¿Los chinos son comunistas? ¡Me desayuno!
por Daniel Matamala (Chile)
5 meses atrás 5 min lectura
01 de marzo de 2026
Estos días, buena parte de la élite chilena ha hecho un hallazgo espeluznante: ha descubierto que China es una dictadura comunista.
¡Sí, comunista!
Impacto en los pasillos del Congreso. Horror en Sanhattan. Escalofríos en sedes de partidos y oficinas de lobby.
A partir de este increíble hallazgo, la actividad ha sido incesante. La UDI anuncia una comisión investigadora para develar todos los detalles sobre el proyecto para que los pérfidos comunistas construyeran un cable submarino por el Pacífico. También exige una investigación a fondo sobre la visita del subsecretario de las Fuerzas Armadas (¡comunista!) a China.
Se revela que el Ministerio de Transportes había dado una autorización que revocó dos días después, antes de ser visada por la Contraloría. También, que el Ministerio de Defensa había recibido el mismo proyecto.
Trámites, reuniones de lobby, viajes a un país comunista. ¡Inaceptable!
Afortunadamente, nuestro protector padre del norte nos abrió los ojos, al castigar a nuestro ministro de Transportes. Papá nos habla en tono golpeado, da órdenes a nuestras autoridades, se saca el cinturón y reparte correazos.
Lo más impresionante es cómo los comunistas -maestros del engaño- nos embaucaron por tres décadas. Desde el gobierno de Frei, Chile fue el mejor amigo de China en América Latina.
China y Chile son oficialmente “socios estratégicos integrales” desde 2016. El 38% de nuestras exportaciones se venden allá, contra solo el 15% en Estados Unidos. Lo mismo en las importaciones: primero con el 25% del total de lo que compramos, contra el 20% de Estados Unidos.
Y hay más. Veamos el Congreso, hoy repleto de denuncias y amenazas de comisiones investigadoras para indagar en los nexos con el pérfido régimen de Beijing.
El Grupo Interparlamentario Chileno–Chino es el más multitudinario de nuestra Cámara de Diputados: nada menos que 44 honorables hacen fila para formar parte de él. Entre ellos, 4 de la bancada UDI, 2 de la socialcristiana –libertaria, 4 demócratas- amarillos, 2 RN y 1 republicano.
La lista incluye al futuro subsecretario de Seguridad, Andrés Jouannet, exsocio del empresario chino Bo Yang, muy activo en el trabajo de estas comisiones e investigado en el “Caso Cariola”.
El Senado tiene su Comité de Diálogo Político Chile–China, creado en 2005 y que lleva ya 16 reuniones, en que honorables chilenos viajan a China y viceversa, donde son recibidos con las cortesías del caso por la Asamblea Popular Nacional.
El senador UDI Iván Moreira es además presidente del comité de Amistad Parlamentaria Chileno–Chino. La última reunión (“extraordinaria” según destaca la Embajada China) ocurrió el 20 de enero de 2026, liderada por el senador RN Francisco Chahuán (presidente chileno del comité), junto a la diputada PC Karol Cariola (presidenta del Grupo Interparlamentario) y la diputada republicana Catalina del Real.
Entre 2018 y 2025, 52 diputados viajaron un total de 70 veces a China, la mitad de ellas por invitación financiada por el régimen chino. Entre ellos se cuenta a cinco legisladores UDI y cinco RN. Issa Kort, Javier Macaya y Ximena Ossandón se repiten el plato con dos viajes.
Entre las visitas se incluyen el Foro de Partidos Políticos China-América Latina, organizado por el Comité Central del Partido Comunista de China, al que viajaron dos UDI, un RN, un DC y un PC.
El lobby chino, como todo buen lobby, es transversal. En 2024 empresas chinas registraron 120 audiencias con parlamentarios, 62 de ellos de derecha. La empresa del cable chino se constituyó y fijó domicilio legal en el estudio del futuro ministro de Defensa, y su hombre en Chile es el UDI Francisco Moreno, sobrino de Jaime Guzmán y exsubsecretario de Hacienda y Telecomunicaciones de Piñera, gobierno bajo el cual se tramitó por primera vez un proyecto de cable chino, que fue archivado por las presiones, esa vez en privado, de Estados Unidos.
¿También vamos a investigar todo eso?
Dejémonos de hipocresías: si tramitar un proyecto chino, viajar a China, aceptar invitaciones del gobierno chino o reunirse con lobistas chinos es sospechoso, entonces toda la élite del país, de comunistas a republicanos, está bajo sospecha.
Qué decir de la súbita indignación moral por la “dictadura comunista”. Lo hemos dicho aquí más de una vez: el único problema es con las dictaduras comunistas pobres. Cuando hay plata de por medio, el Tibet, la represión a los uigures y el partido único son “particularidades”, de las que es poco educado hablar en voz alta. Como zanjó el expresidente Piñera en China, mientras llevaba a sus hijos a reuniones de inversión: “Cada país tiene el sistema político que quiera darse”.
También este súbito pánico por el peligro de la inversión china en áreas estratégicas es irrisorio. En una columna de 2020 (“Patriotas”), advertíamos cómo empresas estatales chinas ya dominaban el suministro eléctrico del 57% de los hogares chilenos y tenían fuerte participación en la principal distribuidora, además de relevante presencia en otras áreas estratégicas como el litio.
Decíamos entonces que Chile debía definir “en qué áreas hay que mirar con cuidado la inversión foránea”, ya que “el imperio dominante del siglo XX (EE.UU.) comienza a ser desafiado en su área de influencia (América Latina) por el imperio desafiante del siglo XXI (China). ¿Cuál es nuestra estrategia frente a ese conflicto?”.
No tuvimos estrategia. Ahora reaccionamos con una sumisión humillante. El futuro gobierno se niega a decir ni pío ante la intervención del régimen de Trump, y el futuro presidente comparecerá al “Shield of the Americas” en Miami cuatro días antes de asumir.
Otra mala señal. No es una visita de Estado ni una reunión de trabajo en Washington, sino una junta proselitista de la internacional MAGA en Miami. El presidente electo de un país soberano no tiene nada que hacer ahí.
Estados Unidos ya apunta a nuestras telecomunicaciones y a nuestros centros astronómicos. Mañana puede ser el litio, el agua de la Patagonia, la Antártica o Rapa Nui. ¿Qué haremos entonces? ¿Tendremos una estrategia de Estado o simplemente nos inclinaremos, una y otra vez, frente a las crecientes demandas de un régimen que no conoce de límite alguno?
¿Y volveremos a hacernos los lesos la próxima vez que nos castiguen por hacer lo que hemos hecho durante las últimas tres décadas; hablar de negocios con nuestro primer socio comercial, la comunista República Popular China?
*Fuente: LaTercera
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