"Cómo un proyecto de ciencia aplicada en un campo de concentración de Pinochet me ayudó a trascender el encierro"
por Boris Chornik (Chile)
6 años atrás 6 min lectura


Esta situación inevitablemente me recuerda la experiencia de encierro que viví hace 45 años como prisionero político en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).
Estuve cinco meses preso, primero en una casa de tortura conocida como “La Discoteca” o “Venda Sexy”, y luego en tres campos de concentración: Cuatro Álamos, Tres Álamos y Melinka-Puchuncaví.
En Tres Álamos quise realizar alguna actividad colectiva que fuese gratificante y útil. Siendo mi especialidad la física experimental, ideé un proyecto de ciencia aplicada consistente en construir un espejo parabólico para concentrar la luz solar.
En los años setenta el uso de la energía solar estaba ya propuesto, pero no se había aprovechado ni difundido tan ampliamente como ahora.
El objetivo del proyecto era construir un dispositivo para hervir agua en un recipiente para que los presos pudiésemos tomar té o café. Además, permitía dedicar tiempo a algo que nos alejara por momentos del tedio, la tensión y el maltrato arbitrario impuestos por los comandantes y guardias del campamento y la incertidumbre de la duración del confinamiento.
Los materiales esenciales eran cartón corrugado para la estructura de soporte y papel de aluminio para la superficie reflectante. Obtuve cartón corrugado de cajas contenedoras que se encontraban por doquier en el campamento.
El papel de aluminio provino de la envoltura interna de las cajas de cigarrillos, donadas por prisioneros fumadores. Al explicar el proyecto a mis compañeros, muchos se interesaron y ofrecieron ayuda para recolectar más cajas.
Después de pasar algunas semanas en esta tarea, me trasladaron al campamento Melinka-Puchuncaví. Ahí llevé las hojas de aluminio que había reunido y presenté el proyecto a mis nuevos compañeros, que también se interesaron en participar.
Uno de ellos, de profesión carpintero, ofreció construir una armazón de madera. Yo estuve de acuerdo, a pesar de que mi idea inicial para la estructura era utilizar cartón corrugado.
Primó el criterio de realizar un proyecto colectivo, y el espejo fue de madera en su esqueleto con rellenos internos de cartón corrugado. Sin embargo, el conjunto resultó tan pesado que para moverlo y orientarlo con respecto al sol se necesitaban por lo menos dos o tres personas.
El espejo era circular, de unos 2 metros de diámetro. ¿Por qué ese diámetro? Como la superficie total era de un poco más de 3 m², la potencia captada podría llegar como máximo a 1,5 kilovatios. La potencia requerida para alimentar un hervidor eléctrico es aproximadamente 1 kilovatio, pero yo no tenía idea de la eficiencia de los papeles de aluminio como reflectores.
La idea era concentrar la radiación sobre una tetera o cafetera llena de agua puesta en el foco del paraboloide, de forma que el agua hirviera en un tiempo comparable al que se logra en una cocina común.
El paso siguiente fue cubrir toda la superficie con papel de periódicos, y finalmente pegar encima los papeles de aluminio. No alcancé a terminar esta última etapa, ya que me trasladaron nuevamente al campamento de Tres Álamos.
Nunca supe lo que sucedió después. Sin embargo, en épocas posteriores, compañeros que habían estado presos en Melinka-Puchuncaví más tiempo que yo me dieron varias versiones diferentes acerca del resultado del proyecto.
La primera, que el espejo incompleto quedó abandonado. Luego, los soldados del campamento lo desarmaron y utilizaron la madera como leña para hacer fogatas. Así se calentaban durante las frías noches de invierno en que tenían que hacer guardia a la intemperie.
La segunda versión fue que algunos compañeros continuaron el recubrimiento de aluminio hasta completarlo y tuvieron éxito en calentar agua hasta su ebullición.
Y la tercera versión fue que completaron el proyecto pero el resultado fue mediocre.
Estas diferentes versiones me han hecho recordar la famosa película Rashomon (1950) de Akira Kurosawa. En este film, la historia de un misterioso crimen es relatada por diferentes personajes y cada versión es completamente diferente y contradictoria con las otras.
En el contexto actual de cuarentena, la idea cobra interés nuevamente porque los mismos materiales están disponibles: cartón corrugado y papel de aluminio que se emplea en la cocina. Y la única herramienta necesaria es un cuchillo. Además se necesita cola fría, para pegar el cartón.
Propongo una modificación importante para facilitar su construcción: el espejo tendrá forma cuadrada en vez de circular, pero la superficie reflectante seguirá siendo un paraboloide de revolución.


Las ranuras de las costillas X sirven para que encajen las costillas Y, y viceversa, como se ve en la Figura 2.
Por último, se pega la superficie reflectante de papel de aluminio. Para utilizar el calentador, se coloca la olla, tetera o cafetera en el plano focal del espejo, como se ve en la Figura 3. La posición relativa de la olla con respecto al espejo deberá reajustarse de acuerdo con el movimiento aparente del sol, de manera de mantener la olla siempre en el plano focal del espejo.

En internet se describen muchos proyectos de espejos parabólicos que emplean alguna antena satelital en desuso, por ejemplo:
Sin embargo, en el entorno hogareño donde uno se encuentra en cuarentena, generalmente no hay antenas satelitales disponibles ni herramientas para fabricar un plato parabólico de metal. Además, el tamaño de estas antenas es insuficiente: del sol llega sólo 0.5 KW / m² .
En resumen, este es un proyecto de construcción de concentrador de radiación solar para calentar agua que emplea herramientas y materiales fáciles de encontrar, basado en el proyecto que conduje como preso político durante la dictadura de Pinochet. Todavía no he tenido tiempo para realizarlo pero me interesaría mucho conocer el resultado que tenga algún lector o lectora que decida hacerlo antes que yo.
*Fuente: TheConversation
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