El rechazo a la plurinacionalidad en Chile
por Andrés Kogan Valderrama (Chile)
4 años atrás 9 min lectura
11 de septiembre de 2022
A días de saber el resultado del plebiscito de salida por la nueva constitución en Chile, han aparecido distintos análisis sobre las causas del triunfo aplastante de la opción rechazo por sobre la del apruebo, las cuales si bien son múltiples, hay un tema que desde el principio generó un profundo rechazo en la sociedad chilena, como lo fue la idea de plurinacionalidad.
Ante esto, varias personas que estuvieron por el apruebo han planteado que el problema justamente ha sido la incorporación de la plurinacionalidad en el nuevo texto constitucional, como si Chile no debió incorporar un concepto de esa índole, considerando que el rechazo incluso ganó ampliamente en las zonas con presencia indígena.
No obstante, el problema no debiera ser la plurinacionalidad como tal, muy por el contrario, debiera ser el racismo histórico no solo del Estado de Chile, sino de la sociedad chilena, que pareciera querer rechazarse a sí misma al negar la diversidad existente, ya que los pueblos originarios han estado por siglos en el país y seguirán estando, más allá de que tengan o no reconocimiento constitucional.
En consecuencia, el problema de fondo es que la identidad chilena se construyó históricamente desde la idea de un mestizaje neutro, como si fuéramos un mero resultado de la mezcla entre indígenas y europeos, dejando afuera además cualquier tipo de rasgo africano.
En otras palabras, se construyó una idea de chilenidad homogénea con el paso del tiempo, en donde lo indígena se vio como algo que dejó de existir y que fue superado por esta nueva identidad, la cual ha generado, como bien ha a dicho la socióloga Macarena Bonhomme, una superioridad criolla frente a lo demás países de la región, desde una blanquitud cultural e institucional (1).
No es casualidad por tanto, no sólo la negación de lo indígena como sujetos políticos, por ser seres del pasado, sino también el desprecio e inferiorización hacia migrantes latinoamericanos, vistos con más rasgos indígenas (peruanos, bolivianos y ecuatorianos) y afrodescendientes (colombianos, dominicanos, haitianos), sino también hacia otros países de la región (Argentina, Venezuela), vistos por tener instituciones subdesarrolladas y corruptas.
De ahí que el Estado de Chile actual, sea heredero del Estado creado por Diego Portales bajo la constitución centralista de 1833, ya que sigue suponiendo que estamos por sobre el resto de los países de la región, lo que ha derivado en que siempre nos hemos creído más cercanos a Europa y Estados Unidos, al difundir ideas racistas y xenófobas como que somos los ingleses de la región, las jaguares de Latinoamérica o que estamos en un mal barrio.
Es decir, el rechazo a la plurinacionalidad no solo es negarse a aceptar que existen distintas naciones en el país, sino también un rechazo hacia los países vecinos, como Bolivia y Ecuador, que impulsaron también ese concepto en sus nuevas constituciones, por lo que sería una palabra tercermundista y por ende no sería apropiada para Chile.
Bajo este escenario, a las elites más nacionalistas y neoliberales, que controlan los grandes poderes económicos, los grandes medios de información y que han hecho muy buen uso de las nuevas formas de comunicación digital, les fue bastante sencillo instalar una dicotomía entre chilenidad y plurinacionalidad, en donde la plurinacionalidad no era más que una idea indigenista, particularista, separatista y que solo traería división y destrucción de lo que conocemos como Chile.
Además, se instaló fuertemente que la plurinacionalidad era una idea meramente identitaria de unos pocos y anti-chilena, ya que supuestamente le entregaba privilegios a los pueblos originarios, en desmedro de los chilenos, que serían de segunda clase, lo que sería perfecto para alimentar el malestar y la rabia contra aquellos que nos querían quitar ahora el país y nuestros derechos.
Pero también hay que mencionar la arrogancia y vanidad de muchos constituyentes, indígenas y no indígenas, extremadamente confiados del éxito del proceso en curso, encapsulados y desconectados completamente de la sociedad chilena existente, que creyeron que solamente instalando y aprobando la plurinacionalidad y los distintos derechos indígenas en el pleno de la Convención Constitucional, les bastaría para borrar un racismo de la sociedad chilena que lleva siglos.
No hay que olvidar las múltiples torpezas que realizaron, como cuando no se dejó escuchar el himno nacional en la instalación de la Convención, cuando se dijo que se podría cambiar la letra del himno nacional, cuando se señaló la posibilidad de pedir visa para territorios indígenas, cuando no se invitó a los ex presidentes de Chile en la ceremonia de cierre, evidenciando así una falta de criterio completo y de una irresponsabilidad gigantesca frente al país, que nos costó muy caro y dejó a la plurinacionalidad como una palabra maldita.
En definitiva, el rechazo a la nueva constitución y a la plurinacionalidad, nos cierra la posibilidad de reencontrarnos y reconciliarnos en paz como país, lo que seguramente tendrá consecuencias negativas para el conflicto del Estado de Chile con el Pueblo Mapuche, ya que saldrán fortalecidos los sectores extremos que no quieren dialogar ni ver al otro como un igual, sino como un enemigo, por lo que el racismo, la discriminación, la violencia, los atentados, la represión, la desconfianza y el miedo serán los grandes vencedores de todo este fallido proceso constituyente institucional.
https://oplas.org/sitio/2022/09/08/macarena-bonhomme-mestizaje-blanquitud-y-racismo-en-chile/
El día que no fue en Chile
por Andrés Kogan Valderrama (Chile)
2 días atrás 4 min lectura

09 de septiembre de 2022
La aplastante victoria del rechazo por sobre el apruebo a la constitución escrita por la Convención Constitucional, sin duda marcará un antes y un después en la historia del país, luego de una derrota política y cultural que nunca olvidaremos quienes nos jugamos por un Chile más justo y que reconozca nuestra pluralidad.
De ahí que la histórica votación en Chile, muy por sobre cualquier otra en el pasado (85,81%) y la gran diferencia entre una y otra opción (61,86% y 38,14%), no solo es un triunfo inmenso para los sectores de derecha en el país, también nos muestra lo profundamente individualista, conservadora, llena de prejuicios y de miedos que tiene aún la sociedad chilena, aunque creyéramos y/o quisiéramos lo contrario.
Al parecer muchos vimos con bastante ingenuidad, que con la revuelta social y el Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución del 2019, más el inmenso triunfo del apruebo por una nueva constitución en el 2020, Chile había entrado en unos niveles de politización tan grande que sería un procesos sin vuelta atrás, que ni siquiera los grandes grupos económicos podrían frenarlo.
Lamentablemente nos equivocamos, por lo que nos encontramos en un momento de mucha debilidad e incertidumbre, en donde sin duda esta derrota histórica será vivida por muchos sectores con gran frustración, pena y desesperanza, lo que nos hace estar en el peor de los escenarios posibles.
Asimismo, si bien está derrota tiene causas que van mucho más allá de los errores del apruebo durante todo este proceso constituyente, me parece importante poder mencionarlos, a modo de generar ciertos aprendizajes en el futuro, ya que se podría haber logrado un mucho mejor resultado en el plebiscito, a pesar de la enorme campaña de fake news y de desinformación del rechazo, a través de los grandes medios concentrados. .
En consecuencia, me parece que nos farreamos tener un gran texto constitucional en Chile, por el exceso de confianza de muchos convencionales constituyentes de movimientos sociales, la inconsistencia de los partidos políticos que fueron por el apruebo y el temor del gobierno.
En el caso de los constituyentes provenientes de movimientos sociales, muchos pecaron de soberbia, como si la aprobación de las normas por 2/3 en la Convención Constitucional fueran aceptadas automáticamente por todo Chile, mostrando formas de relacionarse sin ningún tino, a través de clausuras, funas y un exitismo exacerbado.
Además, no fueron capaces de ver que cada declaración y acción que hacían, estaba todo un país viéndolos, lo que obviamente iba a ser usado para magnificar cualquier tipo de error o estupidez que hicieran dentro de la Convención, como bien hicieron los grandes medios de información concentrados.
Al parecer se olvidaron rápidamente que la votación de convencionales constituyentes fue solo del 41, 51% del padrón electoral, lo que dejó una inmensa cantidad de personas que no se hicieron parte de ese proceso, pero que mayoritariamente fueron a votar durante este plebiscito de salida este 4 de septiembre.
En cuanto a los partidos políticos por el apruebo, no entendieron lo deslegitimados que están y no fueron capaces de articularse de manera ordenada a favor de la nueva carta magna, mostrando importantes diferencias, entre quienes por un lado estaban contentos con el texto constitucional y otros que no.
Me parece que esa inconsistencia, quedó muy bien reflejada en el llamado Acuerdo Unidas y Unidos para Aprobar una Nueva Constitución, el cual pretendió generar certezas, a través de ciertos cambios en la nueva constitución, en el caso de aprobarse, pero que en la práctica fue subordinarse al discurso del rechazo, al asumir que el nuevo texto constitucional tenía importante fallas, y por ende era malo.
Sobre el gobierno, se vio muy temeroso durante estos meses de trabajo de la Convención Constitucional y en la campaña, por ser denunciado por hacer intervencionismo electoral, por lo que hizo muy poco a nivel informativo sobre el proceso constituyente, descuidando completamente el rol que podría haber jugado el canal público (TVN), en términos de una oferta de contenido distinta y formativa que permitiera acercar a la ciudadanía a lo que estábamos viviendo como país.
Por último, con respecto a la franja de televisión por el apruebo, se vio un completo desorden entre los comandos, lo que generó un mensaje confuso, fragmentado y que no llamaba a la unidad de las y los chilenos, lo que seguramente no llegó a los indecisos y menos a los nuevos votantes.
En síntesis, la derrota histórica del pasado 4 de septiembre, si bien refleja un profundo conservadurismo e individualismo de la sociedad chilena, que nos negamos a ver durante todo este tiempo, hay errores que nos costaron caros, que debemos asumir y tratar de aprender de ellos, ante los nuevos escenarios del futuro que estarán por venir y que tendremos que sumarnos con la frente en alto y con esperanza.
-El autor, Andrés Kogan Valderrama, es Sociólogo, Diplomado en Educación para el Desarrollo Sustentable, Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea, con cursos de Doctorado en Estudios Sociales de América Latina, Profesional de la Municipalidad de Ñuñoa, Integrante de Comité Científico de Revista Iberoamérica Social y Director del Observatorio Plurinacional de Aguas www.oplas.org
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