De la retórica a la acción: la doctrina Trump-Monroe 2.0, un patrón de escalamiento estratégico neoimperialista
por Rodolfo Manuel Vega (Chile)
8 meses atrás 4 min lectura
03 de enero de 2026
La política internacional de la administración Trump contiene una lógica de escalamiento que va desde cambiarle el nombre al Golfo de México por el de “Golfo de América”, lo que contiene una afirmación que se enmarca en una versión renovada de la doctrina Monroe (la llamada Doctrina Trump-Monroe 2.0), la que cobra hoy una dimensión pragmáticamente distinta en virtud de los hechos ocurridos el 3 de enero de 2026. En este día, la administración de Donald Trump ordenó y anunció públicamente ataques militares de gran escala en territorio venezolano, con explosiones reportadas en la capital, Caracas, y en otras zonas del país, seguidas de la declaración de que el presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, habían sido capturados y trasladados fuera de Venezuela tras la operación.
Hasta ahora, estábamos presenciando un continuum de acciones y discursos de presión que incluían sanciones y operaciones discutibles por la ausencia del debido proceso, dirigidas contra el narcotráfico en el Caribe, vinculando a Venezuela, y reivindicaciones, también discutibles por su dudosa legitimidad, sobre recursos petroleros como elementos de un conflicto prolongado. Ese tipo de acciones podían leerse como una escalada en el uso de la diplomacia coercitiva y de operaciones discretas, sin llegar a transformar ese discurso en una intervención militar directa con ocupación o cambio de liderazgo. Sin embargo, con los eventos comunicados hoy por el propio presidente estadounidense, lo que comenzó como retórica imperialista de Trump sobre el control de recursos y la soberanía hemisférica —incluyendo su crítica explícita a Maduro y su insistencia en que los recursos venezolanos “pertenecen” a EE. UU., se ha cruzado un umbral hacia la acción militar abierta y el desplazamiento forzoso de un jefe de Estado extranjero, demostrando de este modo que la administración Trump se siente segura de transgredir el estado de derecho internacional y violar la soberanía de cualquier país del mundo. El inicio bien puede ser Venezuela; luego, cualquier otro país del continente que considere que limita su poder e intereses en su área de influencia exclusiva (doctrina Trump-Monroe 2.0).
Este cambio, de la retórica a la acción, no es menor: cuando las palabras de Trump se traducen en explosiones en una capital extranjera, destrucción de su infraestructura, y la captura del gobernante de esa nación, sea o no un dictador, la guerra de narrativas se convierte en guerra de hechos. La coyuntura de hoy no solo pone de manifiesto una continuidad entre declaraciones agresivas y una política exterior intervencionista e imperialista, sino que marca un punto de inflexión en el que la retórica de seguridad hemisférica se traduce en una fuerza militar directa sin precedentes en décadas recientes. Incluso gobiernos aliados y organismos internacionales han reaccionado con preocupación y han llamado al respeto del derecho internacional, lo que subraya la magnitud del giro respecto de anteriores episodios de presión y sanciones. Un hecho de estas características no se distingue de las dramáticas experiencias con las acciones de los imperialismos de los siglos XIX y XX, incluidas las dos guerras mundiales; imperialismos que mantenían a la humanidad en una tragedia sin fin de muertes, destrucción, explotación y genocidios. La llamada doctrina Trump-Monroe 2.0, que hoy se está manifestando en los hechos en Venezuela, marca el inicio de un proceso dramático que no solo desestabiliza los principios del derecho internacional, sino que hace irrelevante cualquier organización internacional para hacerlos respetar, ya sea la ONU o la OEA. Trump demuestra que el matón del barrio, con la pandilla más numerosa, es quien hace su voluntad y punto.
En este contexto, la hipótesis de escalamiento se afirma no solo como lectura crítica de discursos y acciones anteriores, sino también como un patrón causal en el que las declaraciones de política —particularmente las de Trump— han servido como anticipadores y justificadores de actos militares concretos. El ataque de hoy, en el que se alega la captura y el traslado de un presidente extranjero, representa un avance dramático en ese patrón y redefine la dinámica entre la retórica estratégica y la política exterior efectiva. Vale entonces preguntarse, ¿qué irá a pasar con Groenlandia?
Recordemos la retórica de Trump respecto de este territorio que pertenece a Dinamarca. Repetidamente ha manifestado que debe ser parte de EE.UU., por ser un territorio estratégico para los intereses hegemónicos de este país: “Obtendremos Groenlandia… Hay una buena posibilidad de que podamos hacerlo sin fuerza militar, pero no estoy descartando esa opción”, dijo Trump en una entrevista con el periodista Kristen Welker de NBC News en marzo de 2025.
En el mismo sentido ¿qué pasa con el cobre chileno? Juzgue usted:
“El estado de dependencia de fuentes extranjeras de cobre es una vulnerabilidad para la seguridad nacional que podría ser explotada por países extranjeros, debilita la resiliencia industrial de los Estados Unidos, expone al pueblo estadounidense a interrupciones en la cadena de suministro, inestabilidad económica y vulnerabilidades estratégicas, y pone en peligro la base industrial de defensa de los Estados Unidos.[1]”
Notas:
[1] Adjusting Imports of Copper into the United States. By the President of the United States of America. Proclamation 10962 of July 30, 2025. https://www.govinfo.gov/content/pkg/FR-2025-08-05/pdf/2025-14893.pdf?utm_source=chatgpt.com pdf
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