Condición de migrante: condición humana
por Alex Ibarra (Chile)
8 años atrás 4 min lectura
Se suele aceptar que las migraciones son parte de la condición humana, el ser humano siempre migró en su búsqueda de mejores condiciones de vida. Sin embargo, esta visión es un tanto peligrosa cuando no deja comprender que parte del fenómeno de la migración responde a las carencias económicas, a la falta de justicia, la seguridad personal, el genocidio capitalista, etc. Gran parte de la condición de migrante, puede ser entendida desde la figura del desplazado. En este sentido hay que tener en cuenta que el migrante es una víctima y en esto se asemeja a la figura del exiliado, por esta razón resulta necesario garantizar condiciones de hospitalidad a los migrantes, que no sólo es muestra de empatía, ya que tienen que ver con el compromiso solidario propio de los seres humanos, sino que son parte del aseguramiento de los derechos humanos básicos de los cuales el Estado se debe hacer responsable.
Chile es un país que arrastra una grave crisis política por varias razones, pero entre ellas destaca como una de las más dañina la traición de la clase política, coludida a favor de la continuación de la política instalada por la dictadura. Como bien ha dicho el historiador Sergio Grez no tenemos un Estado soberano, debido a que éste siempre se construyó a espaldas de los intereses y de los valores de los sectores populares. De ahí que nuestras instituciones sean proclives a la corrupción y a la discriminación clasista a favor del colonialismo.
Un país marcado por las exclusiones y las injusticias sociales es el que encuentran y padecen los desplazados de países vecinos azotados por el recrudecimiento de las políticas neoliberales y por la pérdida de la democracia. Parte de la reconstrucción democrática que sólo será posible a partir de una revolución cultural que implique un cambio de orden intelectual y moral. Es urgente tomar con seriedad los planteamientos de distintos movimientos sociales que vienen colaborando en la construcción de una nueva ciudadanía: los pueblos originarios, los movimientos por una vivienda digna, los estudiantes, sexualidades emergentes, opositores a la privatización de los recursos naturales, etc.
Este día de muertos, primero de noviembre, realizaron una convocatoria para reunirse en la plaza de armas distintas agrupaciones que denuncian el trato discriminatorio que padecen en nuestro país. Además reclaman al Estado un Proyecto de Ley de Migraciones más adecuado. La denuncia más fuerte es que el Proyecto que se viene elaborando no es una ley de migraciones, ya que sigue siendo una ley de extranjería que fomenta la criminalización de los migrantes y la violencia-racismo institucional, sin contribuir a la garantía de derechos humanos.
El encuentro ciudadano ofrendaba a algunas de las víctimas que perdieron su vida por la negligencia de nuestras instituciones sociales y políticas, destacándose los nombres de la dominicana Maribel Pujols que sufrió el ejercicio mafioso de la trata de personas; la haitiana Joane Florvil que al ser asaltada salió en persecución del delincuente lo que se interpretó como abandono de su hija, en confusos hechos salió lesionada con la detención y no fue bien atendida en la Posta Central muriendo en el lugar; y el haitiano Benito Lalane que murió de hipotermia dada la precariedad de la habitación por la que pagaba arriendo. Hay un altarcito de muertos con la impresión de los rostros de ellas y de él, un camino de flores que recuerdan que se les sigue queriendo y alimentos como pan, naranjas y un rico chocolate caliente, los migrantes compartiendo los alimentos que ofrendan a sus mártires. No tenemos la condición moral para seguir cantando “y verás cómo quieren en Chile al amigo cuando es forastero”, ya que al parecer esto sólo es aplicable en cuanto al mal de malinche.
El reclamo político de los migrantes es básico es por el reconocimiento de la condición humana. En eso el movimiento de migrantes se familiariza con las múltiples luchas político y sociales de todas aquellas personas que son víctimas de un sistema institucional-político injusto que sigue avalando, cuestiones tan terribles como el genocidio que provoca el capitalismo salvaje. Hay que entender que el capitalismo no es sólo una cuestión económica, la sobrevaloración de la concentración del capital es un problema moral inaceptable. Las víctimas requieren ser reconocidas en su condición humana asegurando la dignidad que exige un buen vivir para todos. El Estado debe asumir su función de garante de la ciudadanía, lo que requiere cuestiones básicas: pan, salud, tierra, techo, trabajo, presunción de inocencia, educación, etc.
A pesar de esta extendida y conocida crisis política estamos frente a una posibilidad histórica para establecer la constitución de una nueva ciudadanía. Seguramente muchos habitantes de Chile están de acuerdo en seguir construyendo sueños, seguros de la satisfacción que provoca la felicidad cuando es más colectiva. La urgencia de una nueva ciudadanía debe asumir responsablemente -también en su institucionalidad- un ejercicio político de la interculturalidad. Ya sabemos que aquello en lo que la clase política falla es tarea para los ciudadanos dispuestos a seguir manifestándose en las calles, lugar político privilegiado para el encuentro de minorías que enriquecen nuestras concepciones de mundo.
-El autor, Alex Ibarra Peña, es miembro del Colectivo de Pensamiento Crítico “palabra encapuchada”.
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