El Senado: una barrera contra los cambios
por Rafael Luis Gumucio Rivas (Chile)
13 años atrás 5 min lectura
En la historia de Chile, el Senado ha sido siempre una institución conservadora que, en los momentos de crisis de la sociedad oligárquica, se convierte en una barrera poderosa a fin de evitar los cambios urgentes, que surgen de la sociedad civil. En la Constitución de 1933, los senadores duraban nueve años en sus cargos, además, podían presentarse a la reelección cuentas veces estimaran conveniente. Hasta fines del siglo XIX, el senado tuvo mayoría gubernativa en todos los períodos. A partir de 1925, los senadores, incluso hasta hoy, su período legislativo dura ocho años, y son elegidos por circunscripciones – en la actualidad se eligen dos por circunscripción, aplicando el binominal -.
En la coyuntura, de 1920, la mayoría de los senadores estaban contra las reformas propuestas por el entonces Presidente, don Arturo Alessandri, llevando a la práctica una oposición cerrada, que provocó todo tipo de improperios por parte del Jefe de Estado – los llamaba “los viejos macucos de senado”, “ la canalla dorada”, y otros apelativos “cariñosos”. En septiembre de 1924, pocos días antes de la intervención militar, la mayoría de los senadores había preparado la destitución civil de Alessandri, y el rol de los militares se redujo sólo a anticiparse. En la Constitución de 1925 hay que reconocer que Arturo Alessandri estuvo tentado de suprimir el senado o, en su defecto, mantenerlo como una institución corporativa de profesionales -ideología de moda en los años 30, en el mundo, incuso representantes de lo que el fascismo llamaba “fuerzas vivas”, es decir, asociaciones de profesionales -, incluyendo algunos senadores designados, idea que sólo prosperó en la Constitución ilegítima de 1980.
Tanto en las Constituciones de 1925, como en la de 1980 el senado se elige por mitades – pares o impares alternativamente – , en razón d estas circunstancias, en 1965 Eduardo Frei Montalva obtuvo 80 diputados, de un total de 150, y fue minoría en el senado, obstáculo nefasto para la “Revolución en Libertad”; al comienzo de su mandato, cuando el senado le negó el permiso para viajar a Estados Unidos, se embarcó en una lucha sin cuartel contra esta vieja institución.
Durante la transición a la democracia, y hasta el año 2005, en esa corporación hubo nueve senadores, lo cual dio mayoría a los continuadores de la dictadura – incluso, el mismo tirano ocupó uno de los sillones, hasta su detención, en Londres -.
El senado es una institución completamente inútil: en la mayoría de las democracias parlamentarias tiene roles secundarios, y las cámaras de diputados o las asambleas nacionales son entidades políticas. El senado chileno es una mala imitación del norteamericano que, en el caso del país del Norte, representa a los distintos estados; en un país centralista, como el nuestro, tiene muy poco sentido.
En el bicameralismo chileno ambas corporaciones tienen la misma función – salvo la fiscalización, que corresponde a la Cámara, pero que no tiene, prácticamente, aplicación en esa monarquía borbónica – en consecuencia, en la realidad, este bicameralismo retarda el trámite de las leyes y aumenta el gasto del Estado en una institución inútil.
En la elección de noviembre, tano los diputados como los senadores serán nombrados a dedo por las mafias del duopolio, a causa de la ausencia de primarias, como también al hecho de que por el sistema binominal se eligen casi todos los parlamentarios, llamados incumbentes – el que tiene, retiene -.
Aun cuando veo muy difícil que la candidata Michelle Bachelet pueda cumplir su promesa de promulgar una nueva Constitución – acaba de anunciar que no contempla la Asamblea Constituyente – ergo, la salida que resta es la ridícula propuesta de Andrés Zaldívar y Camilo Escalona, que consiste en establecer una comisión bicameral que discuta el tema, y así esta idea puede ser enviada a las calendas griegas.
La designación “dedocrática” de los senadores de ambas combinaciones del duopolio tiene como objetivo constituir una mayoría transversal, que se constituya en una barrera infranqueable para cualquier intento de cambio, por nimio que sea, sumado a incapacidad de la candidata Bachelet para imponerse sobre los dirigentes de partidos políticos de su coalición, y llevar a cabo, al menos, un 25% de sus promesas, lo que equivale a decir que tendremos otros cuatro años de statu quo o de “gatorpardismo”.
Los candidatos al senado, nominados por las directivas de las mafias partidistas, no pueden ser más reaccionarios, pues son dirigentes “naftalínicos” protagonistas de la transacción duopólica. En el caso de los socialistas, Camilo Escalona, “rey de las malas prácticas”, impuesto por la directivas en Bío Bío Costa, a pesar del rechazo de los militantes de esa circunscripción – Camilo ya fue diputado por Lota y senador por Los Lagos y dejó abandonados a sus electores durante su período parlamentario -. En la IV Región pretenden llevar a José Miguel Insulza, ex secretario general de la OEA – “ministerio de colonia” de Estados Unidos, además de ministro del Interior, que colaboró en la liberación del tirano, Augusto Pinochet -. (No comprendo cómo pudieron encontrar dos personajes tan vomitivos).
En el caso del PPD, por Santiago, se presenta Guido Girardi, cuyas mafiosas influencias y actuaciones, ni siquiera es necesario describir.
Para completar el ramillete de reaccionario de naftalina, por Renovación Nacional se presenta Andrés Allamand quien, a toda costa, pretende seguir en la política chilena, a pesar del rechazo ciudadano, expresado en las urnas, en múltiples elecciones. Allamand es uno de los personajes menos carismáticos de la política chilena, y sus contorsiones circenses provocan hilaridad – está siendo tan ridículo como la “rana” de su campaña -.
La única buena noticia, respecto a los candidatos a senadores, es que Eduardo Frei Ruiz-Tagle – el candidato presidencial que más votas ha logrado en nuestra historia reciente, 58%, y que sólo le gana Piñera en la lista de los gobiernos más maslos y con mayor porcentaje de desaprobación ciudadana – no se presenta como candidato al senado, al igual que el fascista Jovino Novoa.
Es evidente que de nuevo, el senado se va a constituir una barrera en los cambios, como ha ocurrido en toda nuestra historia.
09/07/2013
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