La música como aporte a la transformación interior y ética en el cotidiano
por Alex Ibarra (Chile)
9 años atrás 8 min lectura

Entrevista a Claudio Benavides integrante del grupo Keko Yoma (K.Y). Realizada por Alex Ibarra Peña (A.I) Colectivo de Pensamiento Crítico palabra encapuchada.
A.I: Claudio, muchas gracias por la entrevista entre medio de la gira a México y el pronto lanzamiento de un nuevo disco. ¿Qué logros te parecen los más importantes que puedes destacar en este momento de la banda tanto en lo profesional como en lo emocional?
K.Y: Gracias, en lo profesional creo que la evolución artística ha sido notable. No sólo por la disposición de los integrantes en esta nueva etapa de la banda, sino porque decidimos después de 13 años de trayectoria, por fin dejar todos nuestros proyectos paralelos y dedicarle todo el tiempo a la música. Eso marca una diferencia emocional tan importante porque estamos felices de hacer lo que amamos desde que nos despertamos. Además somos muy amigos lo que nos ha permitido estar bien entre nosotros y conseguir metas inesperadas. México, Colombia, Ecuador, Argentina, Europa (Holanda, Bélgica, Alemania) y muchos lugares han sabido de nuestra música. Los mejores escenarios nos han valorado. Emocionalmente, ha sido muy crucial en nuestras vidas viajar. Eso es lo más importante. Más importante que cualquier entrevista o valoración.
A.I: Escuchando distintas canciones del grupo se puede advertir una gran variedad de influencias con guiños al punk, al ska, etc. ¿Qué influencias consideras que han sido las más permanentes en las composiciones que realizan?
K.Y: Musicalmente los viajes son la mayor de las influencias. Porque conocemos instrumentos, ritmos, formas de canto, melodías y contenidos que se nos van pegando. Hay influencias de ciertas bandas como Gogol Bordello, Café Tacuva, Joe Vasconcellos, Los Jaivas, Mr Bungle y algo del punk rock que nos acompañó en nuestra historia…pero las influencias van mutando.
A.I: Hay una tendencia de reconocimiento a la cumbia que vienen desarrollando o incluyendo varias bandas nacionales, incluso existe algo así como la “cumbia chilenera”. ¿Tienes una opinión en torno al desarrollo de la “cumbia chilenera”? ¿Han integrado esta tendencia en sus composiciones?
K.Y: Nosotros no hacemos cumbia en específico. Tenemos 3 cumbias que ni siquiera podríamos decir que son realmente cumbias en nuestros 4 discos. No consideramos que ése en particular sea nuestro circuito. Lo nuestro es el rock, y tenemos influencias de muchos ritmos latinos, hacemos música bailable, y la cumbia es parte de eso. Aún así en Chile se ha desarrollado muy fuertemente ese circuito y aunque lo apreciamos, creo que se ha tendido a superficializar. No se trata sólo de bailar, a veces la cumbia tiende a ser casi que un monopolio de rentabilidad en Chile y si te atreves a hacer algo distinto, puedes hasta pagar las consecuencias de tu osadía. En ese aspecto, creo que somos una banda que no pretende adoptar tendencias por caer bien, o entrar en circuitos rentables, sino ser genuinos en nuestra manera de expresar el mensaje y la música que traemos.
A.I: Claramente han realizado una “fiesta intensa”, pero también les interesa hacer una “arenga espiritual”. Aparecen contenidos críticos en las canciones que han compuesto. ¿Les interesa entregar un mensaje al auditor? ¿Asumen un reclamo generacional a la situación política chilena?
K.Y: El mensaje es claro. Uno no puede componer canciones pensando en gustarle a todo el mundo. Nosotros hemos optado por transmitir nuestro propio malestar y nuestra propia alegría. El rol del artista, como dijo Chinua Achebe, poeta nigeriano, es el esfuerzo constante del ser humano para crearse una realidad diferente a la que viene dada. Nosotros llevamos eso a la práctica porque no somos dóciles ante aquello que se nos intenta imponer. Desde niños nos intentan convencer que es mejor llevar una vida convencional, estudiar, casarse, tener hijos, y bueno, vivir en la inercia. Nuestro asunto es promover no un reclamo, sino una práctica de transformación interior y ética. O sea, no echarle la culpa al empedrado, sino tomar cartas en el asunto y transformar nuestra vida cotidiana, decidir ser felices, conocernos a nosotros mismos, y tomar posición ante las injusticias. No queremos llenar de marchas la alameda, queremos conversaciones profundas, fiestas intensas, y que la gente deje de quejarse y haga de su vida precisamente lo que anhela.
A.I: Tuve la suerte, hace unos días atrás, en un encuentro con bandas emergentes en la Universidad Católica Silva Henríquez, de participar en una exposición que realizaban del trabajo que se hace en la producción general de su nuevo disco. ¿Qué tan difícil o simple puede resultar una producción de un disco considerando la infraestructura de espacios de grabación con los que se cuenta en Chile? ¿Tienen alguna opinión en torno al apoyo que brindan las políticas culturales para la producción musical de calidad?
K.Y: En cualquier parte es sabido que si la factura de tu sonido no es buena, el disco, por muy buena que sea la música, pierde mucho. El impedimento que uno encuentra ahí es que grabar en Chile, en condiciones aceptables, es caro. Hoy en día, es cierto, todos podemos hacer un estudio en casa, y grabar, pero quedan la mezcla y masterización. Hacer creativamente un disco es un trabajo muy importante y complejo, a veces se subestima el trabajo del artista, y no saben todo el tiempo, dedicación, trabajo, discusiones, frustraciones, alegrías y arquitectura tras una canción. Las políticas culturales en Chile apoyan parcialmente. Si bien muchos son los beneficiados, son muchos más los que quedan fuera de concurso por no poseer capacidades de formulación de proyectos, y al mismo tiempo, hay muchos que sin un trabajo artístico tan destacado, son muy buenos formulando las postulaciones y ganan. El problema, es que eso genera una dependencia bien paupérrima del artista en torno al Estado, lo que nos pone en la situación de que si no somos subvencionados por la institución, no hacemos arte. Eso es dramático. Porque se carece de los recursos, pero también, muchas veces, de la capacidad de autogestión y colaboración necesaria para llevar a cabo proyectos autónomos y viables más allá de los beneficios que el Estado entregue. Ahí hay harta pega que hacer. Valorar el arte también depende de los artistas, y la política es parte de la valoración del ejercicio artístico.
Este disco, “Cambia el Norte”, 4º trabajo de la banda lo grabamos con Joe Vasconcellos, fue nuestro productor y músico invitado. La experiencia fue notable, porque nos ayudó a afinar criterios musicales, de concepto, y valorar nuestro trabajo.
A.I: Han hecho una carrera musical que ha incluido intervenciones artísticas en espacios públicos populares. ¿Les interesa ser reconocidos en el espacio popular? ¿Cómo ves la relación del artista con lo político?
K.Y: Buena pregunta. Nosotros intervenimos la ciudad siempre que podemos. Una de las aristas del proyecto son los Paisajes Sonoros, que son intervenciones en cualquier ciudad o lugar que visitemos en el mundo. Se trata de grabar un video en vivo, con sonido ambiente, mostrando los espacios que visitamos. Hemos estado en los canales de Amsterdam, en Coyhaique, en la plaza de la revolución en México, en Alemania, en el puente de Oberbaum, también en Chile sobre un teleférico, en el paseo Estado y hace poquito uno que hicimos en Xochimilco en DF. Nuestra idea es mostrar los viajes, los colores de cada ciudad. Más que otra cosa es consolidar la idea que nos mueve; somos una banda viajera que no detiene su itinerancia y siempre cuenta con un nuevo destino. Sobre la relación del artista con lo político, me parece un punto clave. Porque no son cosas, al menos para mí, separadas. El artista tiene un poder simbólico muy grande y si el artista ignora el impacto que puede tener con su obra, ignora también a la obra misma. El mensaje, sea implícito o explícito debe ser parte sustancial del ejercicio del arte. Por lo que cada artista tiene una responsabilidad ética por sobre lo que produce. En ese caso la audiencia, independientemente que espere algo en específico, también tiene una responsabilidad gigante. El arte no es accesorio, el arte nos cuenta la historia de nosotros mismos. No podemos prescindir del arte en cualquier transformación social, es imprescindible, porque el arte es la vida en sí misma.
A.I: Pude observar que los integrantes de la banda tienen bastante oficio en la ejecución musical, seguramente han recibido formación rigurosa y también dedican bastante horas al ensayo. ¿Qué consejo les darían a los músicos jóvenes que se comienzan a formar?
K.Y: Que bonito lo que dices, muchas gracias, aún así, nuestra formación en la totalidad de la banda es sólo práctica y experiencia. Ninguno es músico de profesión. Hay sociólogos, psicólogos, arquitectos, sonidistas, músicos…jaja. Si tuviéramos que dar un consejo creo que sería que la música es parte de la vida, y que no existe impedimento más allá de la propia mente para cambiar los rumbos, y la propia vida. Si quieren dedicarse a la música, y ése es el camino, deben dedicar sus esfuerzos a realizar en la práctica aquello que pretenden. Lo mismo con cada acción cotidiana. Primero uno debe saber hacia dónde quiere dirigirse, luego emprender el rumbo. No hay excusas cuando lo que uno hace lo guía el corazón, y existe la actitud.

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