“La OEA es lo viejo, un espacio que fue manipulado, dominado por Estados Unidos (…) mellado por lo viejo, mientras que la CELAC nace con un espíritu nuevo, como un arma de integración política, económica y social”.
Hugo Chávez.
En 1948, durante la IX Conferencia Internacional de Estados Americanos, reunida en Bogotá, se fundó la Organización de Estados Americanos (OEA), en el contexto del inicio de la Guerra Fría.
Tenemos la oportunidad de demostrar que sin el tutelaje imperial, los pueblos pueden construir una auténtica democracia, participativa, protagónica.
Se fundó en Bogotá, mientras la oligarquía colombiana masacraba al pueblo que había protagonizado la rebelión conocida como El Bogotazo, tras el asesinato de Jorge Eliecer Gaitán. Nació salpicada de la sangre del pueblo y en su nombre se ahogado en sangre y miseria a los pueblos de nuestra América durante 71 años.
Con la OEA se institucionalizó el tutelaje imperial norteamericano sobre las Repúblicas Latinoamericanas y Caribeñas. Han transcurridos 71 años de ignominia de esa organización contra los pueblos de nuestra América.
La OEA muy diligente para criminalizar a los pueblos y a los gobiernos democráticos populares, pero ciega, sorda y muda, con contadas excepciones, frente a las atroces dictaduras de las oligarquías, y las no menos atroces prácticas represivas de las democracias elitistas. Diligente para validar, por acción u omisión, las invasiones de los distintos gobiernos de los Estados Unidos contra Guatemala, República Dominicana, Cuba, Grenada, Panamá y Haití.
Venezuela perteneció a esta organización desde su fundación hasta este 27 de abril de 2019, fecha en la que se concretó su retiro oficial. El pueblo Venezolano nunca contó con esa organización para la defensa de nuestros derechos humanos. Denuncias sobre políticas sistemáticas de torturas, desapariciones forzadas y masacres tanto en las dictaduras militares como en la democracia de elites del Pacto de Punto Fijo, nunca fueron atendidas oportunamente.
En el caso venezolano solo fue diligente una vez, su funcionariado reconoció de inmediato la dictadura de Pedro Carmona Estanga en Abril de 2002, tras el breve derrocamiento del Presidente Hugo Chávez, restituido en la Presidencia constitucional por el pueblo, sin la OEA, en menos de 48 horas.
Como pueblo nunca contamos con esa organización, ni siquiera aquellos días de febrero y marzo de 1989 cuando el gobierno de Carlos Andrés Pérez ordenó la mayor masacre, cometida por parte del Estado, de la historia de nuestro país. Una de las mayores de nuestro continente.
La salida formal de los tratados y convenios que nos mantenían como miembro de la referida organización, nos hace hoy un país más independiente pero a la vez obliga al Estado a garantizar de manera rigurosa todos los derechos democráticos que posee el pueblo venezolano.
Hoy tenemos la oportunidad de demostrar que sin el tutelaje imperial es que, realmente, los pueblos pueden construir una auténtica democracia, participativa, protagónica.
Hoy más que nunca el Estado Democrático, Social, de Derecho y de Justicia, consagrado en nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, tiene que ser una realidad expresada en el pleno ejercicio de los derechos civiles, políticos, sociales, económicos y culturales de todo el pueblo venezolano.
Hoy más que nunca el pueblo debe vigorizar nuestra democracia protagónica, participando; organizándose de manera plural, ejerciendo la crítica, la interpelación, la movilización pacífica para defender la Patria, pero también para denunciar errores y demandar rectificaciones.
Compatriotas, al salirnos de la OEA, hemos expandido nuestra Independencia Política, nos toca ahora ejercer con mayor profundidad nuestra democracia protagónica, nuestro modelo de inclusión social y nuestra soberanía económica.
Llegará un tiempo nuevo para la integración Latinoamericana y Caribeña. Será el tiempo en que todos nuestros pueblos gobiernen y tengan derecho a todos los derechos. Solo en ese tiempo construiremos un auténtico sistema interamericano de democracia de los pueblos, de garantía de los derechos humanos para todos y todas.
Será un tiempo sin imperios, sin oligarquías, será el tiempo de los pueblos sabios y libres de nuestra América Latina y Caribeña. Así será.
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