prats y Bachelet, creando una doctrina que albergue una nueva conciencia y cultura de defensa, vinculada a la realidad del país, que produzca cambios significativos, en primer lugar, en el diseño de los planes de estudio que forman a los militares. Cambios que deben llevar a una política de defensa al nivel de una política pública, asumida como responsabilidad de todos y no sólo de los militares.

Las Fuerzas Armadas son conformadas mayoritariamente por jóvenes que siguen ideales sanos y que no merecen ser juzgados por un pasado que provocaron sus antecesores, el que no debe interferir con el cometido de sus funciones y su realización profesional. Las FFAA tienen un rol que jugar en el Chile de hoy, aparte de sus misiones especificas, deben ser actores que se integren a la gran tarea nacional de promover la gestación de una sociedad más fraterna, inclusiva, justa y solidaria en todos los ámbitos.

  • Exigimos que se juzgue y castigue a civiles y militares comprometidos en crímenes de lesa humanidad.
  • Demandamos que se exija a las FFAA entregar la información que permita, a los familiares de detenidos desaparecidos, conocer el paradero de los restos de sus seres queridos.
  • Demandamos degradar a los militares involucrados en crímenes de lesa humanidad, lo que implica el cierre de una época y la apertura de una nueva, basada en el derecho humanitario internacional y en la plena vigencia de los principios universales de los derechos humanos aportando al desarrollo del derecho.
  • Demandamos terminar con el estado actual de la Justicia Militar de aislamiento y discrecionalidad y su intervención en juicios civiles.
  • Demandamos que se reconozca y dignifique la actitud de los militares que se opusieron al golpe de estado de 1973 y su papel ejemplarizador, para las nuevas generaciones de Oficiales y Suboficiales.

“En la doctrina militar debe consignarse que la libertad no es condición de algunos y la opresión parte de la vida cotidiana de muchos”…

El autor, Enrique Villanueva M., es Vicepresidente CEEFA-73, Centro de Estudios Exonerados Fuerza Aérea 1973

 

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  • Carlos Méndez

    Son 40 años los cumplidos con el asesinato del General Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert, en el barrio de Palermo, el 30 de septiembre de 1974. El martes pasado, la Federación de Chilenos en Argentina – FEDACh, organizó un homenaje que contó con la presencia de una de sus hijas, Cecilia Prats Cuthbert y el Embajador de Chile, Marcelo Díaz acompañado por sus Agregados Militar y Naval en Argentina. Y autoridades del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, legisladores, jueces que investigaron el asesinato en Argentina, integrantes de organismos de derechos humanos y residentes chilenos.
    Comparto con Enrique Villanueva que las Fuerzas Armadas deben modificar su política de defensa, al igual que su estructura, requisitos de ingreso, curricula de estudios, etcétera. Pero dicha reforma debe estar sujeta a una reforma constitucional a través de una Asamblea Constituyente. No limitada a una superestructura legislativa y de gobierno.
    Atentamente.- Carlos Méndez presidente FEDACh