14 de mayo: La lucha estudiantil también es una pelea de la clase trabajadora
por Pablo "Muno" Muñoz (Chile)
14 horas atrás 4 min lectura
14 de mayo de 2026
La educación no es una pelea ajena
Este 14 de mayo, estudiantes secundarios vuelven a convocar a una marcha contra los ajustes de Kast, en rechazo a los recortes en educación, al endeudamiento, al proyecto Escuelas Protegidas y a la criminalización del movimiento estudiantil. No se trata solo de una movilización por demandas educativas. Es una respuesta frente a una política que busca descargar la crisis sobre quienes estudian, sus familias y el conjunto de la clase trabajadora.
A primera vista, una marcha o una toma de liceo pueden parecer asuntos que solo involucran a quienes estudian. La discusión sobre el CAE puede presentarse como un problema exclusivo de universitarias y universitarios, y Escuelas Protegidas como una simple cuestión de convivencia escolar. El Gobierno pretende que las y los trabajadores miremos desde lejos, como si nada de esto tuviera relación con nuestras vidas, cuando muchas veces son nuestras propias hijas e hijos quienes están en esas salas, marchan, toman liceos y enfrentan la criminalización.
La educación fue convertida en un negocio que las familias trabajadoras pagan todos los días. Se paga en el transporte, los materiales, el almuerzo, el uniforme, la matrícula y la deuda. Se paga también cuando una hija o un hijo debe estudiar y trabajar al mismo tiempo, o cuando una familia firma un crédito para acceder a la educación superior.
Por eso, cuando se ataca a la juventud que estudia, también se ataca a las familias trabajadoras que sostienen esa educación con años de esfuerzo, turnos, deudas y sacrificios. Cuando una o un estudiante sale a luchar, no pelea solo por su futuro. También expresa el esfuerzo de un hogar trabajador que quiere que estudiar no sea una carga imposible, una deuda de por vida o un privilegio reservado para quienes pueden pagarlo.
El ajuste educativo vuelve al bolsillo del hogar trabajador
Cuando el Gobierno recorta educación o responde con vigilancia, sanciones y castigo, no enfrenta los problemas de fondo. Los agrava. En lugar de garantizar condiciones dignas para estudiar, traslada el costo de la crisis sobre quienes menos tienen, responsabiliza a las y los propios estudiantes, persigue su organización y convierte demandas sociales legítimas en supuestos problemas de seguridad.
Un recorte de $197.700 millones en educación deteriora directamente las condiciones de vida de la clase trabajadora. Cuando el Estado reduce recursos, la carga no desaparece. Vuelve al hogar como gasto en materiales, endeudamiento, incertidumbre frente a becas y apoyos estudiantiles, preocupación por la alimentación escolar y temor a que se debiliten programas clave de la educación pública. Lo que el Estado deja de garantizar termina absorbiéndose con el salario, el tiempo y el esfuerzo de las familias trabajadoras.
Por eso, la pelea del movimiento estudiantil no está separada de nuestras condiciones de vida. Defender una educación pública, gratuita, democrática y sin represión es también defender el salario, el futuro de nuestras familias y las condiciones de vida del conjunto de la clase trabajadora.
Una causa común para enfrentar el ajuste
La lucha estudiantil plantea una pregunta que atraviesa a todos nuestros hogares. ¿Quién va a pagar el ajuste y la desaceleración?
El Gobierno responde con salarios de miseria, recortes y endeudamiento. Lo vimos también en la burla de los $7.546 al salario mínimo, una provocación contra la clase trabajadora. No son ataques sueltos. Son parte de una misma política contra quienes vivimos de nuestro trabajo.
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Mientras el ajuste avanza, en muchos lugares de trabajo seguimos soportando en silencio. Nos empujan a naturalizar el salario que no alcanza, la deuda que asfixia y la escuela abandonada. Nos quieren en la resignación, cada quien encerrado en su propio cansancio, sin descubrir que el mismo golpe atraviesa a estudiantes, trabajadoras, trabajadores, familias y poblaciones.
Por eso, la marcha del 14 de mayo no puede quedar reducida a una jornada exclusivamente estudiantil. Tiene que ser una oportunidad para que algo empiece a moverse en cada lugar de trabajo. Si ellas y ellos salen a enfrentar el ajuste, nosotras y nosotros no podemos seguir con los ojos cerrados mientras descargan la crisis sobre nuestras espaldas.
Hay que llevar esta discusión a los lugares de trabajo, romper la pasividad, convocar asambleas, exigir que los sindicatos tomen posición y votar apoyo concreto a las movilizaciones.
-El autor, Pablo «Muno» Muñoz, es dirigente de la Agrupación Amistad Obrera
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