No me digan que a Estados Unidos le importa la democracia en Venezuela.
No sé cómo reírme.
¿A Mike Pompeo le interesa la libertad de los venezolanos y el respeto a los derechos humanos? ¿Mike Pompeo? ¿No es el mismo cerdo que hace poco le pidió al príncipe asesino de Arabia Saudita que investigara, por favor, el descuartizamiento y disolución en ácido del periodista Jamal Khashoggi, sabiendo que fue el próximo rey saudí el autor intelectual del crimen?
Mike Pompeo, el secretario de estado del país que Trump deshonra, va a la OEA y se muestra consternado. Y exige medidas en contra de la Venezuela secuestrada por el chavismo crepuscular de mister Maduro.
Es el mismo Pompeo que fue jefe de la CIA y que en esa condición defendió las torturas, los centros de reclusión clandestinos que Estados Unidos tiene regados por el mundo, las detenciones ilegítimas con fines de obtener información.
Es el mismo sucio Pompeo que ha considerado patriótica la invasión de las comunicaciones privadas a escala universal siempre y cuando el interés de los Estados Unidos así lo demande.
Este porcino va a la OEA y da órdenes, como si estuviéramos en 1954 y Jacobo Árbenz, el gran presidente que tuvo Guatemala, estuviera a punto de ser derrocado -como lo fue- después de una conspiración urdida por la CIA y la United Fruit Company, harta del tono progresista de quien fuera llamado “el soldado del pueblo”. Y tiene razón Pompeo. Hemos regresado a los cincuenta en esta América Latina que se cuadra al primer grito del imperio. Estamos en los cincuenta del siglo XX y está cayendo Árbenz y está subiendo Alfredo Stroessner en el Paraguay aturdido de siempre y faltan meses para que bombardeen la Casa Rosada y caiga ese sujeto peligroso llamado Juan Domingo Perón. Y aquí gobierna Odría y los Prado son más poderosos que nunca.
¿O no estamos en los cincuenta?
¿O estaremos en los 70, cuando la CIA financiaba “El Mercurio” y Nixon le decía a Kissinger que debía hacer gemir a la economía chilena y cuando el plan subversivo incluyó el financiamiento de huelgas camioneras, sabotajes a instalaciones de energía y hasta el asesinato de un general del ejército?
¿O no estamos en los 70 y, más bien, estamos en 1964, cuando la CIA financió el golpe militar en contra del progresista Joao Goulart?
¿Y si no estamos en los 60? De pronto estamos en el vecino 2004, cuando un comando especial estadounidense secuestró a Jean- Bertrand Aristide, presidente de Haití, y lo sacó de la escena llevándolo a Bangui, capital de República Centroafricana, entregándolo a siempre agradecidos militares franceses.
¡Qué difícil situarse! ¡Qué enredo de fechas! ¡Cuántas dignidades por el suelo! ¡Qué tiempo tan circular! ¡Cuántos discos rayados!
¿Y si estamos en el 2009, año del derrocamiento del incómodo e izquierdoso presidente hondureño Manuel Zelaya, golpe que tuvo asesoría norteamericana desde la base militar de Soto Cano? ¿No? ¿Estaremos entonces, otra vez, en el 2012, cuando en Paraguay derrocaron, con auspicio de Washington, al popular e incómodo Femando Lugo? ¿O hemos vuelto al 2016, año impío en el que Dilma Rousseff fue extraída de la presidencia bajo vagas acusaciones administrativas mientras Lula era acosado por el fiscal que llegaría a ser ministro del fascista Bolsonaro?
¿Me equivoqué? ¿Estamos en plena doctrina Monroe? ¿Es 1823? ¿México va a perder en los próximos años un tercio de su territorio? ¿Nuestro primer presidente ya está pensando en traicionamos y aliarse con los españoles?
No. Estamos en el verano del 2019 y Nicolás Maduro está derrumbándose. Yo no voy a llorar por eso. Desde el año 2007 sostuve, para horror de mis lectores izquierdistas, que Hugo Chávez no era socialista ni era democrático. En una columna publicada el 6 de noviembre del año 2007, escribí lo siguiente:
“Chávez, además, no sabe quién fue Bolívar y profana su memoria declarándose heredero de tamaño personaje. Bolívar fue el hombre que, después de las hazañas de Junín y Ayacucho, se dirigió con estas palabras al Congreso del Perú reunido en pleno el 10 de febrero de 1825: “Legisladores: Hoy es el día del Perú, porque hoy no tiene un dictador… Nada me queda que hacer en esta república… Yo soy un extranjero: he venido a auxiliar como guerrero y no a mandar como político…” Y Bolívar fue el que casi a gritos dijo, en 1814, ante la asamblea popular de Caracas reunida en la iglesia de San Francisco: “Huid del país donde uno solo ejerza todos los poderes: es un país de esclavos. Vosotros me tituláis libertador de la república; yo nunca seré el opresor… Confieso que ansío impacientemente por el momento de renunciar a la autoridad. Entonces espero que me eximiréis de todo, excepto de combatir por vosotros..” ¿Cómo puede un personaje así haberse reencarnado en Hugo Chávez? ¿Qué puede vincular al Bolívar de Montesquieu con el Chávez de Fidel Castro? El socialismo raptado por la vulgaridad y el crimen se llama estalinismo. Y Chávez marcha raudo hacia la ruta que la estupidez norteamericana demandó a Castro que tomara”. [Ver nota de la Redacción de piensaChile al pié del artículo]
Eso escribí. Y en eso me mantengo, modestamente y sin aspirar a ser ejemplo de nada. Pero que no me vengan Pompeo y su amo a decir que la libertad de Venezuela les preocupa. Como tampoco me trago que un presidente autoproclamado y autorizado por la Casa Blanca sea más legítimo que otro que arrinconó a la oposición para producir la autocracia más disparatada e inepta de este continente mártir.
Que los venezolanos arreglen sus problemas. Que la pulcra doctrina Estrada siga vigente, como lo acaba de recordar Andrés Manuel López Obrador, presidente de México y próximo blanco de una mundial campaña de difamación. Van a ver.
*Fuente: PunoCulturayDesarrollo
Nota de la Redacción de piensaChile: Nos parece muy interesante el recuento que Hildebrandt hace de las fechorías gringas en el mundo. Son hechos respaldados por miles de documentos, artículos, fotos, películas, videos, etc. -según sea la fecha de su ejecución- pero no podemos dejar pasar la opinión que entrega sobre Maduro, Chávez y Bolívar. Por supuesto que cada uno puede tener su opinión sobre los políticos y los procesos en que han participado, pero hay que ser cuidadoso con las circunstancias históricas, para no ser injusto o caer en falsos juicios, en críticas injustas.
Para explicar nuestra opinión citaremos el caso del apoyo entregado por Haití, la Primera República Independiente de Latinoamérica, una república fundada por los esclavos insurrectos que liberaron la isla de los esclavistas franceses, al Libertador, cuando luego de la gran derrota, este no contaba más que con un pequeño puñado de hombres. De la solidaridad que recibió de Haití en aquella época, abril 1816, Bolívar dejó consignado el siguiente testimonio: «Perdida Venezuela y la Nueva Granada, la isla de Haití me recibió con hospitalidad: el magnánimo Presidente Petión me prestó su protección y bajo sus auspicios formé una expedición de trescientos hombres comparables en valor, patriotismo y virtud a los compañeros de Leónidas ¡¡¡Gracias al pueblo de Haití mis compatriotas serán nuevamente libres!!!». Y como bien sabemos, Bolívar no tuvo éxito en esa expedición y nuevamente derrotado, se refugió de nuevo en Haiti. Cuando decidió volver a salir rumbo al continente(diciembre 2016), lo pudo hacer pues recibió del presidente haitiano Petión, una ayuda de más de 6.000 fusiles con sus bayonetas, municiones, plomo, víveres, una imprenta completa, el flete de algunas goletas y dinero, además de un puñado de voluntarios. La exigencia de Petión fue: «Pido a Usted que cuando llegue a Venezuela su primera orden sea la Declaración de los Derechos del Hombre y la libertad de los esclavos«. Sabemos que Bolivar nunca decretó la libertad de los esclavos. Haití tampoco fue invitado al Congreso Anfictiónico de Panamá, en 1826, a la que fueron invitados los gobiernos de la Gran Colombia (integrada por Colombia, Venezuela, Panamá y Ecuador), México, Río de la Plata, Chile, Guatemala (que reunía entonces a los países de Centroamérica), Paraguay y Brasil. Y Haití fue abandonado totalmente a su suerte por las nacientes repúblicas del continente.
Las explicaciones por la conducta de Bolivar son muchas y variadas, pero todas tienen una cosa en común: la situación internacional, la imposibilidad de ayudar a Haití para no enemistarse con Francia. Lo que vale para explicar los procesos en la historia de hace 2 siglos, si queremos ser justos y no parciales, sigue vigente en la actualidad. Lo que Latinoamérica le debe a Cuba y a la Venezuela de Chávez, son hechos históricos relevantes. Los procesos de democratización de nuestros países desde mediados de los años 80 fueron posibles por la lucha de nuestros pueblos, pero también por el temor frente al ejemplo de soberanía que ha significado Cuba y luego Venezuela. El que hoy la reacción vuelva con mayor furia sobre nuestras repúblicas se debe, en gran parte, a la constatación que hace Estados Unidos de la creciente pérdida del poder omnímodo que llegó a tener a nivel mundial.
Criticar procesos desde las columnas de un periódico es legítimo y necesario, pero otra cosa es hacer la crítica al imperialismo encabezando procesos sociales. Eso no justifica errores, por cierto, pero es necesario tenerlos en cuenta al momento de analizar y proponer corrección de ellos mirando hacia el futuro.
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