A 46 años del golpe este 18 de septiembre de 2019 el militarismo es más fuerte que nunca en Chile
por Sergio Reyes Soto (Punta Arenas, Chile)
7 años atrás 6 min lectura
Septiembre es un mes lleno de efemérides y cargados simbolismos para el pueblo de Chile. Un 4 de septiembre de 1970, fue elegido el socialista Salvador Allende a la presidencia de la república y como él mismo lo definió, el pueblo llegó a La Moneda. Después de 3 años de gobierno, el 11 de septiembre de 1973, un golpe de estado cívico y militar, de los ricos, la derecha chilena, y los gobernantes de los Estados Unidos, lo derrocarían, con una crueldad sin límite.
Este mes, ha sido también usado para una gran celebración patriotera conmemorando una supuesta independencia de los incipientes capitalistas criollos chilenos de la corona española, un 18 de septiembre de 1810. Esta fecha se celebra con un derroche festivo y de gastos por parte del pueblo azuzado por la propaganda comercial por todos los medios posibles. El día siguiente de las grandes celebraciones, con su consiguiente grado de ebriedad masiva, se celebra con paradas militares en todo el país, las llamadas “Glorias del Ejército”.
Valga decir de paso que esta gran alharaca de las fiestas “patrias” celebra en realidad la formación de la Junta Provisional Gubernativa del Reino. Esta Junta (nótese que los militares que se tomaron sediciosamente el poder en 1973 también se autodenominaron Junta) estuvo compuesta por ricos y terratenientes, mayormente de origen español, los que intentaron llenar el vacío que podría generarse luego de la captura del jefe imperialista que regía la capitanía en Chile. El español rey Fernando VII había sido hecho prisionero por el francés Napoleón Bonaparte, y estos potentados determinaron que administrarían la colonia hasta que el excelentísimo rey esté en condiciones de hacerlo. Claro, los detalles históricos de estos hechos son complejos y los historiadores determinaron que aquí comenzó la independencia de Chile.
Una de sus primeras medidas fue levantar un fuerte ejército de Chile para defenderse de una potencial invasión napoleónica a Chile. De paso, los criollos terratenientes declararon libertad de comercio internacional. Es una historia fascinante digna de estudio por las ramificaciones que tuvo en Latinoamérica. En efecto, dentro de esta insigne junta de notables, hubo quienes estaban por la independencia, que los liberaría de los impuestos y obligaciones a la realeza española.
Los realistas a poco de haberse recompuesto decidieron que había que tomar control de la situación insurrecta en las colonias y retoma el poder. Y no fue sino hasta el 12 de febrero de 1818 que se pudo declarar la independencia de Chile, sellando el flamante ejército chileno de campesinos y trabajadores forzados a morir por la independencia de sus patrones, con la derrota militar de los españoles un 5 de abril de 1818, en la denominada batalla de Maipú.
En medio de la algarabía de las cuecas, las cumbias, el “perreo,” cualquier ritmo bailable que este en boga, las y los trabajadores gastan parte importante de sus sueldos, e incluso recurren al endeudamiento por tarjetas de créditos o créditos de consumo. Valga decir que la mitad de los trabajadores chilenos tienen deudas importantes. Esto hace que los capitalistas chilenos sean fervientes “patriotas”, de paso resaltan el patriotismo del ejército chileno, proyectando las supuestas glorias del pasado al presente.
El 19 de septiembre se celebran las glorias del ejército. Para esto sendas paradas militares se despliegan en todo el país. Este ejército es la misma institución que entre 1861 y 1883 arremetió hacia el sur entrando en territorio Mapuche para “pacificar”a la Araucanía y tomar este territorio para expandir la “patria”. Ayer, como hoy, la razón fundamental fue la explotación económica del territorio tanto en la agricultura como la minería.
Recientemente en la historia, este glorioso ejército junto a las otras ramas de las fuerzas armadas chilenas se embarcó en 1973 en un sangriento golpe de estado, que empezó con la toma y destrucción del palacio presidencial y el asesinato del presidente electo Salvador Allende y colaboradores. Luego, en todo el país se produjo una represión sin parangón en nuestra historia, resultando en miles de asesinados, detenidos hechos desaparecer, y presas y presos políticos torturados y abusados, y muchos sobrevivientes, luego expulsados del país al exilio.
Si alguna vez lo fueron, este ejército y estas fuerzas armadas dejaron de ser gloriosas. Sin embargo, aun luego de la salida del dictador en 1989, con el regreso a una democracia capitalista amarrada por una nueva constitución y la perenne amenaza de retoma del poder por los militares y la subsecuente represión, Chile ha continuado siendo altamente militarista.
La inauguración de cada nuevo presidente electo se hace con gran pompa militar, como recordándole al pueblo quienes son los últimos garantes del sistema capitalista que nos domina y nos gobierna. Al otro extremo, los estudiantes de la nación marchan al son de las bandas militares en cada ocasión que las autoridades determinan, rindiendo honores a las autoridades y a las fuerzas militares. Y, como se ha dicho anteriormente, todo culmina en una catarsis militarista el 19 de septiembre, aunque hay otros momentos como la celebración de las glorias navales del 21 de mayo, donde también se hace gran despliegue de fuerzas en las calles.
Cada bota militar en las calles del pueblo es una herida abierta a quienes sufrimos la represión de parte de estas instituciones. Y así será también para nuestras familias, nuestros hijos y nuestros nietos y posteriores descendencias, en un país donde aún no existe ni verdad, ni justicia, ni reparación por las atrocidades cometidas por las fuerzas armadas para asegurar los intereses de las mujeres y hombres de negocio que en realidad controlaron el golpe de estado.
En 1905, el precursor del movimiento obrero organizado contra el capitalismo, Luis Emilio Recabarren, escribió en el diario obrero El Proletario de Tocopilla, ya alertando a los trabajadores de esa época sobre estas fiestas patrioteras indicando que “la clase proletaria no tiene ninguna libertad ganada con el cambio operado en Chile el 18 de septiembre de 1810… Nada, pero nada, tiene que celebrar el pueblo proletario en esta fecha, porque su libertad aun no la conquistado. Los que verdaderamente se emanciparon del yugo español fueron los ricos, pero no por sus esfuerzos, sino por los esfuerzos y sangre de los pobres. Los pobres eran pobres bajo el yugo de la monarquía española, y pobres son todavía bajo el yugo de la monarquía chilena, llamada por sarcasmo república libre.”
Más claro echarle agua, reza el dicho popular. De igual manera, nada hay que celebrar el 19 de septiembre. Más bien es un día de oprobio y tristeza.
¿Escucharán estas razones nuestros flamantes congresistas, diputados y senadores, de todos los colores? Lo dudo. Porque si no, deberían ya haber avanzado a la eliminación de todas las paradas militares en el país, y eliminado el circo del 18 de septiembre como otro medio para vender y vender más, endeudando a nuestro pueblo sin medida. Igualmente, deberíamos al fin de cuentas ir pensando en ser un país sin fuerzas armadas, como lo es Costa Rica en Latinoamérica. ¡Basta ya de militarismo en nuestro país!
-El autor, Sergio Reyes Soto, a los 19 años de edad fue encarcelado por la dictadura cívico militar encabezada en lo militar por el general Augusto Pinochet, en su nativa ciudad de Punta Arenas. Vivió 42 años en el exilio y regresó en 2017 a morir en la tierra donde no pudo vivir. Reyes es también Encargado de Comunicaciones de la Unión Nacional de Ex Presos Políticos
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