Un señor invisible y amordazado que infunde mucho miedo en cierta gente muy inocente

Como se sabe, ser candidato presidencial no es gratuito. Gustavo Ruz Zañartu quedó fuera de la carrera presidencial al carecer de los recursos financieros y la organización suficiente para  alcanzar las 37000 firmas necesarias para su inscripción como candidato independiente.  Curiosamente, el candidato no se siente afligido por el hecho de haber quedado fuera de la competencia e inexplicablemente dice que “está satisfecho, porque ¡ya ha triunfado!”. Esta es una afirmación inusitada pero tiene su explicación y es ésta la que escudriñaremos en las líneas siguientes.

De todas las voces pre presidenciales más o menos conocidas, más o menos identificables, la que en todo momento ha parecido más distante y ajena que otras, incluso perdida en una especie de nebulosa misteriosa, es la del sociólogo Gustavo Ruz Zañartu. Pareciera que pocos chilenos tuvieran algún conocimiento de su nombre y menos aún, los que saben algo de su persona o de su historia. En consecuencia, sigue siendo válido preguntarse, ¿quién es este señor Ruz Zañartu y qué pretendía con su candidatura presidencial o lo que fuere?

Poco sabemos de su vida y por ello, intentaremos desde lejos una aproximación al ser y quehacer de este señor que infunde  -se dice-  un gran temor en cierta clase política. Pocos son los datos disponibles, pero propuestos a averiguar y a escudriñar en su difusa historia personal, van apareciendo ciertos hechos más o menos inconexos, más o menos hilvanados, los que sumados, restados y convenientemente masticados, van construyendo el perfil de un personaje “rara avis” en nuestro escenario político nacional.

Candidato a candidato

De lo que primero que nos enteramos es que devino candidato presidencial por una especie de obligación práctica. La bandera de lucha de Gustavo Ruz es la instauración de una asamblea nacional constituyente que dé paso a la elaboración de una constitución democrática, pero sus posibilidades financieras para la promoción de un proyecto tan ambicioso y trascendente como éste eran y son prácticamente cero. Desde la condición de candidato presidencial habría podido en cambio contar con la posibilidad de obtener algún financiamiento y de contar con un cierto acceso a los medios de comunicación. Así se ha dado el caso de este pre candidato presidencial que no aspiraba tanto a ser presidente de la República, como a ser candidato. Desgraciadamente, el intento no alcanzó a fructificar. Sin embargo, la validez y significación de la propuesta política de Ruz son permanentes y aunque éste haya perdido una escaramuza táctica, sigue en combate.

Un señor invisible y amordazado

Luego, advertimos que el intento de Gustavo Ruz estaba plenamente justificado, puesto que su nombre es uno más de aquellos proscritos de los medios de comunicación, como es el caso de todos los candidatos o figuras políticas que cuestionan el modelo político de poder, quienes por ese simple hecho son convertidos por los poderes fácticos en personajes invisibles, inaudibles y hasta inexistentes, aún cuando encabezaren una ignorada pero viva movilización social. Gustavo Ruz Zañartu ha devenido un señor como éstos. Ningún medio de comunicación importante lo menciona, ninguno se da por enterado de lo que dice y menos, de lo que hace o representa. Sus apariciones en televisión son escasas. Lo que parece bastante lógico bajo el imperio de una moral periodística escamoteadora de la verdad y contraria a toda información objetiva. La idea que Ruz proclama es absolutamente ingrata para los sostenedores del modelo neoliberal de servidumbre humana y se hace indispensable cerrar puertas, ventanas y toda clase de resquicios por donde pudieran colarse su iconoclasta voz y mensaje. Así, Gustavo Ruz Zañartu ha sido convertido en un señor prácticamenter invisible y luego, convenientemente amordazado por el silencio mediático.

En oposición a tan deliberado aislamiento, desde el año 2007  Ruz Zañartu ha estado moviéndose a lo largo del país para promover su proyecto político y ha construído su propia audiencia en las aulas universitarias, en las asambleas ciudadanas, en los movimientos regionalistas, en las redes sociales y en las agrupaciones compuestas por todos aquellos que aspiran a re-fundar un nuevo país en lo ético y en lo social. Incluso se ha movido fuera de Chile para acoger las experiencias constituyentes de otros países latinoamericanos.

Quijote pertinaz

Enseguida constatamos que a diferencia de la mayoría de los candidatos presidenciales, Gustavo Ruz no es ningún aparecido en las luchas sociales y políticas del país y lleva en ellas no menos de cincuenta años de vida activa e inclaudicable. Está en ello desde adolescente, cuando inició su primeros pasos en las luchas estudiantiles en su tierra natal, la provincia de Ñuble, actividad que lo llevó a hacerse miembro del partido Socialista, llegando más tarde a asumir en éste la secretaría nacional de la Juventud Socialista y luego, la subsecretaría de Comunicaciones del partido. Todo esto en los tiempos de auge de la Unidad Popular. En estas tareas fue un cercano y leal colaborador del gobierno de  Salvador Allende. Consecuentemente, fue también perseguido, encarcelado y castigado duramente por la dictadura. El exilio lo alejó por varios años del país, pero pronto regresó a proseguir la lucha, primero clandestinamente y luego legalmente. Y continúa en ella, con porfía y dedicación sin renunciamientos.

Su empeño político ha sido y sigue siendo de carácter puramente idealista, puramente ético. Y lo ejerce desde su condición de persona independiente, libre de ataduras partidistas o de otra índole. Su cruzada en favor de la asamblea constituyente no le reportará beneficio personal alguno y se agotará en el momento mismo en que ésta sea eventualmente acordada por la ciudadanía. Otro asunto que lo apasiona porque está ligado igualmente al ejercicio de la soberanía ciudadana es la defensa de los recursos naturales. Es experto en políticas nacionales sobre la nacionalización del cobre y otros temas relacionados con la Gran Minería.

Consecuencia ética

Desde antes de la transición y actuando de lleno en la lucha política desde su propio partido, pronto se desilusionó de la lucha de facciones por cuotas de poder mayores o menores, de las actitudes conciliatorias, de los indicios de deslealtad y hasta de traición al ideal socialista que advertía en algunos de sus camaradas y se sintió forzado a abandonarlo ya en 1988. Vivió las batallas del No desde su condición de militante independiente y fue duro juez de las componendas entre las nuevas fuerzas políticas que darían forma a la Concertación de Partidos por la Democracia y la dictadura. A diferencia de otros militantes y de los oportunistas que llegaban a las nuevas organizaciones políticas, visualizando desde temprano las posibilidades de crear propias expectativas de poder e influencia, Gustavo sintió que sus convicciones éticas y políticas personales eran por naturaleza ajenas a tales inconsecuencias y estrategias.

Desde entonces, se mantuvo, primero, totalmente distante de acomodos y contubernios y luego, de las prebendas y privilegios que iban a constituir derecho propio para los adherentes y militantes de su partido y de la Concertación de Partidos por la Democracia. Gustavo Ruz escogió no dejarse mecer por los halagos del dinero, por la perspectiva de  ventajosas posiciones de poder, por la posibilidad de incorporarse a una nueva élite privilegiada. Podemos advertir que éste es un hecho insólito en la historia ética de la clase política que ha estado al frente de nuestra sociedad en los últimos 40 años y rara, pero no menos evidente peculiaridad de este hijo de Ñuble. Jamás hemos tenido conocimiento de que Gustavo Ruz, alguna vez hubiera utilizado su ascendencia como destacado dirigente de su partido y de activo dirigente de la resistencia, tanto en clandestinidad como en democracia, para profitar de las nuevas condiciones que aquella surgente etapa “democrática” ha proporcionado a tantos improvisados restauradores concertacionistas.

Sólo el pueblo

La escueta biografía de Gustavo Ruz nos dice que éste desde jovencísimo, ya había decidido que su lugar estaba junto al pueblo y cualquiera puede constatar que allí ha permanecido, efectivamente, durante todo el tiempo del reinado de la Concertación y de la Alianza, enarbolando sin fatigas su bandera de liberación y de construccción democrática. Pues, escudriñando en su historia política personal es imposible soslayar la presencia de la lealtad al pueblo como hilo conductor irreductible de su pensamiento y de su quehacer político. Para Gustavo Ruz, el pueblo es el único y legítimo gestor y portador del poder político y ésta es para él una verdad absoluta e intransable. El poder originario  es la amalgama de la conciencia y de la voluntad del pueblo ciudadano, y es ésta la única instancia social e histórica de donde puede surgir legítimamente la organización política nacional. En dicha perspectiva, la suplantación del pensamiento y de la tuición ciudadana por cualquier otro mecanismo o subterfugio, es una inmoralidad, nos dice. El camino institucional que propone la Nueva Concertación está originalmente viciado, por el simple hecho de que tanto la Constitución vigente como el Congreso ( sistema binominal) son ilegítimos y carecen tanto de validez electoral como ética. Sólo la ciudadanía en su conjunto tiene el derecho y la autoridad para determinar, de modo directo y participatorio, cómo debemos organizarnos y cuál es el país que queremos construir.

Un proyecto político trascendental

La aceptación del pensamiento político de Ruz Zañartu sólo puede conducir a admitir la necesidad de la re-fundación democrática de la república, del único modo que es legítimo y como nunca antes ha sido llevado a cabo en Chile:  a través de una asamblea nacional constituyente que pueda reformular una nueva Constitución Política, esta vez, una constitución democrática y liberadora. Una constitución pensada, discutida, elaborada y redactada por los ciudadanos, sin ingerencia de agrupaciones partidistas, económicas, gremialistas, religiosas o de cualquiera otra índole. Una constitución concebida teniendo como centro al ser humano de carne y hueso, su libertad, sus derechos, su desarrollo y su felicidad, en un marco de absoluta justicia e igualdad social. Una nueva constitución inspirada en profundos sentimientos y principios de ética y moralidad humana y política.

Partiendo del análisis de la realidad nacional sólo de los últimos cuarenta años, la propuesta de Gustavo Ruz Zañartu es absolutamente lógica, absolutamente necesaria. La instauración de una asamblea constituyente pro nueva constitución es hoy la iniciativa política más trascendental de la historia nacional, es el proyecto de todos los proyectos y se inspira en la razón de todas las razones.

Todo esto, planteado sin aspavientos por este señor de modestia personal relevante, invisible, amordazado y marginado. A pesar de ello, es tanta la fuerza moral, social y política del propio mensaje que éste ha logrado traspasar las fronteras del aislamiento y se ha difundido poco a poco a lo largo del país y va asentándose lentamente en la conciencia nacional. La idea que hace apenas cuatro o o cinco años atrás, era considerada estrambótica o ajena a la realidad, ha comenzado a ser aceptada por todas partes. Los movimientos sociales y estudiantiles la hicieron suya oportunamente. Han aparecido nuevas figuras, iniciativas o convenciones repentinas las que, silenciando el rol de gestor inicial de Gustavo Ruz, promueven el proyecto de Asamblea Constituyente como nuevo o propio. Importantes personeros del ambiente político y de gobierno se han referido a éste, unos pocos para aceptarlo, muchos para denigrarlo. Es decir, quiéranlo o no los dueños del poder, la propuesta de Gustavo Ruz Zañartu, ha quedado instalada en el escenario político nacional y ya no podrá ser erradicada de éste. Es esta la razón por la cual su promotor declaraba al quedar fuera de la competencia presidencial que “ya había triunfado”. Este es claro está, un triunfo relativo ya que la implementación de una Asamblea Constituyente requiere aún de muchas batallas, pero es una prueba de la efectividad y la significación del trabajo realizado por Gustavo Ruz.

Miedo al poder ciudadano

Como se sabe, los conceptos de “asamblea constituyente”, “plebiscito” o cualquier otro que apunte al ejercicio directo de su soberanía por el pueblo ciudadano, siembra el pánico entre las fuerzas políticas de derecha en todas las latitudes, pues tal ejercicio pone en peligro los mecanismos de dominación y los  privilegios que ellas han creado en su particular beneficio. No olvidemos que el plebiscito que Allende iba a anunciar el día 12 de septiembre para resolver la crisis política que se vivía, precipitó el golpe militar instigado por civiles en 1973, con toda su secuela de crímenes, capitalismo salvaje, latrocinios, desigualdad social y dictadura. Los políticos de entonces y sus herederos, son hoy inocentes palomas que ejercen de paladines de nuestra singular “democracia”.

La fuerza de irradiación que la idea de la asamblea constituyente tiene en la ciudadanía, llena de temores a esta derecha chilena que ha construído su poder, su hegemonía y su riqueza de clase por medio de la marginación total del pueblo ciudadano de todo mecanismo de poder y decisión propios. Husmeado el peligro, ya ha comenzado ha utilizar recursos contrarios y descalificatorios de la iniciativa y a adoptar incluso algunas medidas de carácter legal y represivo. Sin embargo, cuenta principalmente con que la próxima elección de Michelle Bachelet como presidenta y su proyecto “gatopardista” de reformas, ha de constituir el principal freno para las movilizaciónes sociales durante el próximo período presidencial. El terror derechista ante la posibilidad de concreción de alguna forma de poder ciudadano podrá tener entonces una pausa para elucubrar nuevos momentos y estrategias para enfrentar tal eventualidad.

Justo es decir que Gustavo Ruz no es el único que ha planteado la necesidad de una asamblea constituyente para remediar la anomalía política y la crisis social que vive el país. Otros, aunque pocos y aisladamente, también lo hicieron. Nosotros mismos durante años hemos abogado por tal iniciativa política en esporádicos artículos. Sin embargo, ha sido sólo Gustavo Ruz quien asumiera con la mayor seriedad y decisión,  el desafío de promoverla e instalarla en la conciencia política nacional, adoptando esta ímproba tarea como una misión propia y personal . Para ello creó el Movimiento por la Asamblea Constituyente, una página web y lleva por lo menos seis años promoviendo su proyecto por todos los rincones del país, reuniéndose con pobladores, estudiantes, trabajadores, movimientos regionales, organizaciones de toda índole y con todo aquel que quiera escucharlo. Una de sus iniciativas ha sido la de crear una “cuarta urna”, es decir marcar el voto con las iniciales AC, en busca de una mayoría ciudadana favorable a la realización de un plebiscito que dirima la opción por una Asamblea Constituyente.

Hemos contemplado cómo todas estas actividades las ha llevado a cabo Gustavo Ruz con método, con continuidad y con una energía admirables. No dudamos que los muchos embates que aún quedan por delante hasta poder hacer realidad una asamblea constituyente seguirán teniéndolo como motor e inspiración. Por ello, creemos que cualquier eventual asamblea constituyente del futuro más próximo o más lejano, debería estar asociada necesariamente a la figura de este señor invisible y amordazado que obedece al nombre de Gustavo Ruz Zañartu, su principal inspirador y promotor.

A nuestro entender, poquísimas personas han realizado en Chile durante los últimos tiempos un trabajo político que exprese tan grande respeto y fidelidad hacia el pueblo ciudadano y que conlleve tan alto sentido de la democracia, de la ética política y de bien entendido patriotismo, como el que ha estado realizando Gustavo Ruz. Hemos pensado que en este país de memoria caprichosa y potenciales injusticias, un mínimo de honestidad tetimonial debería dejar  constancia mediática de un hecho que tempranamente comienza a ser omitido u olvidado y, por ello, sin tener contacto personal alguno con Gustavo Ruz, hemos decidido escribir estas líneas, deseando no habernos equivocado demasiado en esta distante y desinteresada semblanza de su persona y de su trabajo.

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