El dulce regreso de la Teología de la Liberación
por Jorge Costadoat (Chile)
14 años atrás 5 min lectura
23 de julio de 2012
De la Teología de la liberación se ha dicho que murió; que se la eliminó; que hoy no tiene nada más que ofrecer; que es una herejía que la Iglesia condenó. Se dijo también que algún día regresaría porque su fondo era cristianismo puro.
Lo que nunca nadie imaginó fue que un “teólogo de la liberación” llegara al más alto puesto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la institución que vela por la ortodoxia en la Iglesia Católica. Benedicto XVI ha nombrado en el cargo —silla que él ocupó hasta antes de ser Papa— a Gerhard Ludwig Müller. ¿Cuestión de decadencia en la Iglesia, dirán algunos? ¿El Anti-Cristo…?
No se puede decir que G.L. Müller sea un “teólogo de la liberación” tal cual los latinoamericanos. Él es europeo y sus preocupaciones son también otras. Su experiencia pastoral y teológica en América Latina, sin embargo, le ha hecho amigo de Gustavo Gutiérrez, el “padre de la teología de la liberación”, con quien es co-autor de la obra Del lado de los pobres. Teología de la Liberación (Lima 2005), y de varios otros teólogos de nuestra región.
Según Mons. Müller la Teología de la liberación es teología católica. Afirma: “En mi opinión, el movimiento eclesial y teológico que bajo el nombre de ‘teología de la liberación’ surgió en Latinoamérica luego del Concilio Vaticano II con repercusión en todo el mundo, debe contarse entre las más importantes corrientes de la teología católica del siglo XX”. Más adelante en el mismo libro: “la teología de la liberación no es una sociología decorada con religiosidad ni un tipo de socioteología. La teología de la liberación es teología en sentido estricto”.
Lo que nunca nadie imaginó fue que un “teólogo de la liberación” llegara al más alto puesto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, la institución que vela por la ortodoxia en la Iglesia Católica. Benedicto XVI ha nombrado en el cargo —silla que él ocupó hasta antes de ser Papa— a Gerhard Ludwig Müller. ¿Cuestión de decadencia en la Iglesia, dirán algunos? ¿El Anti-Cristo…?
El nuevo Prefecto de la Congregación para la doctrina de la Fe habla en términos generales, lo cual equivale a decir que es “católico” que una teología intente formular la fe y que, en el intento, unos ensayos resulten mejores que otros. Así se entiende que el Cardenal Ratzinger en 1984 haya publicado un documento muy crítico hacia ella y, dos años después, en 1986, haya publicado otro documento en el que acoge sustancialmente su aporte. Así podría entenderse que después de haberse limitado drásticamente su desarrollo, ahora comience a vérselo con buenos ojos.
¿Qué está realmente en juego? Puesto que se reconoce a la teología de la liberación como una teología que aporta a la comprensión cristiana de Dios, la Iglesia ha de sacar las consecuencias de su propia fe en el Dios de los pobres.
A saber, teológicamente hablando, que este Dios exige a los cristianos “optar por los pobres”. Recientemente en Aparecida/ Brasil (2007), Benedicto XVI dio un martillazo sobre este mismo clavo. Aseguró que la “opción por los pobres” es inherente a la fe en Cristo. Dicho sub contrario, no se puede ser “cristiano” si no se toma partido por los pobres en contra de la pobreza.
Además, la teología de la liberación, como teología católica que es, urge a la Iglesia a convertirse en la “Iglesia de los pobres”. Esto no solo es legítimo afirmarlo. Ya lo decía Hurtado, por lo demás. Igualmente su amigo el obispo de Talca, Manuel Larraín. La teología de la liberación, con pleno derecho, pide a los católicos una conversión a la austeridad en favor de los empobrecidos. Caridad, lucha contra la injusticia, olfato solidario… Y, sobre todo, esta teología demanda a la Iglesia que mire el mundo con los ojos de los pobres, que en ella se considere su modo de sufrir, su capacidad de lucha y de espera. Esta es la Iglesia que brotó en los barrios populares —Esteban Gumucio, Enrique Alvear, Elena Chain y las anónimas monjas de población…—, una Iglesia alegre, libre, participativa, compasiva, con apertura a la totalidad de la vida humana y exigente sociopolíticamente hablando. Cristianos y cristianas con sentido común para interpretar en conciencia las exigencias doctrinales del cristianismo. En suma, comunidades y personas creativas que, en tiempos revueltos, van abriendo a otros caminos de amor y de justicia.
¿No consistirá el nombramiento de Mons. Müller en una especie de “vuelta de carnero” del Vaticano para enfrentar el desprestigio que lo agobia? Lo dudo. No veo por qué haya que pensar mal. ¿O fallaron los controles de rigor como ocurrió con el lefebvrista William Richardson, negacionista del Holocausto, a quien por un reconocido error se le levantó la excomunión? No puedo creer que el Papa haya ignorado la enorme simpatía que Müller muestra en sus obras por la Teología de la liberación (cf. Dogmática. Teoría y práctica de la teología, 1998) como para nombrarle en un cargo tan importante.
No sé bien qué pensar. Tal vez haya otros aspectos que desconozco y que, sumando/restando, hacían conveniente esta nominación. El hecho es que en estos momentos la teología de la liberación navega con viento a favor.
– El autor, Sacerdote Jesuíta, es miembros del Centro Teológico Manuel Larraín.
*Fuente: El Mostrador
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Chile en particular necesita una Teología de la Liberación y no una del Sometimiento. Son muchos mas los sacerdotes y monjas que adscribieron y están con ella que los aquí mencionados. Nuestros respetos y apoyos, junto a los movimientos sociales hay que cambiar la faz ética, social y política de este país.
La experiencia muestra que las personas, si no tienen un si-mismo muy trabajado, es decir, un interior muy fuerte y coherente, terminan identificándose con el cargo que ocupan en una institución. En este caso, un teólogo aparentemente más abierto a la innovación del pensamiento teológico, es nombrado Gran Inquisidor de una institución dogmática y que se niega a cambiar de acuerdo al requerimiento de los tiempos y de la cultura. El tiempo nos mostrará cuan profundas eran sus convicciones.
Todo un reality que veremos en vivo y en directo.
Chile en particular necesita tener un movimiento que ayude a los mas empobrecidos, pero pienso además que los gobiernos dejen de una vez por todas hacer populismo con los pobres, porque de esa manera los mantienen pobres, más bien deben enseñarles a ellos a ganarse el pan otorgandoles herramientas para tal noble objetivo, de esa manera recuperarán la dignidad y ya deje de esperar sentados en sus casas a que les llegue la ayuda del «cielo».
«no le des al pobre un pescado, dale una caña de pescar» (proverbio chino)
La TdL ha dado vitalidad, mártires, compromiso, coherencia, utopía y profundidad a la fe de millones de latinoamericanos/as. Es responsabilidad nuestra -más que de tal o cual monseñor- que los frutos de esta vertiente teológica sigan enriqueciendo a nuestras vidas y a nuestra alicaída iglesia. Cuántas veces no le han preguntado al mismo G. Gutiérrez: Qué queda de la TdL? Su repuesta es siempre igual: quedan Dios y los pobres.