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Ucrania y Rusia en máxima tensión: ¿se viene la escalada final en el Donbass? 

Ucrania y Rusia en máxima tensión: ¿se viene la escalada final en el Donbass?
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Veamos… ¿quién quiere una guerra ?

Autor: Pepe Escobar

Publicación original en: Strategic Culture Foundation

Traducción del inglés de Luis Casado

No es casualidad que el Hegemón se obstine en acosar y aplastar la integración euro-asiática por todos los medios. Es una batalla de escorpiones en un vórtice de espejos deformados dentro de un circo. Comencemos por los espejos del circo.

La no-entidad que pasa por Ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania viajó a Bruselas para ser cortejado por Antony Blinken, Secretario de Estado yanqui, y por Jens Stoltenberg, Secretario General de la OTAN. Un juego de sombras circense, por decir lo menos. Más que un grupo de consejeros de la OTAN en una puerta giratoria loca en Kiev, el verdadero juego de sombras es el MI6 trabajando estrechamente con el Presidente Zelensky.

El guión belicista de Zelensky viene directamente de Richard Moore, agente del MI6. Los servicios secretos rusos están muy al corriente hasta de la letra menuda. Y filtraron cuidadosamente algunos fragmentos en una emisión especial del canal de TV Rossiya 1.

Lo confirmé con fuentes diplomáticas en Bruselas. Los medios británicos también oyeron hablar del tema, pero evidentemente se les instruyó deformar aun más los espejos echándole la culpa, no podría ser de otro modo, a la “agresión rusa”.

El espionaje alemán casi no existe en Kiev. Los consejeros de la OTAN aun son legión. Sin embargo, nadie habla de la explosiva conexión con el MI6. Indiscretos murmullos en los corredores de Bruselas juran que el MI6 cree realmente que en caso de una volcánica pero aun evitable guerra con Rusia, Europa continental ardería mientras la tierra del Brexit se salvaría.

Soñar no cuesta nada. Ahora, volvamos al circo.

¡Oh! Eres tan provocadora…

Después de hablar con el Ministro de Exteriores ucraniano, ambos, el pequeño Blinken, y Stolterberg, el testaferro de la OTAN, cacarearon el mismo guión en Bruselas.

Eso fue parte de una “reunión especial” de la OTAN sobre Ucrania, donde algunos eurócratas deben haberle contado a otro racimo de despistados eurócratas cómo serían carbonizados en un segundo por las terríficas cabezas nucleares rusas TOS-1 Buratino, si la OTAN intentase cualquier broma.

Escuchemos el cotorreo de Blinken: las acciones rusas son “provocadoras”.

Seguramente sus colaboradores omitieron darle una copia de las declaraciones de Serguei Shoigú, Ministro de Defensa ruso, pasando en revista, paso a paso, al despliegue anual del ejército yanqui DEFENDER-Europe 21: “Las fuerzas principales están concentradas en el Mar Negro y en la región Báltica”.

Ahora, escuchemos el cotorreo de Stoltenberg: comprometemos un “decidido apoyo” a Ucrania.

Canta no más gaviota. Ahora vete a jugar con caca. No, aún no. El pequeño Blinken amenazó a Moscú con “consecuencias” por lo que pudiese ocurrir en Ucrania.

La infinita paciencia de Dimitri Peskov, vocero del Kremlin, es casi taoísta. Dicho sea de paso, El Arte de la Guerra, de Sun Tzu, es una obra maestra de taoísmo. La respuesta de Peskov a Blinken: “Simplemente, para nosotros no es necesario ir por ahí todo el tiempo proclamando ¡‘Soy el más grande’! Mientras más se hace eso, más duda la gente de que sea así.”

Si quedase alguna duda, hay que llamar al irremplazable Andrei Martyanov, que no tiene pelos en la lengua. Crash Test, la ficticia pandilla de Washington, aun no lo entiende, aun cuando algunos profesionales de la burocracia federal sí lo han comprendido.

He aquí Martyanov:

Según tengo registrado, los EEUU nunca pelearon una guerra con su sistema de Mando y Control bajo el impacto del implacable y sostenido fuego enemigo, y con sus bases traseras bajo ataque y desorganizadas. Convencionalmente, los EEUU no pueden ganarle a Rusia en Europa, al menos en el Este de Europa, y la Administración Biden debiese despertar a la realidad de que pudiese no sobrevivir a una escalada cualquiera. De hecho, los modernos Kalibrs, 3M13Ms, tienen un alcance de 4.500 km, los misiles de crucero X-101 llegan a más de 5.000 km, y no tendrían ningún problema en penetrar el espacio aéreo yanqui si son lanzados por los bombarderos estratégicos rusos sin siquiera abandonar la seguridad de su propio espacio aéreo en Rusia.

El efecto Patrushev

El circo continuó con la llamada de “Biden” – o sea de la ficticia pandilla Crash Test con un audífono y un teleprompter frente al teléfono – al Presidente Putin.

Llamémoslo el efecto Patrushev.

En su impresionante entrevista a Kommersant, Triple Yoda Patrushev mencionó una muy civilizada conversación telefónica que tuvo a fines de marzo con el Consejero de Seguridad Nacional Jake Sullivan. Desde luego no hay pruebas, pero si alguien pudiese proponer la idea de una llamada telefónica Biden-Putin para salvarle la cara a Biden… ese es Sullivan.

Solo que la presentación desde Washington y Moscú es ligeramente distinta. EEUU subraya que “Biden” – en realidad el combo que decide detrás de él – quiere construir “una relación estable y predecible con Rusia, consistente con los intereses estadounidenses”.

El Kremlin dijo que Biden “expresó interés en normalizar las relaciones bilaterales.”

Más allá de esta cortina de humo, lo que realmente importa es lo de Patrushev-Sullivan. Eso tiene que ver con Washington diciéndole a Turquía que naves de guerra yanquis transitarían por el Bósforo hacia el Mar Negro. Sullivan debe haberle dicho a Patrushev que no, que no estarían “activos” en el Donbass. Y Patrushev a Sullivan: OK, no los vamos a incinerar.

En Moscú no hay absolutamente ninguna ilusión de que la putativa cumbre Biden-Putin pueda tener lugar algún día. Especialmente después de que el taoísta Peskov dejó claro que “nadie le permitirá a EEUU hablarle a Rusia desde una posición de fuerza”. Si eso suena como una clara cita de Yang Jiechi – quien hizo sopa de aletas de tiburones con Blinken-Sullivan en Alaska – es porque efectivamente lo es.

Previsiblemente, en Kiev siguen aferrados al estilo circense. Después de recibir nítidos mensajes de los Sres. Iskander, Khinzal y Buratino (misiles rusos, N. del T.) decidieron cambiar de opinión, o al menos pretendieron hacerlo: ahora dicen que no quieren guerra.

Y aquí llega la intersección entre el circo y los asuntos serios. El combo “Biden” nunca dijo, explícitamente, públicamente, que no quiere la guerra. Por el contrario: están enviando esas naves de guerra al Mar Negro y – ¡circo una vez mas! –designando un enviado, estilo Ministro de los Andares Tontos (sketch de Monty Python’s Flying Circus. N del T.), cuya única tarea consiste en hacer descarriar el oleoducto Nord Stream 2.

Así, el suspenso – como una intriga para El Expreso del Miedo (film de 2013, N. del T.) – es qué pasará cuando se complete el Nord Stream 2.

Pero antes de eso hay algo aun más trascendental: el próximo miércoles 21 de abril, en su discurso ante el Consejo de Seguridad ruso, el Presidente Putin dibujará las líneas rojas.

Es Minsk-2, estúpido

Serguei Ryabkov, Viceministro de exteriores, lo puso en un estilo mucho menos taoísta que Peskov:

“EEUU es nuestro enemigo, que hace todo para socavar la posición de Rusia en la arena internacional, no vemos otros elementos en su forma de tratarnos. Esas son nuestras conclusiones”.

Eso es granítica realpolitik. Ryabkov conoce al dedillo la mentalidad del Hegemón incapaz de acuerdos. De modo que otra dimensión agregada a su observación es su directa conexión con la única solución para Ucrania: los Acuerdos Minsk-2.

Putin reiteró su apego a Minsk-2 en su teleconferencia con Merkel y Macron, y ciertamente a “Biden” durante su conversación telefónica. Washington, la UE y la OTAN lo saben. Minsk-2 fue firmado por Ucrania, Francia y Alemania y certificado por el Consejo de Seguridad de la ONU. Si Kiev viola ese Acuerdo, Rusia – como miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas – debe forzarla a respetarlo.

Kiev ha estado violando el Acuerdo Minsk-2 durante meses, y rehúsa implementarlo. Como fiel satrapía del Hegemón, tampoco son capaces de acuerdos. Pero ahora están viendo el – poder de fuego – escrito en el muro como si pensaran iniciar una guerra relámpago contra el Donbass (región ucraniana de habla rusa. N. del T.)

El secreto a voces, – en toda la salvaje naturaleza de los espejos cobijados por la carpa del circo de Ucrania/Donbass –, es por cierto China. Sin embargo Ucrania, en un mundo sano, sería no solo parte del corredor BRI (Belt and Road Iniciative: proyecto de integración euroasiático. N. del T.) sino también del proyecto ruso Gran Eurasia. El especialista en China Nikolai Vavilov reconoce la importancia del BRI, pero está convencido de que Rusia, por encima de todo, está defendiendo sus propios intereses.

Idealmente, Ucrania/Donbass se insertarían en el renacimiento global de las Rutas de la Seda, como en el comercio de la Eurasia Central basado y desarrollado en consideración de la demanda de toda Eurasia. La integración euro-asiática, en la visión tanto china como rusa, reposa en economías interconectadas a través del comercio inter-regional.

De modo que no será por casualidad que el Hegemón – en vísperas de transformarse en un actor irrelevante en toda Eurasia – acosará sin descanso, e intentará aplastar, la integración continental por todos los medios a su disposición.

En este contexto, manipular un Estado fallido para encontrar su propia perdición is just (circus) business.

Publicación original en: Strategic Culture Foundation

*Fuente: Politika

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