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Transitando por el umbral de una nueva era

Transitando por el umbral de una nueva era
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21 de septiembre de 2026

“Lo que está abajo, está arriba; y lo que está arriba, está abajo”.
(‘I Ching’)

 UNA CRISIS MANIFIESTA

Hace algún tiempo caracterizábamos el actual periodo como de crisis. No hemos cambiado de opinión al respecto. Agregábamos, sin embargo, algo más: que no se trataba de cualquier crisis. Estimábamos que se trata de una crisis extremadamente severa que nos atrevimos a calificar de ‘estructural’, propia de ‘un traspaso de umbral’ pues nos parecía (y nos parece) que la humanidad va camino hacia un cambio de época. Esa idea la seguimos sosteniendo hasta el día de hoy.

Nuestra tesis se apoya en esa premisa según la cual lo que caracteriza el traspaso de una época a otra es la aparición de un instrumento de trabajo específico, que marca un antes y un después en el devenir de una sociedad. O. como lo señala Karl Marx:

“Lo que distingue a las épocas económicas no es lo que se hace, sino cómo, con qué medios de trabajo se hace”[1].•

Ese instrumento de trabajo, que nos sugiere hoy la inminencia de un cambio de era, es la inteligencia artificial (IA); a nuestro juicio, constituye el más alto grado de desarrollo al que han llegado las fuerzas productivas de la sociedad. Y, al expresar aquello, queremos referirnos, en específico, al desarrollo del ingenio humano.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL.

Podemos intentar definir la inteligencia artificial como un complejo entramado de la informática que permite, tanto a individuos como a estructuras mecánicas, realizar tareas que requieren de la inteligencia humana. Nuestro buen amigo José Luis Valenzuela la define como un

“[…] conjunto de programas que, sobre la base de algoritmos, se comportan como un ser humano”[2].

Puede, también, conceptualizarse la IA como numerosos

“[…] programas que, sobre la base de acceder a conocimiento existente, son capaces de resolver problemas y/o generar nuevo conocimiento”[3].

La inteligencia artificial es, hoy, repetimos, el instrumento de trabajo por excelencia. Supera a todos cuantos han sido inventados por el ser humano en el pasado y constituye la culminación de un sostenido proceso de creación de numerosas herramientas digitales entre las que podemos señalar a la impresora tridimensional, la robótica, los vehículos autónomos, la realidad virtual y la realidad aumentada, la ‘big data’ y la ‘data mining’, el internet de las cosas (IOT), la cuántica, la genética y la genómica, el ‘blockchain’, los nuevos materiales y la revolución energética.

FUERZAS PRODUCTIVAS (FP) Y RELACIONES DE PRODUCCIÓN (RP)

No es la primera vez que nos referimos a este binomio, que constituye la esencia misma del modo de producción capitalista. Su estructura básica.

Las fuerzas productivas constituyen el ingenio humano que está en constante superación; las relaciones de producción son los nexos que unen al trabajador con el no trabajador y el proceso productivo. Tienen una característica especial pues, en definitiva, se expresan en el carácter de relaciones de propiedad. Volveremos sobre el particular.

Las relaciones de producción deben estar siempre en armonía con el constante desarrollo que experimentan las fuerzas productivas. Si se nos permite el empleo de una metáfora para ilustrar su naturaleza, podríamos compararlas a una cañería que debe irse adecuando permanentemente al volumen de agua (las fuerzas productivas) que se transporta a través de ella; en otras palabras, un tubo que debe experimentar, constantemente, nuevas y sucesivas transformaciones en tanto aumenta el caudal del agua que transporta. Cuando ello no sucede, ambos elementos entran en contradicción. Puesto que las fuerzas productivas están en perpetuo desarrollo, las relaciones de producción deben alterarse; al no resolverse esa pugna,

“[…] se abre una época de revolución social”[4].

Así, pues, una simple discordancia entre ambas categorías puede hacer que se agiten las contradicciones sociales hasta provocar un cambio social de envergadura. Y, cuando ello ocurre, hasta la emergencia de un nuevo modo de producción es posible.

LA CRISIS ACTUAL

La generalidad de los análisis acerca de los cambios que han tenido lugar en el planeta se centran en un examen más o menos acucioso de la región jurídico/política del modo de producción. Como si allí se encontrase la raíz de los conflictos que conmueven a la sociedad. Y no pocos están contestes en admitir que el sostenido avance de posiciones extremadamente conservadoras se debe a acomodos y reacomodos al interior de esa región.

Nuestra idea, al respecto, no es esa. Estimamos que el desarrollo sostenido de las fuerzas productivas ha creado conflictos insoslayables con las relaciones de producción y que la crisis actual no es más que la manifestación de aquella, que busca ansiosamente una forma de resolverse.

No es, por consiguiente, la presencia de comportamientos inadecuados de una ‘izquierda’ que ha ido asumiendo cada vez con mayor fuerza las ideas de una ‘derecha’ ―lo que, en verdad, no es algo nuevo sino un comportamiento que ha devenido en normal a través de la historia― la razón de la crisis, sino un conflicto que tiene raíces en la estructura misma del modo de producción vigente.

PÉRDIDA DE HEGEMONÍA Y ACELERACIÓN DE LA COMPETENCIA

La crisis tiene sus raíces en la pérdida de hegemonía del sistema unipolar planetario y la aceleración de la competencia en la posesión de cada vez más sofisticados y complejos instrumentos de guerra. Estos instrumentos bélicos permiten, por una parte, disuadir al potencial enemigo de ejecutar cualquier acción armada o, en su caso, derrotarlo si la disuasión no ha tenido efecto. Podemos entender, de esta manera, el descomunal auge que ha experimentado en estos últimos años el complejo militar/industrial de los Estados Unidos y el rol de vendedor de insumos bélicos que ha desempeñado el presidente Trump.

Naturalmente, esta exacerbación de la competencia conlleva a forzar constantemente el desarrollo de las fuerzas productivas. Y, en consecuencia, a la necesidad de adecuar las relaciones producción a esa aceleración. La crisis se hace manifiesta y las soluciones más disparatadas aparecen como fórmulas ideales para resolver los problemas que se presentan.

No debe sorprender que las diversas fracciones de la clase dominante a nivel planetario busquen, en esa dinámica, una solución rápida a sus problemas y aparezcan sujetos desmesurados, energúmenos con incontinencia verbal, verborreicos que no raciocinan sino insultan y ofrecen, como mágica y novedosa receta, soluciones que no demandan esfuerzos intelectuales pues sólo contemplan el empleo exhaustivo de la fuerza[5].

LA EMERGENCIA DE UNA ÉLITE POLÍTICA PLANETARIA

El triunfo de la nueva élite política planetaria se enmarca en esta crisis. No es casual. Reiteramos lo dicho anteriormente: responde a la necesidad que tienen los sectores dominantes de resolver los agudos problemas sociales que provoca el manifiesto debilitamiento del hegemón ante una sociedad que parece desafiarlo con otras propuestas. La competencia por el control planetario se exacerba; las fuerzas productivas experimentan un crecimiento sin precedentes. Sin embargo, las relaciones de producción se mantienen anquilosadas. La crisis adquiere mayor gravedad.

La historia nos enseña que, a menudo, la sociedad humana, en manos de sujetos inescrupulosos ―muchos de ellos con graves trastornos mentales―, resuelve, en la práctica de la guerra, los traspasos de umbral hacia otra época[6]. Es lo que debemos evitar a toda costa. Porque la situación de hoy no es la de ayer: el arsenal nuclear es el peligro. Es urgente evitar que se cumpla la condición implícita de un eventual enfrentamiento  pues la existencia de ese material bélico conlleva a lo que se denomina ‘destrucción mutua asegurada’ o DMA, por sus siglas en castellano.

LA CRISIS NO SE RESUELVE CON EL CAMBIO DE LA ÉLITE POLÍTICA PLANETARIA

La crisis que enfrenta la sociedad no se resuelve con el simple cambio de la élite política planetaria: estamos frente a una crisis estructural. Como lo afirmáramos en otro de nuestros trabajos, gran parte de los sujetos que integran esa élite son seres esencialmente fungibles, personajes intercambiables unos con otros. Pero son, a la vez, tremendamente perversos porque no fueron elegidos sino para realizar una labor que requiere que lo sean. Si tuviésemos que clasificarlos dentro de algunas de las fracciones de la clase dominante podríamos decir de ellos, junto con André Gunder Franck, que pertenecen al estrato que denominara ‘lumpenburguesía’[7]. En el caso de Benzion Mileikowsky (alias Benjamín Netanyahu), paradojalmente, se dice de él que es el más benigno de todo el equipo que trabaja a su lado; no se habla de manera diferente de Donald Trump. Y, podríamos agregar nosotros: lo mismo ocurre con quienes, por obra y gracia del manejo de algoritmos, gobiernan gran parte de Latinoamérica. La impresión que muchos tenemos de este fenómeno es que ni siquiera estos mismos sujetos se dan cuenta del rol que tienen asignado. Son marionetas de un poder que ni siquiera conocen. O, si empleamos los conceptos de Martin Shubik, son verdaderos ‘títeres estratégicos’[8].

Que la crisis del SKM[9] no pueda resolverse con el simple reemplazo de la élite política planetaria se debe a que se trata de un problema más grave: las relaciones de producción exigen adecuarse al giro que han experimentado las fuerzas productivas de la sociedad. Y eso no lo puede hacer esa élite. Porque las relaciones de producción se expresan, en el MPK[10], en relaciones de propiedad. Y éstas, a su vez, constituyen la esencia de aquel.

UN CAMBIO EN LA FORMA DE PRODUCIR

Así, al parecer, no estamos simplemente ante la necesidad de cambiar la forma de acumular. Es decir, de inventar otro ‘modelo económico’ que reemplace al actual. No. Nos parece que nos encontramos en otra fase de la evolución de la sociedad humana.

La transformación de las relaciones de producción ―para adaptarse a los cambios que han experimentado las fuerzas productivas de la sociedad―, implica introducir drásticas alteraciones a las relaciones de propiedad. Y ello pone en peligro la esencia del MPK. Por ello se abren períodos de crisis que no son cortos. Por el contrario: pueden manifestarse como tremendamente largos. Es lo que ha sucedido en el curso de la historia. Sin embargo, eso no significa que siempre ha de ser así.  Nada impide que, bajo ciertas circunstancias, esas crisis muestren un rostro más benigno y se hagan cortas. Como puede suceder con la actual. Pero no es lo usual.

LA ELITE POLITICA PLANETARIA TIENE SU NORTE

La elite política planetaria tiene conciencia de su rol: es parte del estrato dominante. Sabe que debe dominar. Los sectores más lúcidos de ella saben que la vigencia del Estado es un lastre para el proyecto que sustentan. No por algo así lo consigna el manifiesto de Palantir: el Estado debe destruirse desde dentro. Pero esta destrucción implica otra: también la democracia constituye un escollo para los planes de esa élite.

Los sectores dominados, nos enseña Gramsci, al contrario de los dominantes, no tienen conciencia de su rol. No debería sorprender que gran parte de la denominada ‘izquierda’ salga en defensa de ambas instituciones, olvidando que tanto la una como la otra han sido instrumentos de dominación del SKM y, en su tiempo, constituyeron los temas más relevantes en los debates de los teóricos de la ciencia social. Porque, en los momentos de crisis, el ‘inmediatismo’ toma el control absoluto de las conductas sociales. No por otra causa es posible que queden en el olvido las animadas discusiones entre Mijail Bakunin y Karl Marx acerca de si el Estado debía ser destruido o si debiera extinguirse al instaurarse una nueva sociedad; atrás quedará, igualmente, el epistolario entre Friedrich Engels y August Bebel aseverando que debiera terminar toda la charlatanería acerca del ‘Estado de los trabajadores’ o del ‘Estado proletario’ y emplear, en su reemplazo, la expresión ‘Comunidad’ (‘Gemeinwessen’), alternativa propuesta por el primero a la nueva forma de organizarse de la sociedad que habría de suceder a la actual.

Pero estos períodos de crisis no son del todo negativos.

‘HAY UN TIEMPO PARA TODO’ (‘Omnia tempus habent’)

‘Hay un tiempo para todo’, señala el Eclesiastés, ‘tiempo para vivir, tiempo para morir’. Porque esos espacios son los momentos más propicios para abrirse a soluciones racionales. A la vez, el momento de acumular fuerzas y transformar a los movimientos sociales no en efímeros estallidos sino en el instrumento más idóneo para hacer posible la promesa de una nueva sociedad. Esos espacios constituyen momentos inmejorables para meditar acerca de aquello. Y en la articulación, por consiguiente, de un nuevo modo de producir.

Sin abandonar las urgencias contingentes, se hace necesario reflexionar acerca del modelo social que convendría instalar. Lo cual exige determinar los instrumentos teóricos a emplear para la realización de ese cometido. Y, consecuentemente, la forma de llevarlo a cabo. El intercambio de ideas es crucial. Es en la interacción social donde se encuentran los espacios más próximos a la verdad porque ―no lo olvidemos―, ‘la verdad es el todo’. Y es que superar a los sectores dominantes no es cualquier tarea.

LA CRISIS QUE NO ESPERA

Nos gustaría decir que la crisis actual puede superarse y que, tras ella, pueden venir tiempos mejores. Sin embargo, no es así: hay una crisis que no espera y jamás va a hacerlo, que avanza inexorablemente y cuyos efectos pueden acarrear consecuencias catastróficas para la humanidad. Nos referimos a la crisis ecológica.

No se trata que la tierra vaya a desaparecer (algo que también es posible), como a menudo se supone, o que se vaya a terminar la vida sobre el planeta, sino que, de continuar el rumbo que han tomado hasta ahora los acontecimientos, los efectos del llamado ‘cambio climático’ pueden terminar con el género humano. Insistimos: no va a terminar con la vida en el planeta: hay seres vivos que han sido descubiertos en hábitats imposibles de tolerar para los mamíferos[11]. Y no solamente sobreviven sino se reproducen y prolongan su existencia en ese ambiente hostil. Es el ser humano quien se encuentra amenazado por la acción de otros seres humanos que construyeron una sociedad para ellos y no para la humanidad. Es nuestra preocupación. El dilema que tenemos por delante.

Santiago, septiembre de 2026

Notas:

[1] Marx, Karl: “Das Kapital”, Tomo I, página 173, «Capítulo V. Proceso de trabajo y proceso de valoración» Karl Marx El Capital (PDF)

[2] Valenzuela, José Luis: “La humanidad en la encrucijada”, Editorial Senda/Senda Förlag i Stockholm, 2019, pág.300.

[3]Valenzuela, José Luis: “La humanidad en la encrucijada”, Editorial Senda/Senda Förlag i Stockholm, 2019, pág.300.

[4] Véase de Karl Marx su ‘Prólogo a la Introducción a la crítica de la economía política”, disponible en varias páginas de INTERNET.

[5] El presidente de Argentina Javier Milei es quien representa con mayor propiedad a esa clase de sujetos, así como también el ministro israelí Itamar Ben Gvir

[6] Algunos de los miembros de la llamada ‘tecnocracia digital’ como Elon Musk están afirmando que en pocos años más el dinero dejará de existir y todos podrán tener lo que deseen porque habrá máquinas haciendo las labores humanas. Bill Gates, por su parte, ha comenzado a regalar parte de su fortuna a algunas instituciones (algunas de aquellas son suyas, naturalmente). No queremos decir con ello que se hayan vuelto ‘de izquierda’ sino mostrar las contradicciones que esas mismas élites experimentan.

[7] Véase de André Gunder Franck su obra ‘Lumpenburguesía y Subdesarrollo’.

[8] La obra de Martin Shubik es ‘La teoría del juego para las ciencias sociales’. El concepto de ‘títeres estratégicos’ lo emplea Shubik para referirse a personas que participan en un juego social e ignoran que son jugadores.

[9] SKM Sistema capitalista mundial.

[10] MPK Modo de producción capitalista.

[11] Las llamadas bacterias ‘extremófilas’, que viven en los respiraderos hidrotermales o fumarolas, son un ejemplo de ello.

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