
Declaración
12 de junio de 2014
La inminente presentación por el Gobierno de un proyecto de ley que autoriza legalmente el aborto consentido por la mujer embarazada en caso de contarse con el pronóstico de un peligro de muerte o grave daño para ella, o con el diagnóstico de graves malformaciones del feto o con la constatación de un embarazo forzado, viene a satisfacer una condición elemental de justicia entre nosotros.
Los adversarios del proyecto lo objetan porque desconocería la calidad de personas de los embriones o fetos anidados. Lo cierto es que los embriones y los fetos aún no son personas titulares de derechos jurídicos. Eso es claro bajo el Código Civil y lo es también bajo la Constitución de 1980, por más que algunos abogados católicos se hayan empeñado estos 40 años en tergiversar el sentido de sus reglas.
La comparación de esta conclusión con la institución de la esclavitud constituye una falacia. La situación genuinamente semejante a la esclavitud es aquella en la que se coloca a las mujeres cuando no se les reconoce el derecho a decidir acerca de la continuación de un embarazo que implica para ellas un sacrificio o un peligro que excede las cargas y riesgos normales que conlleva todo embarazo.
La idea de que las mujeres deben soportar cualquier costo en interés de otro es una idea esencialmente injusta. Ningún hombre tiene que soportar ese costo en interés de un embrión o feto. Nunca nadie debe soportar un costo semejante en interés de un ser humano nacido. Ellas son las esclavas.
Por eso, ni aun si se considerara al embrión o feto como una persona, sería legítimo que el Estado obligara a las mujeres a tolerar toda clase de embarazos. Del derecho a la vida no se deduce un derecho a usar cualquier medio para sobrevivir ni a imponer a otros cualquier costo para lograrlo. No advertir este dato elemental es ser ciego a la justicia respecto de las mujeres.
Ciego a la justicia respecto de las mujeres es también el argumento de que el aborto terapéutico ya no sería técnicamente necesario. Ese argumento supone que quien decide acerca de la asunción del riesgo para la mujer es el médico y no la mujer. Eso implica un trato moralmente inaceptable de la mujer como una cosa, como un instrumento más a disposición de una profesión.
Nada de lo dicho es extraño en el mundo. La inmensa mayoría de los países de Occidente tiene leyes semejantes a la que propondrá el proyecto anunciado por el Gobierno. En la jurisprudencia de los tribunales constitucionales y los tribunales internacionales de derechos humanos se reconoce el derecho de la mujer a decidir acerca del embarazo en casos extremos.
Chile siempre reconoció el aborto terapéutico, expresándolo formalmente en la ley en 1931, hasta que una decisión de última hora de la dictadura militar, promovida por el empecinamiento de un sector que la conformaba y aceptada a regañadientes por el resto, impuso en el país un estado de deshonestidad vergonzoso.
Porque la ley chilena no permite el aborto, pero este se practica en Chile. Sin control. Sin seguridad legal y judicial por parte de los profesionales de la salud para el adecuado manejo de la interrupción médicamente indicada del embarazo. Y con una distribución desigual del riesgo clínico y legal: porque las mujeres que tienen que ser atendidas por complicaciones médicas y terminan procesadas o presas solo son las mujeres pobres. Ellas son las esclavas.
Quien tenga un sincero compromiso moral con la protección de la vida humana prenatal no puede conformarse con la situación actual. En materia de aborto en Chile hoy la conformidad es hipocresía.
Daniela Accatino
Jaime Bassa
Antonio Bascuñán
Lidia Casas
Jorge Contesse
Eduardo Chia
Pablo Contretas
Juan Pablo Cox
Matías Guiloff
José Luis Guzmán
María Inés Horvitz
Domingo Lovera
Daniela Marzi
Eduardo Morales
Juan Pablo Mañalich
Fernando Muñoz
Constanza Salgado
Christian Viera
Luis Villavicencio
Verónica Undurraga
Alejandra Zúñiga
Yanira Zúñiga
Los firmantes son abogados y profesores de Derecho en diversas universidades del país.
*Fuente: Reflexión y Liberación
Artículos Relacionados
Por la Autonomía en los hechos y la Resistencia Indígena
por Congreso Nacional Indígena (México)
20 años atrás 6 min lectura
Resoluciones aprobadas en el VI Encuentro Nacional Unitario de Ex- Presos Políticos y Familiares
por ExPresos Plíticos y Familiares (Chile)
12 años atrás 12 min lectura
12 compromisos por la democratización y el avance social de Chile
por Comando de Eduardo Frei (Chile)
17 años atrás 10 min lectura
Polémica por cajas con osamentas de desaparecidos: SML ya había informado que mantiene restos de 300 presuntas víctimas sin identificar
por Nicolás Massai D., Francisca Soto y Nicolás Sepúlveda (Chile)
4 años atrás 18 min lectura
Lunes 17 de febrero se realiza acto poético-cultural ¿Dónde está Julia Chuñil?
por Aquiles Córdova (Chile)
2 años atrás 1 min lectura
«Mapocho Incaico»
por Entrevista con Rubén Stehberg (Chile)
3 horas atrás
23 de agosto de 2026
«Santiago de Chile no fue fundada desde cero en un espacio vacío, sino sobre un consolidado y estratégico centro político, administrativo y ceremonial incaico que pertenecía al Tawantinsuyo»
Maher al-Charif: “El sionismo se inscribe en el marco del proyecto colonial europeo”
por Nada Yafi
20 horas atrás
22 de agosto de 2026
Theodor Herzl había barajado otras opciones distintas de Palestina para su proyecto: Argentina, el desierto del Sinaí o incluso Uganda.
Colombia / Cali: el terremoto que disputa el relato del orden y revela la autonomía popular
por Anónimo
23 segundos atrás
23 de agosto de 2026
Lo que nació como experiencia localizada de resistencia empezó a convertirse en un lenguaje nacional de solidaridad. No se contagió únicamente una emoción; se contagió una manera de organizar la vida.
«Mapocho Incaico»
por Entrevista con Rubén Stehberg (Chile)
3 horas atrás
23 de agosto de 2026
«Santiago de Chile no fue fundada desde cero en un espacio vacío, sino sobre un consolidado y estratégico centro político, administrativo y ceremonial incaico que pertenecía al Tawantinsuyo»