Chile limita al norte con el Perú
por Jaime Olivares (Iquique, Chile)
9 años atrás 4 min lectura
La elite de la elite, de los iquiqueños, no se reconoce como iquiqueña, se reconoce como Tarapaqueña. En el centro cultural doña Vicenta, todas las semanas, recuerdan en presente los quinientos años de tradición de nuestra región.
Aquí – dicen – nació el movimiento sindical chileno con Elías Laferte, Juan Emilio Recabarren y otros grandes del sindicalismo chileno, en esta tierra – agregan – el Heroico Arturo Prat, rindió su vida en defensa de la patria, más arriba en pleno desierto, se pelearon una docena de batallas de la guerra del 79, y en el año 91 se enfrentaron las tropas Balmacedistas con las golpistas del congreso en Pozo Almonte y otros lugares de la región.
Al volver la vista atrás, se recuerda que por estos lados anduvo el inca Sayre Tupac, cuando estas tierras formaban parte del Collasuyo, afirman que en la plaza de Iquique ajusticiaron a muchos líderes indígenas, con motivo de la rebelión de Tupac Amaru. Otros con lujo de detalle, recuerdan que en el pueblo de Tarapacá, descansó Pedro de Valdivia, mientras caminaba a la muerte, que lo esperaba en la batalla de Tucapel que lideró el gran Lautaro.
En esta región – aquí al lado en Alto Hospicio – estaba Huantajaya , una mina de plata tan rica que en 1792 se envió una “papa” de plata pura a España que pesaba 362 Kg. Aquí Thomas North y su socio Harvey, apostaron contra el mercado, comprando miles de certificados salitreros, que posteriormente el estado chileno reconoció, todo lo cual les permitió adueñarse de la flor y nata de las “oficinas” salitreras
Estamos en la tierra de Arturo Godoy, del Tany Loayza de Eduardo Maravilla Prieto, de la fiesta de la Tirana, de los limones y alfajores de Pica, de la boya de la Esmeralda, de la playa Cavancha y en la tierra donde se funden bolivianos, peruanos y tarapaqueños, que para todos los efectos tienen las mismas costumbres, las mismas, canciones, las mismas tradiciones, las mismas comidas, la misma sangre y en opinión todos; somos la “ misma cosa”.
Constituimos una región inmensa, que tiene más superficie que Holanda y duplica la superficie de Israel, y apenas tenemos unos cuatrocientos mil habitante. Somos la región de Tarapacá, que después de 138 años, sigue teniendo el status de “hija adoptiva y en consecuencia se la quiere “ en la medida de lo posible”. Se confía en ella – también – en la medida de lo posible y aunque pasen mil años seguirá siendo “hija adoptiva” hundiendo sus raíces en la más rancia tradición tarapaqueña.
Para los políticos santiaguinos: somos una región extrema, fronteriza con Bolivia, escasamente poblada y en litigio permanente con nuestros vecinos. Peor imposible. – eso dicen –
No importa, aun así hemos progresado y lentamente en casi cincuenta años, logramos consolidar un gran corredor de comercio, que a puro ñeque logramos posicionar como la plataforma de negocios más importantes de la macro región norte. Nuestros principales clientes ¡obvio! son Bolivia y Perú con quienes “ tenemos nuestra propia; “ unión Europea”, con un tráfico intensísimo por los caminos de la macro región.
La zona franca, borró todas las fronteras y en los hechos, ha sido el principal instrumento de integración de los tres países. No ha sido fácil. En los últimos años, con terca persistencia, de uno u otro lado se encrespan, levantan la voz y se amenazan en todos los tonos, mientras en zona franca seguimos haciendo negocios y teniendo las mejores relaciones con nuestros clientes Bolivianos y peruanos.
Sin embargo tanta conflictividad, al final da sus frutos. Para muestra un botón; en el período 2012 – 2016 – período de conflictividad extrema con Bolivia – las ventas globales de zona franca, han bajado un % 25 y la tasa de desempleo de Iquique escaló a un % 8.9
Hay que sincerarse: en esta pelea callejera, Chile no tiene nada que perder, porque no hay intereses afectados de la elite capitalina, baste decir que el año pasado las ventas de productos chilenos a Bolivia apenas llegaron a los 400 millones de dólares, cifra que representa el 0.6% del total de las exportaciones chilenas, en tanto que las ventas de zona franca a Bolivia sumaron casi los dos mil millones de dólares, representando el 60% del total de las ventas de zona franca.
Otro gallo cantaría, si los intereses económicos del empresariado chileno, estuvieran profundamente afectados. Sin ninguna duda, los soldaditos bolivianos habrían sido devueltos al día siguiente, los periodistas bolivianos habrían desarrollados su trabajo sin trabas de ninguna naturaleza y las visas consulares para diplomáticos no existirían.
En resumen, los soldaditos bolivianos están presos, porque el intercambio económico entre Chile y Bolivia no es relevante para el empresariado. Todo lo demás es fraseología, música barata y populismo.
Tal como están las cosas, la guinda del pastel, sería escuchar del Canciller: “que hay que dejar que las instituciones funcionen”.
Capaz que lo diga.
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