Carta al almirante Edmundo González: El criminal «error» de la Armada
por Tito Tricot (Chile)
16 años atrás 4 min lectura
A veces faltan palabras para llorar o lágrimas para hablar. Es como si la garganta se escarchara de espanto y el alma crepitara de fuegos antiguos, pero de a poco, por entre las fisuras del corazón, asoma la palabra precisa para gritar el dolor y la rabia ante una tragedia que pudo haberse evitado. Por ello escribo desde la profunda ira que provoca la muerte de centenares de inocentes, porque tú almirante, con toda tu tecnología, con toda tu Armada, con toda tu oceánica arrogancia, fuiste incapaz de alertar al país de un posible maremoto. Y luego vinieron las excusas, las acusaciones mutuas con el gobierno, las medias verdades o impúdicas mentiras para ocultar lo inocultable: que se le falló al país en un momento crucial; país que, ingenuamente, confío en la eficiencia de la marina.
Y, la verdad, poco importa a estas alturas que se haya destituido al director del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada SHOA o que haya renunciado la directora de la Oficina Nacional de Emergencia del Ministerio del Interior ONEMI, pues los muertos y los desaparecidos seguirán vestidos de mar a la fuerza. Porque tú, almirante, con toda tu tecnología, con toda tu Armada, con toda tu oceánica arrogancia, guardaste criminal silencio mientras la noche se tornaba más oscura cuando el mar se atiborraba de los sueños, las manos, los ojos y las esperanzas de gente sorprendida por la furia azul. Porque el mar es así y, por lo mismo, hay que cuidarse de él y tú, almirante, tenías la misión de hacerlo, pero no lo hiciste. Y eso duele, como chileno, como mapuche, como humano, como porteño de nacimiento que ama el mar y que sabe que, a fin de cuentas no es culpa de éste que sólo hace lo que ha hecho desde tiempos inmemoriales. Además, como marino terrestre, más de alguna noche de luna llena, como aquella del terremoto, creí ver en lontananza galeones antiguos y escuchar cristalinas las risas de la sirena y el capitán mientras hacían el amor sin pausa ante la mirada asombrada de narvales gigantes y pudorosos caballos de mar.
Pero nada de eso puedo sentir hoy, sólo el llanto quedo de los desaparecidos que horadan el alma, quizás buscando en la bruma un trozo de luz para calmar la angustia de sus seres queridos y de un país herido. Porque tú, almirante, con toda tu tecnología, con toda tu Armada, con toda tu oceánica arrogancia, ignoraste todas las señales, todas las alarmas, todos los indicios, desafiando al océano. De alguna manera, con o sin querer, llamaste a la muerte que golpeó sin piedad a pueblos enteros, sembrando destrucción y pavor.
Y claro, en otros tiempos dolorosamente cercanos, la Armada también llamó a la muerte y se sumió para siempre en la vergüenza al asesinar, torturar y hacer desaparecer a compatriotas. Nadie me lo contó, yo estaba ahí. Y tú también almirante, aunque eras sólo un joven cadete. Y los cadetes torturaron en la Escuela Naval y en el estadio Valparaíso a prisioneros indefensos. Como lo hicieron oficiales y tropa en la Academia de Guerra Naval y en muchas otras reparticiones de la marina. No se si tú también torturaste, lo que sí se es que en algún momento fuiste comandante del buque escuela Esmeralda donde se asesinó al sacerdote Miguel Woodward. Y lo negaron – y lo negaste – por décadas, hasta que una valiente jueza, Eliana Quezada, logró desentrañar la verdad y procesar a más de una veintena de altos oficiales de la Armada involucrados en el asesinato. Un poco de tardía justicia y un campanario de esperanza, como la inmensa solidaridad desplegada en todo Chile por héroes anónimos para ayudar a las millares de victimas del terremoto y maremoto cuando tú almirante, con toda tu tecnología, con toda tu Armada, con toda tu oceánica arrogancia, fuiste incapaz de alertar al país de un posible maremoto
Probablemente nada de esto te conmueva, ni los desaparecidos de hoy ni los desaparecidos de ayer; lo más probable es que no leas estas líneas o que esgrimas el manido discurso de que hay que olvidar el pasado hasta el próximo golpe de Estado o acaso hasta el próximo maremoto. Es que no puedo olvidar que para miles de hombres y mujeres nada será jamás igual después de aquella noche infernal en que tú, almirante, de algún modo, llamaste a la muerte.
– El autor es sociólogo, Director del Centro de Estudios de América Latina y el Caribe, CEALC, Chile
Artículos Relacionados
Política exterior del «Pinochetismo sin Pinochet» (I)
por Ernesto Carmona (Chile)
17 años atrás 7 min lectura
Colombia: El establishment respira y la pacificación peligra: Duque será el presidente
por Camilo Rengifo Marín (Argentina)
8 años atrás 5 min lectura
1970-1973: Dialéctica del poder popular chileno
por Jan Malewski (Inprecor)
13 años atrás 23 min lectura
Presidente de Uruguay es ejemplo para el Cristianismo
por Isabel Gómez Acebo (España)
14 años atrás 3 min lectura
El peligroso negocio de la manipulación climática
por Silvia Ribeiro (México)
17 años atrás 4 min lectura
Los pueblos no le fallarán a Cuba
por Solidaridad con Cuba (Suecia)
9 horas atrás
11 de julio de 2026
Este pequeño país, con sus escasos recursos, ha logrado cosas que Estados Unidos, mucho más grande, no ha conseguido. Tenía una tasa de mortalidad infantil inferior a la de Estados Unidos, al menos hasta hace cinco años. Nos impresiona lo que se ha logrado en Cuba.
Se nego a abandonar a sus pacientes: niños de Gaza. Hoy está muriendo, abandonado y sin alimentación en una carcel israeli
por Gideon Levy (Diario Haaretz, Israel)
2 días atrás
Imagen superior: Dr. Hussam Idris Abu Safiya es un pediatra y neonatólogo palestino que se desempeñó como director del Hospital Kamal Adwan en la Franja de Gaza desde febrero…
Se nego a abandonar a sus pacientes: niños de Gaza. Hoy está muriendo, abandonado y sin alimentación en una carcel israeli
por Gideon Levy (Diario Haaretz, Israel)
2 días atrás
Imagen superior: Dr. Hussam Idris Abu Safiya es un pediatra y neonatólogo palestino que se desempeñó como director del Hospital Kamal Adwan en la Franja de Gaza desde febrero…
La victoria de Gaza: los profesores siguen enseñando y los niños siguen aprendiendo
por Felix Marquardt y Ziad Medouk
2 días atrás
9 de julio de 2026
Esa es la victoria de Gaza: la victoria de un pueblo que se niega a ser reducido al estado de víctima pasiva. La victoria de quienes, incluso privados de casi todo, conservan todavía su humanidad.