Sáhara Occidental: la ONU y el Polisario desmienten a Marruecos
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8 años atrás 7 min lectura
23/04/2018
Se cumplen ahora 42 años de ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos. Y a finales de este mes de abril tendrá lugar la sesión anual del Consejo de Seguridad de la ONU, en la que se revisará la situación de ese territorio no autónomo pendiente de descolonización y la prórroga del mandato de la MINURSO (“R” de Referéndum; “O” de Occidental).

Hace muy poco, en febrero de 2018, un fallo del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) daba la razón, por segunda vez, al Frente Polisario, al confirmar y consolidar su anterior sentencia (de 2016), estableciendo que el Sáhara Occidental es un territorio no autónomo “distinto y separado” del Reino de Marruecos y reconociendo su derecho a la autodeterminación.
Poco antes, el Tribunal Supremo de Sudáfrica había fallado que el cargamento de fosfatos que transportaba un buque -interceptado a petición del Frente Polisario y el Gobierno de la RASD- procedente de El Aaiún (capital del Sáhara Occidental ocupado), no podía ser exportado por la potencia ocupante, Marruecos, y que dicho cargamento era propiedad del pueblo saharaui.
Alguien tenía que pararle los pies a Marruecos en su escandalosa violación del Derecho Internacional. Y ha sido la propia legalidad internacional y la Justicia europea y sudafricana las que han empezado a poner coto, efectivamente, al expansionismo alauita. Y ello, a pesar de que algunos sostienen que “a Marruecos hay que sacarlo del Sáhara a guantazos, igual que entró”. Y para eso está el Capítulo VII de la Carta de la ONU, que establece el uso de la fuerza en determinados casos, como sucedió con la invasión de Kuwait, algo que recordaba el profesor estadounidense Stephen Zunes en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Descolonización.

Las decisiones judiciales arriba mencionadas, adoptadas en virtud de la legalidad internacional, han puesto muy nervioso al régimen alauita, que ha emprendido una frenética campaña de desinformación mediática y diplomática sin precedentes, con unas maniobras que pretenden falsear la realidad de los hechos y confundir a la opinión pública; hasta el extremo de amenazar con anexar por la fuerza los territorios liberados del Sáhara Occidental, escudándose en una supuesta violación, por parte del ejército saharaui, del Alto el Fuego firmado entre el Frente Polisario y Marruecos en 1991, acuerdo éste en el que se preveía la celebración de un referéndum de autodeterminación que permitiría determinar el estatus final del, todavía hoy, territorio no autónomo.
Esas acusaciones de Marruecos han sido explícitamente refutadas por el Gobierno de la RASD, en un comunicado, de fecha 15 de marzo de 2018, difundido por la agencia de prensa saharaui SPS y en el que se especifica claramente cuál es la línea divisoria y la zona restringida para las tropas marroquíes y saharauis (Acuerdo Militar Nº 1). Las afirmaciones marroquíes carecen de fundamento, puesto que las localidades de Bir Lehlu y Tifariti, a las que aquellas aludían, están situadas fuera de la zona de separación acordada. El Frente Polisario y el Estado Saharaui han venido organizando en la zona de Bir Lehlu, y durante muchos años, múltiples eventos de todo tipo, por lo que está muy claro que las insinuaciones marroquíes de que “es la primera vez” son una absoluta falacia.
Las alegaciones marroquíes de que el Frente Polisario hubiere violado el Alto el Fuego fueron refutadas incluso por el Portavoz oficial del Secretario General de la ONU el pasado 2 de abril. Y, por si fuera poco, Marruecos ha mostrado su rechazo al despliegue de una misión de expertos de la ONU, tal como solicitó el Consejo de Seguridad en su resolución (S/RES/2351) de 28/04/2017, mientras que el Frente Polisario sí la aceptó (Informe del Secretario General de la ONU presentado al Consejo de Seguridad el 29/03/2018), atestiguando así su firme compromiso con el alto el fuego y el proceso de paz de la ONU.
La agresiva y frenética campaña de Marruecos tergiversando los hechos e intentando confundir a la opinión pública internacional, se produce precisamente en un momento en que el Consejo de Seguridad está debatiendo la situación relativa al Sáhara Occidental, y ante el propósito -claramente expresado por el Secretario General de las Naciones Unidas y su Enviado Personal para el Sáhara Occidental, Sr. Horst Köhler– de relanzar el proceso de negociación entre las dos partes, como demandan las resoluciones del Consejo de Seguridad. Marruecos no hace sino buscar pretextos para eludir sus responsabilidades con la comunidad internacional.
En cualquier caso, conviene tener cuidado con los fanfarrones y los matones. En 1975, con un dictador agonizante en España -entonces potencia colonial- y con graves problemas internos en Marruecos, el régimen alauita aprovechó para chantajear a todo el mundo con su ‘marcha verde’, apañada y negociada en secreto. Ni los llamamientos de la ONU ni el dictamen del Tribunal Internacional de La Haya detuvieron al invasor.
Ahora hay un escenario con ciertas similitudes. Marruecos ha comprado voluntades y corrompido políticos y países a diestro y siniestro. El Sáhara Occidental es una inmensa prisión a cielo abierto. La represión es sistemática. Lo que iba a ser el pretendido “reencuentro con los hermanos saharauis” quedó desenmascarado con el brutal atropello de las fuerzas de ocupación al campamento de Gdeim Izik (2010). Cualquier nuevo intento de engañar al pueblo saharaui se desvaneció para siempre, como sucediera con España en la represión de Zemla y la ‘desaparición’ de Basiri. Basiri defendía una descolonización pacífica y pactada, que los nefastos gobernantes españoles arruinaron, lo que llevó necesariamente a la creación del Frente Polisario, al que ahora llaman “independentista” e incluso “terrorista”, cuando es Marruecos quien impone su terror. ¡Qué sarcasmo! Hay que seguir leyendo a Franz Fanon y a Frank Ruddy.
El pasado 9 de abril, el majzén marroquí organizó un show multitudinario en la ciudad ocupada de El Aaiún, como hacía el dictador Franco en España con los actos de ‘adhesión al régimen’. Al día siguiente, el rey Mohamed VI se entrevistaba con el presidente Emmanuel Macron en París, no sabemos si para pedirle el visto bueno galo al diseño y plasmación de su reiterada amenaza militar contra los saharauis, sus…”hermanos”. Al mismo tiempo, la prensa informaba del suministro de casi medio centenar de tanques estadounidenses a Marruecos (de un total previsto de casi 500 mediante un “Programa de Donación”), mientras el monarca alauita retiraba de Arabia saudita sus aviones F-16 -que bombardeaban Yemen, uno de los países más pobres del mundo- para traérselos a casa, junto con los tanques USA, y desplegaba además unas potentes lanzaderas de misiles de fabricación china.
Pero estos aspavientos, esta embestida de Marruecos, toda esta campaña propagandística orquestada en torno al Alto el Fuego supervisado por las ONU, no es más que una táctica premeditada para desviar la atención del Consejo de Seguridad de las verdaderas razones que subyacen al bloqueo actual, provocado por el delirio irrendentista del ‘Gran Marruecos’. Es obvio que lo que pretende el majzén marroquí es confundir a la opinión pública y alejar el foco de atención de la situación interna del país, que atraviesa actualmente una grave crisis política, social y económica, hasta el punto de que más del 90 % de los marroquíes estarían dispuestos a emigrar e instalarse en el extranjero, incluso recurriendo a las pateras, según informan los propios media marroquíes.
Marruecos sigue ‘enfermo del Sáhara’. Y sus continuos fracasos diplomáticos, por su tozudo desafío a la legalidad internacional, le abocan a una nueva huida hacia adelante, a seguir amenazando con su guerra de agresión colonial en el Sáhara Occidental. Hoy como antaño, lo que verdaderamente preocupa al régimen alauita son los problemas internos. Por eso la batalla del Sáhara le resulta extremadamente útil.
-El autor, Luis Portillo Pasqual del Riquelme, es doctor en Ciencias Económicas
*Fuente: Periodistas
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