Bolsonaro en EEUU: el placer de la sumisión
por Raúl Zibechi (Uruguay)
7 años atrás 6 min lectura
Mientras la Bolsa de Valores de Sao Paulo bate todos sus récords históricos, superando los 100.000 puntos, el presidente Jair Bolsonaro aceleró el paso de la subordinación de Brasil a la Casa Blanca, y al Pentágono en particular, al liberar la base de cohetes de Alcántara para ser utilizada por EEUU, además de otros países.
La visita de Bolsonaro y algunos de sus ministros a Washington tuvo perfiles casi grotescos. El ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, dijo a los empresarios estadounidenses:
«Tenemos un presidente con cojones para controlar el gasto público«. Siguió de largo:»Tenemos un presidente que adora la Coca-Cola y Disneylandia», para finalizar la tirada comparando el gasto público con el ‘estatismo soviético’.
Mientras tanto: La aprobación del Gobierno brasileño cae 15 puntos desde enero
Días antes de la visita de Bolsonaro a EEUU, el presidente de Petrobras, Roberto Castello Branco, se despachó con una frase que muestra lo que están pensando en el Gobierno: «Como liberales, somos contrarios a las empresas estatales. Petrobras privatizada y el BNDES extinto, serían mi sueño«.
La comitiva presidencial se deshizo en elogios y expresiones de ‘amor’ a EEUU, con este tipo de declaraciones que nunca conforman al oyente, precisamente porque muestran la baja estatura del interlocutor. Mantuvo una reunión con Steve Bannon y una polémica e innecesaria visita a la sede de la CIA en Virginia, la primera que realiza un presidente brasileño.

El hijo del mandatario, el diputado Eduardo Bolsonaro, dijo a los medios que la CIA es «una de las agencias de inteligencia más respetadas del mundo» y que la visita pretendía «abordar asuntos de la región«. En sus encuentros afirmó que EEUU tiene la capacidad militar y económica para «liberar Venezuela», contradiciendo la posición expresa de las Fuerzas Armadas de Brasil.
Más allá de los dislates dialécticos, el presidente firmó un acuerdo largamente acariciado por el Pentágono, como es la autorización para usar la base de cohetes de Alcántara «con fines pacíficos», con lo cual EEUU obtiene ventajas, al estar situada muy cerca de la línea ecuatorial, lo que permite abaratar costos de lanzamiento.
En la reunión con Trump, Bolsonaro se negó a descartar la opción de una invasión armada a Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro, en evidente contraste con la posición adoptada por el vicepresidente, general Hamilton Mourao, que descartó esa posibilidad en la reunión del Grupo de Lima en Bogotá a fines de febrero.

Brasil está a la deriva. La estrecha alianza con EEUU es apenas una muestra del desconcierto que ya empieza a calar entre los propios militares. Las declaraciones de los altos cargos resultan aún más desconcertantes. No solo proponen privatizar Petrobras y el banco de desarrollo (BNDES), sino también el Banco do Brasil. Se asegura que Vale —la segunda minera del mundo— en realidad no es privada porque está bajo control de los fondos de pensiones de empresas estatales, y pretenden ‘reprivatizarla’. Llegan incluso a barajar la idea de reducir hasta el 50% el funcionariado estatal, apostando a la digitalización para no sustituir a quienes se jubilan.
Además: El Banco Central de Brasil pronostica el crecimiento de la economía del país en 2019
El diplomático Paulo Roberto de Almeida, dimitido del Instituto de Investigaciones de Relaciones Internacionales, asegura que el canciller Ernesto Araújo está tutelado, y probablemente lo esté todo el Gobierno, por parte de los militares.
«Se estableció una especie cordón sanitario en torno al canciller y a la propia Itamaraty (Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil), porque el canciller subvirtió la jerarquía de mando del ministerio, algo que los militares consideran inaceptable». Concluye afirmando que «para los militares es inaceptable la subordinación a EEUU».
Entiendo que Brasil está en una encrucijada. Los militares tienen los principales resortes del Gobierno en sus manos, pero carecen de una orientación definida sobre el papel que el país debe jugar en el mundo y en la región, y un mínimo proyecto de nación que involucre a toda la población, no solo a las clases altas.
El politólogo José Luis Fiori detalla los principales desafíos que enfrenta Brasil en esta era de profundos cambios geopolíticos: la plena integración y ocupación de la Amazonia; la defensa de los yacimientos marítimos de petróleo en el Atlántico Sur; la expansión económica hacia el Pacifico, ya que China es su principal socio comercial; construir alianzas en su ‘entorno estratégico’, o sea Suramérica y la costa occidental de África; y finalmente, la proyección internacional del país.
Sin embargo, Brasil va en la dirección opuesta. En lo interno, 53 millones dependen aún del plan Bolsa Familia que traspasa alimentos y subsidios a los más pobres y el 50% de la fuerza de trabajo recibe menos de un salario mínimo. Está entre los diez países más desiguales del mundo y en proceso de desmontar servicios educativos y de salud, entre otros.
También: Gobierno brasileño bloquea uno de cada doce pagos de Bolsa Familia
La vulnerabilidad interna que provocan las disparidades sociales, regionales y raciales, puede estallar en cualquier momento haciendo trizas la respetabilidad de los uniformados. Aún quienes no comulgamos con la dictadura militar brasileña (1964-1985) ni con el anticomunismo que inspiró su gestión, debemos reconocer que en esas dos décadas Brasil se industrializó, se realizaron obras de infraestructura vitales, millones de pobres dejaron las áreas rurales para integrarse como empleados en las grandes ciudades.

Aquellos militares tenían un proyecto de nación, crearon y defendieron las empresas estatales en las áreas consideradas estratégicas. ¿Hacia dónde va un país que pretende privatizar sus empresas decisivas, poniendo en jaque la soberanía nacional? ¿Estarán los militares dispuestos a aceptar la privatización de Petrobras, o de sus áreas más importantes, perdiendo una herramienta clave para orientar la economía y el país?
En esta era de turbulencias globales, cuando la superpotencia pierde su hegemonía y el centro del mundo se traslada de Occidente hacia el continente asiático, amerita debates serios y profundos sobre el papel que debe jugar cada nación y cada región. No es con bravatas machistas contra el ‘marxismo cultural’ como podrá ponerse de pie Brasil. Cuando soplan vientos de conflictos mundiales, no hay otro camino que aferrar con fuerza el timón y mantener el norte para llegar a buen puerto.
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*Fuente: Mundo Sputnik
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